En esta semana que terminamos ha llegado la primavera, los católicos siguen con su cuaresma, los musulmanes concluyen su ramadán y en Oriente Medio sigue la guerra. De lo primero, la primavera, podemos decir que ya había ganas, como todos los años y, en este caso, con unas lluvias tan copiosas que procuraron bastante sufrimiento en muchos lugares, casi implorábamos el cambio de estación. Con la cuaresma y el ramadán, fiestas, ambas dos, bastante parecidas, poco que aportar, aunque sí que hay unos detalles que en los últimos tiempos dan que pensar sobre la tolerancia de las religiones. Me refiero a la noticia, un año más, de que en una población de Murcia, Jumilla, las autoridades locales, han denegado el tradicional permiso a la amplia comunidad musulmana de la localidad a realizar el rezo colectivo para concluir el ramadán en el polideportivo, enviando la celebración religiosa a un parking. El gobierno municipal del Partido Popular ha considerado –públicamente han dado algunas excusas y justificaciones de risa– poco adecuado que una religión minoritaria en el pueblo pueda celebrar, como ha hecho durante muchos años, su celebración más importante. He tenido que escuchar algunas opiniones al respecto y, como suele ocurrir en estos casos, la argumentación a favor de la medida, está condicionada por esa nueva cultura del odio y de intolerancia al diferente. Uno de los razonamientos que me han dado es la típica del “cuñao”: «pues en su tierra no nos dejan a los cristianos celebrar ni misas ni nada». Después me entero que más de la mitad de la población musulmana de Jumilla son españoles. Aunque sí, es verdad que en los países con regímenes teocráticos musulmanes, los cristianos no tienen libertad para realizar sus cultos en público, pero, evidentemente, eso no puede justificar que en un país democrático, aconfesional y respetuoso como es España, se haga el rdículo de imitar a los pueblos en donde no hay libertad, ni democracia, ni nada que podamos desear y mucho menos envidiar.
A mí, en verdad os digo, lo de rezar no es que me cree problemas: no soy creyente y, como mucho, soy capaz de rezar a John Lennon a sabiendas de que está muy muerto. No, no soy religioso pero, precisamente porque creo que los valores cívicos que podemos defender los que somos laicos son más defendibles que los de cualquier dogma de cualquier religión, es por lo que insisto es que el respeto es la base de la convivencia y en el caso de Jumilla está claro que hay una clara intención de transformar la calma y la ausencia de problemas de tipo religioso en una situación de acoso que tiene, sin ninguna duda, reclamos políticos.
Mientras, aquí, en nuestro país, de supuesta mayoría católica (no obstante, por lo que dicen las encuestas, lo de la nueva moda de la espiritualidad católica es una invención con, también, intención política, y en todo caso es una religiosidad impostada con mucho de estética y poca ética) la cuaresma que, como digo, es bastante parecida en sus fundamentos religiosos al ramadán, también está siendo objeto de transformación en un intento seglar de convertirla en una fiesta total, popular y populachera. A tal punto ocurre esto que cada vez se compara más la celebración de esta fiesta religiosa con el carnaval, y realmente, tienen algunos ritos muy parecidos. Uno de los últimos inventos del capilleo local –me refiero al de Cádiz– en ese intento de rivalizar con el carnaval en la organización de eventos gastronómicos. Que el carnaval tiene la erizada popular, pues en cuaresma se organiza la torrijada popular. Ahí queda eso. No descarten para el futuro aumentar la nómina de estos eventos con el arroz con leche, el bacalao con tomate, los alcauciles… y aunque ya durante el año el número de procesiones se ha multiplicado exponencialmente con los via crucis, traslados, procesiones magnas –también aquí la influencia del carnaval es indiscutible con su cabalgata magna–, tendrán que ver mis ojos batallas de cofradias, un coac de bandas procesionales… y ya, como en el carnaval ha ganado una chirigota que glosa a los saeteros, es probable que en semana santa salga una procesión con los titulares Juan Carlos Aragón y Julio Pardo. Al tiempo.
Esta semana santa tendrá una novedad en Cádiz que es otro síntoma de por donde van las cosas: se hará una especie de dedicatoria, o algo por el estilo, a cargo de las cofradías, a los cristianos perseguidos en el mundo y a los no nacidos. Obvio esto último porque no lo entiendo, parece ideado por un loco. De lo primero, lo de los cristianos perseguidos, tengo que decir que huele mal ¡Qué bien hubieran quedado, como católicos, como cristianos y gentes de bien, que en vez de hacer esa limitación a los propios, lo hubieran hecho extensivo, ese rezo o dedicatoria, a todos los perseguidos en el mundo, a los millares de asesinados en Gaza, o en Irán! Ah, no, que esos son “moritos” y esos no merecen la más mínima consideración. ¿Es eso cristiano?
