Acostumbrados a que nos roben por internet

Si una compañía de lo que sea sabe captar el dinero de una cuenta bancaria, porque tiene el número, también debe saber devolverlo inmediatamente. Todo lo demás es marear la perdiz para quedarse con el dinero que no es suyo

30 de abril de 2026 a las 08:43h
Un hombre en su casa con el ordenador conectado a internet.
Un hombre en su casa con el ordenador conectado a internet. MANU GARCÍA

Imagina que en un mercadillo de los que pululan todavía por las viejas ciudades le pagas una cantidad de dinero a un dependiente de los puestos por determinado producto que dice tener allí dentro. Imagina que el tipo va al interior de la furgoneta, tarda un rato, tú silbas, esperas, pero el tipo no vuelve, sino que lo hace otro compañero y te confirma que del producto que habías pedido no quedan existencias, que lo siente pero que ya no hay. Imagina que le pides que te devuelva el dinero y que el tipo te contesta que lo solicites. Sigue imaginando: le dices que acabas de solicitarlo, diciéndoselo directamente, a la cara, y es probable que el tipo te diga que lo hagas por escrito, oficialmente, con unos requisitos y en un plazo determinado. Imagínatelo: tiene usted una semana para solicitar que le devuelvan su dinero y además tiene que hacerlo por los cauces que le indican en este folleto que le voy a dar ahora mismo. Si no lo hace en tiempo y forma, perderá usted su dinero porque así lo establece la ley.

Seguramente, si sigues imaginando, imaginarás que mandas al tipejo a tomar viento, como mínimo, que levantas la voz y que exiges que te devuelvan el dinero que acabas de pagar inmediatamente, aunque reconozcas que ya no sabes a quién le estás reclamando el dinero, si al primer tipo que te atendió o al segundo o al jefe supremo de ambos pero el caso es que tú quieres tu dinero y lo quieres ya porque estás con las manos vacías y en aquella panda de sinvergüenzas se echan la pelota unos a otros.

Pues bien, eso es lo que hacen actualmente determinadas compañías con el subterfugio de que aquí nadie da la cara ya y todo ha de hacerse por internet. Si compras, compras por internet; si solicitas, solicitas por internet; si reclamas, reclamas por internet; y si acaso alguna vez llamas por teléfono, te salta un robot que nunca te entiende porque ni siquiera habla tu dialecto.

Si a una compañía de lo que sea le compras algo, lo que sea -un billete de tren, una estancia hotelera o la entrada de un concierto- y luego no te lo ofrece, porque no quiera o porque no pueda, su deber es reembolsarte el dinero y punto. A usted le trinqué yo de su cuenta bancaria cien euros por esto, no he podido ofrecérselo finalmente y  aquí están, pues, sus cien euros de vuelta. No hay más.

No es lógico, ni de recibo que si uno no recibe un servicio, el reembolso dependa de que uno acepte ese reembolso o no. Que uno tenga que abrir un correo electrónico en el marasmo de los correos deseados o no y darle a no sé qué tecla para que te devuelvan tu dinero, y que lo tenga que hacer en un tiempo limitado, porque, si no, te quedas sin el dinero, sin tu dinero, no solo es un cuento chino, sino que a eso, directamente, se le llama robar. Punto. Y quienes roban son ladrones. Y quienes son cómplices de los ladrones se llaman ladrones también.

Si a uno, que tiene correo electrónico y suele mirarlo y tiene teléfono móvil y cree estar en el mundo, lo engañan estas compañías sin rostro que siempre se equivocan para ellas, no quiero imaginarme el negocio que hacen con la generación anterior a la mía. Por mucha tecnología que se utilice, su inteligencia artificial es perversa porque se ampara en la inteligencia natural de la picaresca y del trilero y huye de la lógica honesta: si la compañía sabe captar el dinero de una cuenta bancaria, porque tiene el número, también debe saber devolverlo inmediatamente, porque tiene el número. Todo lo demás es marear la perdiz para no devolver el dinero, es decir, para quedarse con el dinero que no es suyo. Y que la legislación permita este abuso supone una complicidad intolerable. El problema es que nos estemos acostumbrando a que nos roben si nos roban por internet.

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