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Todología política

En una semana votaremos y cuando sean las diez de la noche de ese domingo día 17, sabremos si la mayoría de los todólogos de esta comunidad autónoma se han tomado a bien toda esa sarta de tonterías que sobre el SAS se han dicho

  • Juanma Moreno en un Consejo de Gobierno reciente.

Nunca como ahora, o cuando menos así lo percibo, ha habido tanto interés por la política. Desde mi punto de vista la irrupción de internet, sus redes sociales, la posibilidad de convertirse, como yo, en opinador de casi todo lo que nos rodea, ha dado como consecuencia un sinfín de posibilidades de ser agentes políticos al ciudadano de a pie. Ya no solo hablan de política los afiliados a los partidos, o a entidades cercanas a ellos. Incluso, me permito asegurar, que estos últimos, los militantes, por aquello de seguir al pie del dedillo las consignas de sus respectivas direcciones, no están en permanente elaboración de opinión libre. Hoy el politólogo de cabecera de cada uno de nosotros es uno mismo y no es raro escuchar conversaciones entre personas donde se teoriza sobre las consecuencias de la polarización política, el advenimiento de gobiernos autoritarios, las excentricidades de Trump, o la eficacia de las políticas de crecimiento económico.

Personas que apenas han tenido mayor oportunidad de casi aprender a leer esforzadamente, a casi escribir y a expresarse con cierta soltura, son capaces de plantear debates sobre asuntos de Estado y tener opinión sobre la política anti-europea del hasta ahora primer ministro de Hungría, Orbán. Los todólogos están de moda. Los programas de debate político en la televisión tienen audiencias millonarias en todas las franjas horarias. La profesión de tertuliano –junto con la de influencer– es demandada por un número cada vez mayor de esta nueva especie de “cuñao” con contrato. Incluso los políticos ya no ejercen de políticos, son también opinadores, usuarios de Twitter, instagram…, ya no gestionan, dan zascas y en algunos casos, sobre todo en campañas electorales como la que tenemos ahora en Andalucía, se regodean en sus “clickbait” para obtener audiencia independientemente de que digan una tontería o un burdo chiste.

Esta forma de comportarse, la de hacer o decir burradas, o mentiras, o todo a la vez, es la nueva forma de hacer política. Y tendrá su rédito electoral, eso tampoco lo dudo por que ¿a cuenta de qué iba Moreno Bonilla a decir en el debate electoral en televisión con el resto de candidatos a la Junta que, por ejemplo, en el centro de salud del Mentidero de Cádiz se daba cita de atención primaria para el día siguiente, con una espera de solo un día? No estuvo muy afortunado pero por algo lo diría. No lo sé, posiblemente pensó que los usuarios de ese centro de salud lo iban a tomar como una gracieta «qué gracia tiene mi Bonilla, que “ange” tiene». O que la candidata número 2 al parlamento por Cádiz en la lista del PP dijera en una entrevista que desde que ellos gobiernan la sanidad está mejor… si queremos nos vamos más lejos: Ayuso se va a México a explicarles y enseñarles a los ciudadanos de ese país su historia y que México se escribe con “j”. ¡Qué arte más grande! Se cruza el charco para ganar adeptos en España, tocarle las narices a Pedro Sánchez, insultando a los mexicanos.

Pues ya os digo que si lo hace es porque algo le renta. No es ella, que no es una persona a la que se le pueda calificar de culta, ni siquiera medianamente, más bien es de pocas luces y conocimientos (recuerden que supo que en Ecuador se hablaba español con la friolera de 22 años), me imagino que su Rasputín, el inefable Miguel Ángel Rodríguez, el que le diseña estas estrategias, fundamentalmente para que la señora esté, como diría una que no me acuerdo de su nombre pero que me recuerda a Ayuso: estar en el “candelabro”. Su rentabilidad tendrá, de momento no se habla de otra cosa en las tertulias ni en los trabajos –doy fe–. O el Santivago Abascal diciendo que Sánchez quiere traer una nueva pandemia a España porque quieren matarnos a todos (y semejante cosa la dice porque hay gente que lo cree).

En una semana votaremos y cuando sean las diez de la noche de ese domingo día 17, sabremos si la mayoría de los todólogos de esta comunidad autónoma –que somos casi todos–, se han tomado a bien toda esa sarta de tonterías sobre el sistema andaluz de salud se han dicho. Por mi parte solo deciros que nada más escuchar a Bonilla decir lo del centro de salud que daba la cita de un día para otro, tuve la tentación de cambiar de médico y de centro porque en el mío me tarda un mínimo de 15 días en darme la cita. Después de hablar con algunos ciudadanos amigos y otros no tanto, me aconsejaron, políticamente con todos los argumentos que cualquier ciudadanos hoy en día son capaces de dar, que no lo hiciera, más que nada porque en ese centro de salud también tardaban 15 en dar cita. ¡Qué cachondo Moreno Bonilla! Casi me lo creo, menos mal que hoy todo el mundo está pendiente hasta de la salud.

