Corría el verano de 2020, y a una de nuestras rutas nocturnas acudió una chica acompañada de su madre y su hermano. Su nombre, Marina Gallego, y desde hacía unos años venía arrastrando una enfermedad. Ella era bonita tanto por dentro como por fuera, pero, sobre todo, era una amante del mundo del misterio. Desde aquella visita, mantuvimos el contacto por las redes sociales, e incluso me invitó tiempo después a su casa y me entrevistó para un programa de YouTube que recién había creado. Su eterna sonrisa le daba las fuerzas suficientes para afrontar lo injusta que estaba siendo la vida con ella.
Una noche de junio de 2022, Marina me habló y me preguntó si iba a lanzar nuevos programas. A ella y a su familia le encantaba, y aquella noche me envió incluso una fotografía que hizo con su teléfono al televisor, donde yo aparecía contando casos en un espacio que yo presentaba por aquel entonces. Fue la última vez que hablé con ella. Justo a la semana siguiente, falleció a los veinte años de edad. Un auténtico mazazo, un duro golpe para su familia, y también para todos aquellos que la conocíamos. Consideré, pasado el tiempo, que aquella última conversación que tuvimos a través de mensajes, fue una especie de despedida entre ambos.
Una guerrera como ella, tan llena de vida y de juventud, no podía marcharse sin más. Tenía tanta energía en su interior, que reservó la suficiente para dejar señales y mensajes a su familia. Conozcamos de cerca una experiencia vivida por algunos de los familiares de Marina. Su propia madre, Rocío, me decía que aun en vida, a Marina le encantaba ir a un terreno que tenían en la localidad de Rota (Cádiz), puesto que aquel lugar le hacía olvidarse de todo y, al mismo tiempo, le servía como terapia para aliviar sus males y dolencias. Tres días después de la muerte de su hija, Rocío y su pareja, acompañados de dos amigos, fueron a pasar el día y despejarse un poco al citado campo de Rota. Allí estaban, y concretamente a las 22:36 de la noche, sucedió algo. Así me lo relataba su madre.
"Me encontraba en la cocina, y a esa hora en concreto, miro para el sillón donde ella se sentaba, y la vi. Allí se encontraba ella, sentada, con su pelo largo, muy guapa, riéndose. Me quedé de piedra. Yo comencé a llamar tanto a mi pareja como a los amigos que nos acompañaban. Pero resulta que, en ese mismo momento en el que vi a Marina, en el patio estaba sucediendo algo extraño. Soraya, una de las personas que allí estaba con nosotros, se encontraba limpiando la habitación en la que iba a pasar la noche, y mi pareja, con su amigo, limpiando la parcela. Y en ese preciso momento, comenzó a sonar el teléfono de mi pareja, José. Él, sin mirar quién lo llamaba, descolgó, pero no respondía nadie. Todo eso, en el mismo momento que los estaba yo llamando por lo que había visto en el interior de la casa. Cuando miró para ver quien lo había llamado, resulta que en la pantalla ponía Soraya, y mi marido le preguntó a Soraya, que estaba, como he comentado, preparando la habitación, si le estaba llamando. Pero ella le contestó que no, que era imposible, puesto que el teléfono no lo tenía encima. De hecho, el teléfono se encontraba al lado de donde lo tenía mi pareja, y al mirarlo, estaba marcando. Justo en ese momento, a las 22:36. Fue un juego de llamadas, increíble, pero cierto. Nos quedamos todos asombrados. Todo pasó a la vez, en el mismo momento. Entendimos que fue una llamada de atención".
Siempre me gusta quedarme con las sensaciones de los testigos, por encima de todo, incluso de lo que yo pueda pensar. Nadie mejor que ellos para determinar si un hecho lo pueden considerar como inaudito, mágico, misterioso. Y para Rocío y los presentes en aquel momento, lo fue.
Como ven, también desde el más allá parecen adaptarse a las nuevas tecnologías, aunque no siempre los mensajes son tan directos, tan claros, tan concisos en su contenido. Dentro de las teorías espiritistas, se nos dice que las entidades, para poder manifestarse en nuestro plano, precisan de una energía limitada, disponiendo de un espacio y un tiempo también limitado. Supongo que, al igual que nos ocurre a nosotros, a ellos también se les puede complicar el hecho de establecer un contacto directo. ¿De qué depende que los veamos, los sintamos o los escuchemos? Es una verdadera incógnita, pero de lo que sí estoy seguro, es de que el amor puede traspasar fronteras, incluso aquellas que separan la vida de la muerte.
La próxima semana continuaremos contando las diferentes experiencias que vivió esta familia tras la muerte de Marina.



