Carátula del disco 'Morrison Hotel' (1970).
Carátula del disco 'Morrison Hotel' (1970).

Summer’s almost gone es una canción de Los Doors de 1968, grupo cultureta y precoz en tocar el sufrimiento que enraizaba la flor hippie. No en vano, James Douglas Morrison (1943-1971) ya recitaba en el instituto a Baudelaire, a William Blake y a Esquilo. Como cantante se propuso conducir al público a una catarsis báquica. Un año después, en 1969, moriría la bella Sharon Tate a manos de los locos de Manson.

Efectivamente el verano se está acabando y yo lo agradezco. A estas alturas esto se me va haciendo ya un poco largo, y septiembre es como la resaca de una intensa fiebre. En estos días estoy harto de las chanclas, de ir sin camiseta por la casa, de no poder comer madalenas, de los mosquitos y las motos, del rollo ese de la edad, de los pibones de chiringuito y de lo apolíticamente correcto. El otoño es una estación estupenda, llena de frescor y aire de montaña, con sus tardes apagadas y vino tinto esperando en la despensa.

Ni siquiera Jim Morrison me parece mal poeta, aunque yo de estas cosas no sé, opino según mi rudo gusto. Además, me creo que sé inglés pero es mentira. En las estrofas de la canción dice algo así como que en ‘(verano) la aurora nos pilló desprevenidos, el mediodía se funde en nuestro pelo y por la noche chapoteamos en el mar. Cuando el verano se acabe ¿dónde estaremos?’

Conocí a este grupo siendo un adolescente lleno de curiosidad y estupidez, más o menos como ahora. Andaba hurgando entre la colección de vinilos de mis padres sentado en el suelo junto al tocadiscos. Las carátulas de entonces eran muy sugerentes, como la de Abraxas de Santana for example. En aquella discoteca había de todo un poco, Paco de Lucía, Coltrane, sevillanas de Coria, Heidi o esos tipos melenudos y felices de los sesenta.

Entre estos últimos estaba el Morrison Hotel (1970) en cuya carátula posan los cuatro de California en un bar de viejos que incluye habitaciones por 2’50 dólares ‘sólo pasajeros de paso’, avisa el cartel. Con el disco en las manos le pregunté a mi padre desde el suelo quiénes eran esos The Doors. ‘¿No los conoces?’ Ante mi cara impasible de adolescente con granos me informó: ‘El tipo con mejor voz de los sesenta’. En realidad no dijo el tipo (¿dijo el poeta? ya no me acuerdo), sé que era algo más gracioso y expresivo pero ya no somos graciosos ni tampoco está el precio de la luz para hacer bollos.

En fin, que años después, cuando ya no andaba por el suelo hurgando entre vinilos, también me gustó del grupo eso de que lo dejaran en la cresta de ola y que Jim Morrison se marchase a Paris (huyera de la justicia) para escribir poesía y morir en una bañera.

En fin… a la pregunta del bueno de Jim: no tengo ni idea qué será de nosotros cuando el verano acabe. A decir verdad, me da igual… solo quiero cenar sopa de picadillo y no sudar inmerecidamente.

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