Nunca como ahora, o cuando menos así lo percibo, ha habido tanto interés por la política. Desde mi punto de vista la irrupción de internet, sus redes sociales, la posibilidad de convertirse, como yo, en opinador de casi todo lo que nos rodea, ha dado como consecuencia un sinfín de posibilidades de ser agentes políticos al ciudadano de a pie. Ya no solo hablan de política los afiliados a los partidos, o a entidades cercanas a ellos. Incluso, me permito asegurar, que estos últimos, los militantes, por aquello de seguir al pie del dedillo las consignas de sus respectivas direcciones, no están en permanente elaboración de opinión libre. Hoy el politólogo de cabecera de cada uno de nosotros es uno mismo y no es raro escuchar conversaciones entre personas donde se teoriza sobre las consecuencias de la polarización política, el advenimiento de gobiernos autoritarios, las excentricidades de Trump, o la eficacia de las políticas de crecimiento económico.

Personas que apenas han tenido mayor oportunidad de casi aprender a leer esforzadamente, a casi escribir y a expresarse con cierta soltura, son capaces de plantear debates sobre asuntos de Estado y tener opinión sobre la política anti-europea del hasta ahora primer ministro de Hungría, Orbán. Los todólogos están de moda. Los programas de debate político en la televisión tienen audiencias millonarias en todas las franjas horarias. La profesión de tertuliano –junto con la de influencer– es demandada por un número cada vez mayor de esta nueva especie de “cuñao” con contrato. Incluso los políticos ya no ejercen de políticos, son también opinadores, usuarios de Twitter, instagram…, ya no gestionan, dan zascas y en algunos casos, sobre todo en campañas electorales como la que tenemos ahora en Andalucía, se regodean en sus “clickbait” para obtener audiencia independientemente de que digan una tontería o un burdo chiste.

Esta forma de comportarse, la de hacer o decir burradas, o mentiras, o todo a la vez, es la nueva forma de hacer política. Y tendrá su rédito electoral, eso tampoco lo dudo por que ¿a cuenta de qué iba Moreno Bonilla a decir en el debate electoral en televisión con el resto de candidatos a la Junta que, por ejemplo, en el centro de salud del Mentidero de Cádiz se daba cita de atención primaria para el día siguiente, con una espera de solo un día? No estuvo muy afortunado pero por algo lo diría. No lo sé, posiblemente pensó que los usuarios de ese centro de salud lo iban a tomar como una gracieta «qué gracia tiene mi Bonilla, que “ange” tiene». O que la candidata número 2 al parlamento por Cádiz en la lista del PP dijera en una entrevista que desde que ellos gobiernan la sanidad está mejor… si queremos nos vamos más lejos: Ayuso se va a México a explicarles y enseñarles a los ciudadanos de ese país su historia y que México se escribe con “j”. ¡Qué arte más grande! Se cruza el charco para ganar adeptos en España, tocarle las narices a Pedro Sánchez, insultando a los mexicanos.

Pues ya os digo que si lo hace es porque algo le renta. No es ella, que no es una persona a la que se le pueda calificar de culta, ni siquiera medianamente, más bien es de pocas luces y conocimientos (recuerden que supo que en Ecuador se hablaba español con la friolera de 22 años), me imagino que su Rasputín, el inefable Miguel Ángel Rodríguez, el que le diseña estas estrategias, fundamentalmente para que la señora esté, como diría una que no me acuerdo de su nombre pero que me recuerda a Ayuso: estar en el “candelabro”. Su rentabilidad tendrá, de momento no se habla de otra cosa en las tertulias ni en los trabajos –doy fe–. O el Santivago Abascal diciendo que Sánchez quiere traer una nueva pandemia a España porque quieren matarnos a todos (y semejante cosa la dice porque hay gente que lo cree).

En una semana votaremos y cuando sean las diez de la noche de ese domingo día 17, sabremos si la mayoría de los todólogos de esta comunidad autónoma –que somos casi todos–, se han tomado a bien toda esa sarta de tonterías sobre el sistema andaluz de salud se han dicho. Por mi parte solo deciros que nada más escuchar a Bonilla decir lo del centro de salud que daba la cita de un día para otro, tuve la tentación de cambiar de médico y de centro porque en el mío me tarda un mínimo de 15 días en darme la cita. Después de hablar con algunos ciudadanos amigos y otros no tanto, me aconsejaron, políticamente con todos los argumentos que cualquier ciudadanos hoy en día son capaces de dar, que no lo hiciera, más que nada porque en ese centro de salud también tardaban 15 en dar cita. ¡Qué cachondo Moreno Bonilla! Casi me lo creo, menos mal que hoy todo el mundo está pendiente hasta de la salud.

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