Viejas glorias del feminismo contra Irene Montero

Raúl Solís

Raúl Solís

Periodista, europeísta, andalucista, de Mérida, con clase y el hijo de La Lola. Independiente, que no imparcial.

Carmen Calvo, en una imagen de archivo.
Carmen Calvo, en una imagen de archivo.

La guerra abierta en el movimiento feminista a cuenta de las mujeres transexuales no es más que el miedo de los sectores afines al PSOE a dejar de ser las únicas, es patrimonalización de un movimiento que pensaron que era suyo y que ahora intentan romper con doctrinas de odio contra las mujeres trans y apelando a las esencias. Son muchos años viviendo del feminismo y algunas no quieren dejarle el negociado a estas niñas jóvenes de Podemos que, según las viejas glorias, no tienen ni idea de feminismo porque no son auténticas, puras y feministas de verdad.

Que estas feministas transfóbicas hayan mostrado la patita es la prueba de que el feminismo es hegemónico y de que va ganando la batalla. A ellas les interesa el feminismo no por lo que tiene de transformador para las mujeres, sino por lo que les aporta a ellas: dinero, estatus, popularidad, méritos académicos, carreras universitarias, reconocimiento... En la izquierda también hay revolucionarios de souvenir que cuando las causas se hacen grandes se sienten incómodos porque para ellos la causa es una cuestión de identidad individual, de objeto de consumo, de hecho diferenciador, de clasismo.

Se llaman feministas radicales y lo que están intentando es privatizar una ideología emancipatoria para poder seguir siendo únicas con el falso argumento de que la Ley Trans quiere hormonar a los menores o de que aboga por la legalización de la prostitución y los vientres de alquiler. Algunas de estas viejas glorias del feminismo de moqueta, como Amelia Valcárcel, dicen que este 8M no se manifestarán porque este no es su feminismo. Como es de todas, ya no es el de ellas. Clasismo travestido de verborrea académica y de un relato reaccionario que compra la ultraderecha sin regatear.

El odio a Irene Montero por las viejas glorias del feminismo, cuya madre espiritual es Carmen Calvo, no es otra cosa que la traslación de todo esto. El feminismo para ricas no soporta que las nuevas generaciones quieran hablar más de cuidados, de redistribución de la riqueza y violencia que de representación y visibilidad de las que rompen el techo de cristal.

Sobre todo, no soportan que, en la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, Unidas Podemos aparezca como el partido que más defiende a las mujeres en todos los tramos de edad por debajo de 65 años. De ahí que anden estos días intentando llamar tonta a la ministra de Igualdad sin decirlo, sino filtrando leyes y relatos trucados a los medios de comunicación, donde hablan de Irene Montero y su equipo como si fueran cuatro locas feministas que no saben de nada.

Ya lo hicieron con Mónica Oltra en la Comunidad Valenciana, a la que llegaron a acusar de proxeneta, y lo harán contra toda mujer u hombre que les diga que el sujeto del feminismo, como el de todas las ideologías emancipatorias y progresistas herederas de la Ilustración, es la sociedad.

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