Disturbios en el centro de Madrid, anoche. FOTO: FRANCISCO FERNÁNDEZ
Disturbios en el centro de Madrid, anoche. FOTO: FRANCISCO FERNÁNDEZ

Isócrates, político de la Grecia clásica, dijo en el año 350 antes de cristo: “Nuestra democracia se autodestruye porque ha abusado del derecho a la Igualdad y del derecho a la Libertad, porque ha enseñado al ciudadano a considerar la impertinencia como un derecho, el no respeto de las leyes como libertad, la imprudencia en las palabras como igualdad y la anarquía como felicidad”. Aún teniendo algunas objeciones de tipo casi filosófico en estas palabras, no me negarán que si hacemos un viaje en el tiempo y las aplicamos a la realidad política y social que se está viviendo en los últimos tiempos en España, y me refiero específicamente a la situación de Cataluña, tienen vigencia casi plena.

No voy a entrar –ni me apetece ni creo que pueda hacerlo con argumentos suficientemente sólidos- en la problemática en sí sobre independencia si o independencia no. No me atañe, no es el objeto de este desdichado artículo. Voy a volver a hablar –lo hice en un artículo en otro medio digital y del que tomo algunas ideas e incluso párrafos- sobre la virtud porque considero que este término en su acepción clásica, al modo griego, es el término que nos pone sobre la pista de lo que se hace necesario en estos tiempos convulsos.

Efectivamente Horacio y sobretodo Aristóteles en su Ética a Eudemo que la virtud está en el punto medio, que la virtud está en el equilibrio entre dos extremos. Quiero en este momento y para que nadie se llame a engaño, que cuando hablo de extremos no lo hago en términos políticos o lo que se entiende políticamente por extremismo y cuando hablo de el medio o el centro no lo hago en términos políticos, desde luego nada más lejos de mi intención pontificar sobre el centrismo político el cual ya saben ustedes en lo que se convierte, es más no creo en el centro político. Hago como Aristóteles algo más, si me permiten la inmodestia, algo más elevado, más elaborado. Así, el juez para ser virtuoso tiene que aplicar la justicia de modo equilibrado. El profesor virtuoso es sabio  porque consigue introducir valores y enseñanzas en sus alumnos que los alejen de la ignorancia y por tanto de ser personas dependientes. El político es valioso cuando busca en su acción a la mayoría de los ciudadanos para su bienestar sin olvidarse de acercarse a la minoría. Las minorías no pueden ser excluidas.

La virtud es el equilibrio, la sensatez es virtuosa. La cerrazón, la demagogia y el empecinamiento es una desgracia para las personas y para los pueblos. La virtud es la capacidad por la cual somos capaces de tomar decisiones correctas que permitan solucionar problemas a través de acciones positivas sin tener que violentar a los demás. Una persona virtuosa sabe ser empática, asertiva, justa y emocionalmente equilibrada. Para Platón las tres grandes virtudes son la sabiduría, el valor y el autocontrol.

Necesitamos sociedades maduras, donde sus políticos sean buenos servidores públicos, donde la ciudadanía sabe ejercer sus derechos sin lesionar los de nadie, donde la búsqueda de la Igualdad no se convierta en una vana aspiración de los que la pretenden y que ese deseo sea el objetivo de todos y todas, los desiguales por arriba y los desiguales por abajo. En definitiva guiar la acción de nuestras vidas con la máxima de Horacio medium virtum est, y esto no tiene que ver con ser de izquierdas, derechas, centro o mediopensionista, los idearios existen y siguen teniendo vigencia, así encontraremos a personas enclavadas en cualquier lugar del arco ideológico que cumplen o no cumplen con la premisa del equilibrio en su forma de actuar.

Creo que Cataluña necesita de esa virtud que ahora se ha abandonado, creo que el resto de España necesita de esa virtud que ahora se ha abandonado, creo que solo si aceptamos que hay contrarios, que si aceptamos que podemos pensar diferente, que los caminos pueden ser distintos pero que los destinos son en definitiva deseables como decía el más hermoso artículo de la primera Constitución Española que se firmó en Cádiz y que decía ese artículo 13 en 1812: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.

Las imágenes que veo en televisión con una Barcelona, con un resto de Cataluña en una batalla campal, con altercados de una magnitud muy considerable, barricadas ardiendo…eso no me hace feliz, ni siquiera a los que provocan, sean quienes sean, esos disturbios les puede hacer feliz. Es un desastre, una desgracia. Por eso les pido virtud, si es que aún son capaces de entender que es eso, virtud para entender al otro. ¡¡Paren!! Y al Gobierno, al de España, al de Cataluña…les pido que nos hagan felices, creo que es su única misión.

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