Día de la República en Jerez, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA
Día de la República en Jerez, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA

Nunca pensé que me quedaría en mi casa un día como este. 14 de abril, día de la República. Nunca ha sido un festivo oficial, pero algunos hemos cumplido con él a rajatabla, sin faltar a la cita año a año. Desde la filosofía moderna se le podría tratar como una institución, entendiendo esta como una convención social, un hecho con estatus reconocido. Han pasado 87 años desde que la tricolor ondeara triunfante en las calles. Ha llovido mucho desde entonces, incluso han llovido bombas muy a nuestro pesar. Finalmente, la democracia volvió a florecer sin necesidad de una revolución. La pregunta es obligada, ¿dónde dejan los sucesos de las últimas décadas al 14 de abril?

El tiempo desvirtúa las cosas. En algunos casos las idealiza o las endiosa, creando niños mágicos. En muchos otros el olvido hace estragos. En cualquiera de los dos escenarios el resultado más probable es que se empiecen a mezclar cosas. Si hablamos del caso concreto del 14 de abril, hay dos reivindicaciones compatibles que han acabado de la mano, sin tener que ir necesariamente juntas.

Por un lado, tenemos el memorialismo, con el objetivo de mantener siempre en el recuerdo lo que fue la república, pero sobre todo mantener encendidas las velas de todas las víctimas que murieron defendiéndola. La búsqueda incansable de justicia. Por el otro lado, la reivindicación por la III República. El único objetivo de esta que no es difuso es un cambio en la jefatura del Estado.

A medida que se ha ido consolidando la democracia, lo segundo se ha empezado a ver peor. Buena parte de esto se debe al sector que defiende el cambio como revolucionario en vez de gradualmente en reformas, argumentando su inutilidad. Cada día este planteamiento es más impopular. Tal es así, que al final la presión pudo con los diputados que se referían al rey como “el ciudadano Borbón”, y en el momento de la toma de posesión le juraron lealtad como rey. En cierta medida, por ir juntas, la revolución por la III ha arrastrado al memorialismo a un pozo.

No todos los memorialistas pasean por la calle con la gorra del Che. Hay además bastante gente que piensa que primero se debe resolver bien que pasó con la II República. Puede que haya llegado el momento de que cada reivindicación vaya por su lado, y que el 14 de abril se centre en mantener el recuerdo vivo. Un homenaje a todas las victimas del franquismo, donde nunca dejen de recitarse los versos de Lorca, Hernández o Machado.

La III república llegará tarde o temprano. Aunque sea solo simbólica, la monarquía es arcaica y está ya muy desgastada. Pero será algo que ocurra poco a poco, reforma a reforma. Será un proceso natural, no se puede garantizar que vuelva a coincidir en 14 de abril, ni que haya una franja morada en la bandera. Sería únicamente tener al rey fuera de juego y contar con un presidente de la república, que podría ser también, o no, el jefe del ejecutivo.

De todas formas, la reivindicación por la III se ha idealizado mucho. Se espera un súper gobierno de izquierdas, nada más lejos de la realidad. El idealismo hace que la gente olvide, la II república no fue solo el gobierno del Frente Popular. El asunto en este sentido se ha ido de las manos. Hay incluso facciones minoritarias (que para colmo actúan como si fueran mayoritarias) que el 14 de abril dicen pedir la república, pero luego en el panfleto que te reparten su propuesta es una dictadura de izquierdas.

Solo tenemos que echar un vistazo a nuestro alrededor para ver que los gobiernos republicanos no son tampoco la octava maravilla del socialismo. Si nos ocurriera lo mismo que en EEUU, donde Donald Trump, un empresario y presentador de televisión ha acabado siendo presidente; quién sabe si tendríamos que irle bordando una alfombra roja a algún presentador de Telecinco. Nace así la primera edición de en tu República o en la mía.

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