El papa no teme a Donald Trump

Un tipo con una túnica bordada, sin armas, sin ejércitos ya, de un estado como de Liliput, y también americano le planta cara sin que le tiemble la voz al presidente más poderoso de la Tierra

León XIV, en el Via Crucis de la pasada Semana Santa.
16 de abril de 2026 a las 09:56h

No me dirán que no es grande la cosa. Como Cristo cuando se enfrentó a Pilato, por ejemplo, que decidió no hablarle hasta que el gobernador le zampó que él tenía poder para salvarlo o para crucificarlo.

Siempre me ha sorprendido esa escena. Porque Cristo, en ese momento, parece haber decidido ya no abrir la boca hasta que el gobernador le tira de la lengua con esa frase tan soberbia. ¿No sabes que yo tengo autoridad para salvarte o para…? Y entonces le dice Cristo al mandamás aquel que no tendría poder alguno si no se lo hubieran dado de lo Alto. Qué grande el instante aquel. Un tipo que es Dios hecho una piltrafa delante de una especie de reyezuelo inconsciente en aquel momento de que era literalmente un pelele de la Historia que, si pasa a la Historia, es precisamente por Cristo.

Ahora vemos al papa, León XIV, frente el reyezuelo este llamado Trump. Y parece que la historia se repite. Es el papa el que parecía haber decidido no abrir la boca, hasta que Trump le ha tirado de la lengua con todo ese teatrillo de hacerse el Cristo con la IA. Y el papa le ha cantado enseguida las cuatro verdades que no ha sido capaz de cantarle nadie. Le ha zampado, entre otras lindezas, que no le tiene miedo alguno, que él no es un político y que se limita a expresar la verdad del Evangelio, naturalmente contrario a las guerras. Y el otro ha montado en cólera pero no puede hacer absolutamente nada porque su reino, en todo caso, es solamente de este mundo. Qué pobreza. Y qué risa me da. Y qué pena de las víctimas a pesar de tanto esperpento entre este mundo y el otro.

El papa ha aguantado callado todo lo que su condición divina le ha permitido, porque el tiempo de Dios no es su tiempo, ni el de nadie, pero ha sido tal la manipulación del mensaje evangélico por parte de la administración Trump, que al papa le ha salido su vena más profundamente humana para decirle de lejos al presidente estadounidense que no es más que eso, un presidente pasajero, otro pelele de la Historia mundial por los siglos de los siglos y que, por tanto, lo que está haciendo está fatal porque es él quien está provocando el infierno, porque es ridículo eso de rezar en su despacho oval con una mancha de hipócritas mientras su ejército acribilla a miles de inocentes y que debe parar antes de que lo paren sabe Dios quiénes. Tiempo al tiempo.

Pero insisto: no me dirán que no es grande la cosa. Un tipo con una túnica más o menos bordada, sin armas, sin ejércitos ya, de un estado como de Liliput, y también americano porque no se olvida de cuando se llamaba Robert Prevost, le planta cara sin que le tiemble la voz al presidente más poderoso de la Tierra. Y el que tiembla, porque conoce la trascendencia del mensaje, es el presuntamente poderoso, que ya ve cómo se le tambalean los pilares de su absurdo discurso. Cielo y tierra pasarán…, recogió el evangelista Mateo, un recaudador de impuestos que se convirtió. Pues eso.