Tu pequeño Trump interior

Vivimos en un imperio invisible, gobernado por gestos, miradas y silencios que hieren más que cualquier arma. La fuerza no se mide en músculos ni votos

19 de enero de 2026 a las 13:35h
El Juanillo de Trump es devorado por las llamas en Cádiz, este pasado lunes.
El Juanillo de Trump es devorado por las llamas en Cádiz, este pasado lunes. REYNA

Todos llevamos un pequeño Trump dentro. No hace falta pelo naranja ni cuenta en X. Basta con esa pulsión primitiva de dominar, de imponerse, de confundir poder con razón. Ese impulso que convierte discusiones en combates y diferencias en enemigos a aplastar.

Vivimos en un imperio invisible, gobernado por gestos, miradas y silencios que hieren más que cualquier arma. La fuerza no se mide en músculos ni votos. Se mide en quién consigue que los demás se muevan primero, que bajen la voz, que se retracten. Todo lo que nos hace sentir arriba, aunque la mayoría del tiempo estemos inseguros, hambrientos de reconocimiento y enganchados a esa dosis inmediata de superioridad.

Te dirás que es decisión, estrategia, racionalidad. Pero la verdad es otra. Miedo disfrazado de control. Miedo a quedarse atrás, a no ser suficiente, a descubrir que los gestos de dominio no cambian nada fuera de nuestro pequeño mundo. Y que, por mucho que empujemos, el mundo sigue girando.

El pequeño Trump no solo habita en los grandes nombres. Está en nosotros cada vez que elegimos aplastar en lugar de dialogar, humillar en lugar de escuchar, ganar aunque no haga falta. Se alimenta de cada victoria efímera, de cada gesto de dominio simbólico. Y, cuanto más lo alimentamos, más crece el imperio invisible que nos gobierna.

Quizá no haya que derribar nada ni a nadie. Quizá la verdadera fuerza sea contenerlo, respirar, resistir la pulsión de imponerse, y aceptar que no siempre hay que ganar para sentirse poderoso. Que el imperio más sólido que podemos construir es el que no destruye a otros para existir.

Y al final, cuando te miras al espejo, reconoces a tu pequeño Trump interior.

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