'Verano azul', un clásico del estío.
'Verano azul', un clásico del estío.

Puede que para matar el tiempo alguien esté escuchando, una vez más, el Álbum Blanco de los Beatles, o puede que haya quien se atreva en horas intempestivas a ponerse “con altura” a Rosalía. Es posible que un libro sea la mejor solución al tedio vespertino y entonces habrá gente que alimente su alma con algún ensayo imposible o con alguna novela de Cartarescu. En televisión es fácil, ciclistas cantándonos una nana, tenistas intentando ganar a Nadal y sobre todo algún reality que nos conecte con lo peor de la especie humana. El estío es lo que tiene, su parte de hastío, esas duermevelas sudorosas en la playa, el sin vivir de pasárselo bien a la fuerza, los fichajes de verano…y mucha más melancolía, pese a lo que digan, que cualquier otra estación del año. En cualquier caso la felicidad está sobrevalorada (acabo de leer que han hecho un estudio donde concluyen que los españoles somos los más infelices de Europa y los segundos del mundo).

Cuando era niño el verano era mucho más largo, parecía eterno para lo bueno y para lo malo. Las tarde mirando por el balcón para saber cuando abría la librería de la esquina para ir a comprar el Extra de Verano de Mortadelo. El verano olía a lejía de la limpieza del viernes por la tarde. El verano eran las salidas a “ver escaparates”,- autentica gymkhana ciudadana de la que me dan fe que yo no era el único participante obligado por madres de poco poder adquisitivo,- la playa omnipresente y sin protector solar que para eso molaba ir achicharrado y despellejado. Ese deseo que operaba en mí a partir de mediados de agosto de que llegara el colegio, la ocupación, y que desapareciese la obligación de pasarlo bien y estar contento. Como no soy niño de posguerra a mi no me conmueven que las bicicletas sean para el verano. Soy hijo del desarrollismo, el cemento, las caravanas para entrar o salir de las playas.

Ahora los verano son whatssapp, se acabó la romántica espera, ya sabemos que nadie está fuera de nuestro alcance y podemos medir afinidades en número de mensajes cruzados o en silencios sospechosos mientras vemos que esta “line”. Ya ni siquiera sabemos hablar por teléfono, -autentico commodities de la auténtica comunicación.-, las únicas cartas que recibimos son de los bancos y la parte más vista de los telediarios es la información meteorológica. La comunicación en un doble check. Esa es la verdadera religión. Ya no se dan besos, se dan “Bs.”. Ya nadie se alegra de verte porque te tienen muy “visto” en el chat. En los conciertos ya no se llevan mecheros que encender en las canciones románticas que para eso están los smartphones, que nos permiten además cuando queremos cortar una conversación o una relación no tener que disimular, sale “line” pero no hay mensaje y por más que te empeñes no hay doble check.

El aburrimiento del verano es porque cuando nos damos cuenta es el final del verano, que ya lo decía el Dúo Dinámico, y más ahora que pasa tan rápido, aunque en realidad también pasa rápido el otoño, el invierno y la esperada primavera. Un verano con final de gotas frías, de no gobiernos, de negociaciones que son negocios, de cagaleras de carne mechá, de conciertos multitudinarios, de carteleras de cine inanes, de nostalgia de cuando el viento de levante tenía cuatro barras en el estrecho,  de pateras ignoradas, de turistas de calcetines blancos y bermudas imposibles, de ilusiones perdidas, de decepciones decepcionantes.

El próximo artículo lo escribiré ya inaugurando el otoño, se nos va el tempo entre los dedos y es como si los fumadores de tiempo del Momo de Michael Ende se metieran tres trócolas en la boca a la vez y los días de esa manera ya no duren veinticuatro horas como dios manda. Entretanto y mientras llega el otoño la semana que viene pasaran las mismas cosas de siempre pero lo harán más rápido, dormir poco, soñar mucho (all I have to do is dream, -Everly Brothers dixit-), comer menos, pensar lo justo, leer lo que caiga, esa música que no falte, películas pirateadas, ilusiones tornadas en desilusiones, decepciones sobrevenidas…pero llegará otro verano, con whatssapp o sin whatssapp, y podremos seguir asistiendo al pequeño milagro de seguir viviendo mientras la alternativa sea tan poco saludable.

Las úlltimas tardes de estío no son sino las primeras tardes del resto de nuestras vidas, disfruten como puedan hasta el infinito —y más allá, que diría Buzz Lightyear—. Sayonara Baby.

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