Los palcos, en la plaza Aladro.
Los palcos, en la plaza Aladro.

Se define como travesía a todo viaje o itinerario que supone una clase de riesgo y suele relacionarse a una aventura. El uso más habitual del término, por lo tanto, está asociado a un viaje o emprendimiento que implica tareas o actividades arriesgadas.

De todas formas, existen travesías que sí exigen un riesgo, en muchos casos alto para las cuales es extrictamente necesario que los turistas estén medianamente preparados para evitar catástrofes. Estas últimas son llamadas generalmente travesías de riesgo o turismo aventura de riesgo.

Para realizar este tipo de experiencias es importante que los viajeros tengan un pequeño pantallazo del lugar que visitarán y las actividades que realizarán durante la experiencia, que conozcan los riesgos más evidentes y estén dispuestos a afrontar las consecuencias, sean cuales sean.

Muchas veces ocurre que en algunos grupos de Turismo Aventura hay integrantes que desconocen en qué consiste en verdad este tipo de actividad, que es poner a prueba nuestro organismo y saber hasta dónde somos capaces de llegar, y si sumado a esto carecen de preparación para sobrevivir en situaciones poco favorables o cómodas, puede llegar a complicarse la supervivencia de todos los integrantes del grupo.

Otros significados que menciona el diccionario de la Real Academia Española (RAE) de travesía tienen que ver con el área elegida para avanzar hacia un destino específico o incierto; el sendero transversal entre otros dos y la distancia entre dos puntos.

Parece ser que de nuevo la Unión de Hermandades, embarca de nuevo al mundo cofrade en una nueva “travesía”, con tormenta de verano incluida, tal como ya hiciera el pasado año.

Claro está, existen diferencias con la travesía vendida en la pasada temporada. En esta ocasión no ha habido pantallazos publicitarios en medios de comunicación ni videos informativos sobre las travesías presentadas, ya que en esta temporada han sido tres bien distintas, para que el nazareno elija la que más le guste, de esta forma dividimos la elección para que salga la que más convenga, aunque la mayoría quiera otras opciones presentadas, vamos, como pasa con los políticos.

En esta nueva travesía, sin destino específico, ya que en su oscuridad y escasa información sobre horarios e itinerarios, tan solo se ha tratado de vender el espectáculo para que se recaude más dinero, sin contar con la opinión del nazareno que quizás no quiera tantas horas de espectáculo y aún menos estar deambulando por nuevas calles, lo que puede resultar una nueva aventura incierta en ese sendero transversal propuesto por la Unión de Hermandades.

dioni_presi_union_hermandades-4.jpg Dionisio Díaz, presidente de la Unión de Hermandades, en la plaza del Banco, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA

Una travesía, de nuevo, con el gran riesgo al fracaso, ya anunciado debido al resultado de la votación que han realizado los hermanos mayores, que en mayoría han optado por las otras carreras presentadas. Fracaso ya anunciado por los medios de comunicación y por las redes sociales.

Parece ser que a este Consejo, con su Presidente al frente, le gusta poner al mundo cofrade en que su estación penitencial sea todos los años un constante viaje de aventuras, que incluso lo que hace divertido esta situación es la cantidad y variedad de experiencias que tenemos que ir afrontando y superando, siendo el hazme reír de una gran parte de nuestra ciudad que no comparte nuestra forma de entender la fe cristiana. Situaciones que incluso podrían ser límites, afrontamientos de incertidumbres y caos, si esta parte del pueblo de Jerez, se tirara a la calle, manifestándose y pidiendo al Ayuntamiento para que realice una ordenanza municipal y un reglamento para la fiesta de la Semana Santa, tal como existe con la Feria del Caballo.

El presidente de la Unión de Hermandades, Dionisio Díaz, parece ser que es como Moisés, que siempre se queda a las puertas de ver esa Tierra Prometida, llamada Carrera Oficial.

Esta Unión de Hermandades, está pasando a la historia de nuestro mundo cofrade, como la más grande historia jamás contada, “la nueva Carrera Oficial”, que en esta travesía del desierto en que se ha establecido, tan solo tiene claro su fidelidad con el becerro de oro, más palcos, más dinero. Y no se dan cuentan de que las hermandades prácticamente las sostienen los hermanos de fila que realizan su estación penitencial, que son los que pagan su cuota y su papeleta de sitio. