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Comer sin hambre es lo peor que le puede suceder a una persona. Y a mí me sucede a diario.

Comer sin hambre es lo peor que le puede suceder a una persona. Y a mí me sucede a diario / Las ciudades, cuando se andan de noche, se encogen o se estiran según el tamaño de nuestros sueños, haciéndose eternas para aquellas que eligen dejar de soñar / El lanzador de cuchillos siempre tiene todas las de perder / Si sabes que vas a beber café..., nunca te parecerá demasiado amargo / Esta tarde vi cómo intentaban pescar a través de los barrotes de una alcantarilla. Al tiempo..., una gaviota se lanzaba de cabeza a las aguas del Canal para no volver a salir / Siempre se espera más de lo que se da / ¿Tanta necesidad hay de estar en dos sitios al mismo tiempo? Es lo que pienso cuando tropiezo con uno de esos canales de televisión donde el presentador, con unos cascos a la cabeza, presenta un programa que al mismo tiempo se está emitiendo en la radio / Hace tres horas hice una fotografía. En ella salía -en primerísimo plano- la estatua de un viejo emperador romano ante la fachada iluminada de una iglesia. Sólo cuando la pasé a blanco y negro me di cuenta de que delante del pedestal, a escasos metros de mí, había un hombre rebuscando en el fondo de un cubo de basura / Bebo agua sólo para curarme / Tengo un serio problema. Siempre llevo en la maleta más pantalones que camisas. Creo que ha llegado el momento de ir abandonando responsabilidades / Duermo en una habitación con dos espejos, uno frente al otro. Así nadie puede dormir. Entre lo que se es y lo que se quiere ser / Los italianos tienen el Viernes 17 como nosotros tenemos el martes 13. Lo dicho: la cuestión es siempre tener algo a mano para poder culpar y enmascarar nuestra total incapacidad / Mancharon la sábana de verdad y corrieron a lavarla antes de que preguntaran por ella / Hay días que lo oscuro resulta lo claro / Hoy me hice el amor. Me dije que todo merecía la pena. Todo / Le he comprado a mi hijo un maniquí de esos de esos madera que usan los pintores. Y no sé cómo lo consigue pero el muñeco siempre parece pasar de todo / No podía dormir y bajé a la recepción del hotel. Serían las dos de la mañana cuando aparecieron para llenar la madrugada de czardas. Era una familia de gitanos artistas venidos del Este. Todos lo eran. Lo sé porque hablaban un húngaro lleno de palabrotas y de palabras de amor. Como hablan los que saben que no somos lo que tenemos / La sensación de regresar es maravillosa. Más aún es la de llegar. Por fin, llegar.

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