Estuve en Madrid, mi “ciudad natal” para pasar las vacaciones de Navidad con la familia. Durante mi estancia aproveché la oportunidad de visitar algunas exposiciones que previamente seleccioné.
La abundancia de posibilidades de visitas de interés cultural hacían difícil la elección. Una de las exposiciones que más me gustó y que a su vez me ha dejado huella, ha sido El Cuerpo Errante. Exilio español 1939-1975. En la Casa de América.
La muestra es el resultado del trabajo de investigación de Mapas de Memoria de la UNED, en colaboración con La Secretaría de Estado de Memoria Democrática y ha sido comisariada por Jorge Moreno Andrés y Julián López García.
La exposición te hace viajar por las memorias del exilio español a través de objetos, cartas e imágenes. También se pueden escuchar voces de seis mujeres relatando su testimonio de memoria colectiva.
Presenta elementos y algunos materiales que en gran parte no se habían desvelado hasta el momento.
A través de ellos surge el relato de como tuvieron que vivir los que partieron, a quienes y como amaron, manteniendo ese sentimiento en su memoria y en su latir, conservando sus ideas y las pertenencias que conservaron lejos de España.
La exposición se divide en seis espacios.
En el primer recorrido pude ver documentos camuflados para poder traspasar fronteras, después continuando a través de un pasillo se ven suspendidas más de 1500 cartas que reconstruyen la correspondencia entre madres e hijos, añadiendo a este, imágenes turísticas con audiovisuales sobre el exilio.
Algunos objetos colocados en un pequeño espacio similar a un desván, nos ayudan a darnos una idea de como convivir en el mundo mediante una mezcla de estos traídos de la tierra de acogida, con otros conservados de España.
Así termina el recorrido de la exposición, pero antes de llegar al final, nos encontramos con una serie de pequeños armarios o cajas que se abren frontalmente y están iluminadas en su interior, para facilitar su visión, el visitante abre y vuelve a cerrar cuando lo ha leído; en ellos hay fotografías cosidas y cartas que han estado ocultas durante décadas.
En ellas vemos fotos cedidas de colecciones privadas de algunas familias, como la familia Molina y la familia Sánchez, y una carta escrita en una sábana desde la cárcel cedida para esta, de la colección privada de Antonia Mercadal Serra.
Lo que más me impactó de esta exposición es la carta de Marcelino.
Al abrir la caja que contenía el texto, valoré el perdón, imaginé como cambiaría el mundo, como se acercarían situaciones partidistas distantes, y como se romperían las distancias familiares. Marcelino frenaba a sus familiares ante cualquier atrocidad, con su petición de que no odiaran ni guardaran rencor si le asesinaban.
El texto está cedido para la exposición, y ha sido transcrito por su nieta Silvia Lezcano. La otra caja que abrí después, contenía una copia de la carta escrita de una mujer a la que habían fusilado a su hijo republicano durante la guerra civil, en ella pedía todo lo contrario que Marcelino, ella pedía venganza.
Otras cajas contenían básicamente fotos de bolsillo pequeñas y cartas impactantes, escritas de forma rudimentaria despidiéndose de los suyos.
Al leer las últimas noticias del “ataque” de Donald Trump a Venezuela, me doy cuenta como los seres humanos no hemos avanzado hacia adelante. El galardón de la Paz que la Fifa le concedió a Donald Trump para compensar su decepción por el Nobel, fue la manera más vergonzosa de hacer la pelota a este impostor de la Paz, ante la celebración del mundial de futbol 2026.
Desde Caín y Abel empezó la guerra (para los que no lo consideramos fábula) para los creyentes que creemos en Las Escrituras.
Guerra por territorio, guerra por racismo, guerra por venganza, por la ambición. Entre, hermanos o no, nos da igual.
La guerra trae desastres y exterminios en los cuales siempre sufren los más débiles. Hasta en el nombre de Dios, hemos hecho y hacemos la guerra. Hemos utilizado el nombre de Dios en vano.
Todos en alguna medida somos egoístas y malos.
Las guerras traen añadidamente enfermedades del espíritu que se somatizan en el cuerpo, como el estrés, problemas cardíacos, insomnio y problemas que dañan nuestras relaciones con los demás, tanto profesionales como personales.
La conciencia se camufla con el consumismo de todo tipo y nos justificamos fácilmente. El modo de hacer la guerra es igual de brutal pese al avance tecnológico.
La paz se ha manipulado y manipula, ha evolucionado históricamente de tal manera que se han hecho esfuerzos por elaborar un concepto válido y determinar su naturaleza y su devenir a lo largo de distintas etapas históricas.
La paz interior refleja el comportamiento externo.
Ser pacífico no puede consistir únicamente en la ausencia de conflictos armados, sino que entraña principalmente un proceso, de justicia y respeto mutuo, destinado a garantizar la edificación de una sociedad en la que cada cual pueda encontrar su verdadero lugar y gozar de la parte de los recursos intelectuales y materiales en cualquier parte del mundo.
La paz duradera es premisa y requisito para el ejercicio de todos los derechos y deberes humanos. No es paz verdadera, la paz del silencio o la de las personas silenciadas.
En 1953 Albert Schweitzer (misionero, escritor y médico) recibió el Premio Nobel de la Paz por su obra filantrópica en África durante más de cincuenta años y por su amor profundo hacia todos los seres vivos), en una de sus citas o frases expresa:
Teniendo reverencia y respeto por la vida, entramos en una relación espiritual con el mundo.
Teresa de Calcuta recibió el nobel de la paz en 1979 y el más alto galardón civil de la India, el Bharat Ratna, en 1980, por su labor humanitaria.
En una de sus frases nos dice:
La falta de amor es la mayor pobreza del ser humano.
No existirá paz mientras en cada ser humano haya ausencia de La Fuente de vida.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios
Mateo 5:9
Apártate del mal y haz el bien; busca la paz, y síguela
Salmo 34:14



