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Esta noche no se van a ir pronto al hotel, qué va. No tienen edad. Han venido a Jerez a darlo todo… ¿Para la Avenida? ¿Para San Pablo? Y qué más da…

Van a por todas. Es mediodía y ya van a por todas. Son cinco mujeres, posiblemente gitanas. No son andaluzas, por el habla no lo parecen. ¿La Mancha? ¿Madrid? Entran al freidor de la calle Arcos y de entrada dicen que quieren algo fresco. Joder, algo fresco. Los aliños. La cerveza. El agua. La clientela, incluso. Está claro que son familia: madres e hijas (en vertical); hermanas y primas (en horizontal); tías y sobrinas (en diagonal). Las mira todo el bar. Son la leche. Tremendas, todo negro y oro. Al final piden pescaíto, varias cervezas ‘sin’ y otras tantas aguas, nada de alcohol. Durante la comida no paran de hacerse fotos, selfy pa’ca, selfy pa’lla. Se lo están pasando de puta madre, se hacen fotos con los chipirones, con los chocos, con el cazón… Se ponen los trozos de pescado a la altura de la cara y sonríen, todas con los piños níveos, como si los hubieran tenido por la noche en lejía –como si se pudieran tener en lejía- mientras la hija o la sobrina hace la foto que rápidamente viaja varios cientos de kilómetros... Se levantan siempre para pedir y siempre, siempre dicen gracias. Gracias, gracias, gracias… Son realmente tremendas, ese es el adjetivo. En ningún momento se oye la palabra 'Zambomba’ en su mesa, a la que sin duda irán dentro de unas horas: ellas son en sí una auténtica Zambomba.

Van a por todas. Es mediodía en La Moderna. No cabe nadie, pero ellas tienen un buen sitio. Son de las que cuando no lo hay se lo buscan. Son tres amigas, cuarentañeras, que se dice ahora. Se lo están bien, desde luego. No parecen de Jerez, pero sí andaluzas, nadie sabe bien de dónde, hasta que después de pedir la primera ronda preguntan si la ronda lleva incluida tapa. Eh… como que no. ¿Unas aceitunas? Bueno… unas aceitunas, vale. Pero ya sabemos por la pregunta que ellas deben ser de Granada o Almería. A lo mejor de algún punto de Murcia, que por ahora no es exactamente Andalucía, o incluso de ‘east’ Málaga provincia. Así que, como la ronda no lleva tapa, piden algo de picar. En el bar no se cabe. Ellas se lo pasan muy bien a su bola, sin apenas reparar en nadie. Les da igual el llenazo. Han venido a las Zambombas… ¿Llegarán a alguna? Seguro, otra cosa es que sea de las buenas… Por si acaso ‘afinan’ la pandereta de los chinos y se hacen con una de las guías de villancicos patrios. Sonríen con La Micaela, que una se ve que ya conocía y la ha buscado expresamente en el librillo…

Van a por todas. Es por la noche, en pleno Zambódromo, en el Gorila. El Zambódromo de Jerez tiene un pequeño problema respecto al Sambódromo de Río de Janeiro, y es que en Jerez en diciembre hace frío –qué cosas- y en los bares no hace mucho mejor. Todo abierto, corriente… En fin. A estas cuatro chavalas, cuatro veinteañeras, tanto les da, vienen prevenidas, tenían claro que el panorama de Jerez en invierno no iba a ser muy distinto al de Huelva ciudad. ¿Calefacción? Sí, la interior. Cervezas y vinos. Queso. Montaditos. Y el momento de la gran duda para alguien que no conoce -o apenas- la ciudad: ¿Siete o Kapote? ¿Tal vez Damajuana o una paradita en el Plateros? Consultan en internet, preguntan a la parroquia y no se ponen de acuerdo. Dicen que al día siguiente van al Bereber, por lo visto tienen reservado algo para una Zambomba o un espectáculo flamenco, pero esta noche no se van a ir pronto al hotel, qué va. No tienen edad. Han venido a Jerez a darlo todo… ¿Para la Avenida? ¿Para San Pablo? Y qué más da…

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