Volver a creer

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

El malagueño Pablo Ráez en una imagen de archivo.
El malagueño Pablo Ráez en una imagen de archivo.

Porque escuchando a Pablo todos, creyentes y ateos, creímos que existe un Cielo y, si no lo hay, hay que inventarlo para que él pueda disfrutarlo.

Hay quien asegura que el Cielo existe. Hay quien, con verborreica vehemencia, proclama que los ángeles habitan en la Eternidad, y que desde su privilegiada atalaya vigilan nuestro quehacer, velando por nuestra seguridad… velando por nuestras almas.

Hay quien no cree que haya nada más allá de la muerte. Aseveran, que no son más que cuentos que nos metieron en la cabeza desde el comienzo de los tiempos para amarrarnos en corto… para establecer unas normas de convivencia y comportamiento que limitara el libertinaje ante la posibilidad de que el hombre piense en aprovechar al máximo el tiempo que esté de paso en la Tierra.

Hay quien venera a cristos, santos y vírgenes, encomendándose a ellos sin rubor, pensando que solo su divina protección e intercesión ante su Dios, puede asegurarles un pedacito de chalé en el Paraíso, ese mismo del que curiosamente nos expulsaron por no comportarnos como buenos inquilinos en su momento. Hay quien aborrece las representaciones religiosas, y hablan del culto a un pedazo de madera coloreada, criticando los lujos de las cofradías que, en Semana Santa, compiten por ver quien tiene más, quién luce mejor, relegando la fe cristiana a una especie de pasarela de Milán.

Hay quien cree en un destino marcado, inexorable, de cuyo abrazo no podemos escapar pues son poderes mayores los que nos anclan a su cumplimiento. También los hay que no dudan en concluir que el concepto “destino” surgió del propio hombre y no tiene otra finalidad que servir de triste excusa cuando las metas y los sueños de cada cual se escapan por el aire como globos de helio empujados por el viento. Hay quien no tiene esperanza en el ser humano, y no duda en asegurar que la extinción del hombre está próxima…

Pero hay personas que miraban el televisor y veían a un tipo joven, de aspecto vital pero con la muerte rondando en cada centímetro de su cuerpo. Veían su cabeza con los cabellos rapados, y su inconfundible piercing en la oreja izquierda, y creían que aún había esperanza para el hombre.

Creían que el destino lo decide uno mismo, que la veneración empieza por el propio individuo y no es incompatible con cualquier creencia. Creían que, no solo es posible que exista algo después de la muerte, sino que debe haberlo para que tipos como Pablo Ráez no dejen de dar ejemplo y testimonio.

Porque escuchando a Pablo todos, creyentes y ateos, creímos que existe un Cielo y, si no lo hay, hay que inventarlo para que él pueda disfrutarlo. Porque escuchando a Pablo todos creímos en los ángeles. No de esos que flotan entre la mística y la apatía de nube en nube, no… de los que están en la Tierra, y luchan a brazo partido contra la muerte. De los que te dan un motivo nuevo cada día para tirar adelante y crecerte ante las adversidades.

Gracias, Pablo. Gracias por hacernos CREER de nuevo a todos.

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