La muerte se encuentra detrás de muchos casos y testimonios que guardo en mi cajón desastre. Desvelar los enigmas que existen tras ella, resulta complicado, y tan solo podemos quedarnos con el asombro y el desconcierto que nos producen. A pesar de los años que llevo escuchando historias de este tipo, os puedo asegurar que no dejo de sorprenderme, porque la variedad de casos es infinita, y, cuando un caso repite el mismo patrón que otro conocido, pues la sorpresa es mayor incluso. Las señales parecen estar presentes, y situaciones que no ocurren nunca, suceden en momentos precisos.
Os voy a contar algo que me sucedió hace unos años, y me remonto al año 2017. Fue un año muy bonito, pero muy triste al mismo tiempo para mí, y me explico. Resulta, que me casé el dos de septiembre de ese mismo año, y a finales de ese mes, nos fuimos de viaje de novios. Cuando regresamos, mi padre falleció al cabo de los días. Fue una mezcla de emociones bastante intensas, como comprenderán. Recuerdos dulces y amargos en un intervalo de tiempo muy corto. Pasadas las primeras semanas, y asimilándolo todo de la mejor manera posible, reanudé mi labor radiofónica con el podcast El Lado Oculto. Estaba en el estudio junto con mis compañeros J. Luis Montes, Fran Carretero y Pepe Rodríguez de Molina, y, paralelamente, en mi casa, mi pareja, Ana, estaba con una prima suya que había venido para ver el video de la boda, que nos llegó en esos días. Pues resulta, que justo en el momento que finalizó dicho reportaje, y no en otro, un lienzo que luce en el salón de mi casa, cayó al suelo de buenas a primera y sin venir a cuento. En dicho lienzo, aparecemos mi mujer y yo.
Me cuenta mi pareja, que todos en el salón se quedaron boquiabiertos, porque fue justo al finalizar el reportaje, cuando aquel lienzo cayó al suelo. Y aquí puedo hablar con conocimiento de causa respecto a la seguridad del agarre de ese lienzo, porque no es pesado, sino algo ligero, y, de hecho, está colgado con dos alcayatas, una fija redonda en el lienzo, y otra con forma de L atornillada a la pared. A excepción de que se le dé un golpe desde la parte de abajo, es imposible que caiga por sí solo. Tampoco ninguna corriente de aire, imposible. Nunca se ha caído ese cuadro, nunca, menos ese día y en ese preciso momento. ¿Se pudo tratar de una señal de mi padre desde ese otro lado? Quien sabe.
Es una experiencia que quería compartir con los lectores, porque, estoy seguro de que algunos de vosotros, en algún momento de vuestras vidas, os habéis topado con algo difícil de explicar, algo que no tiene lógica y carece de una explicación racional. Son esos momentos y situaciones en las que te preguntas si la realidad que contemplamos, la tangible, es lo único que existe. Puede que nunca podamos desentrañar el misterio de muchas de estas situaciones, al menos, en vida.
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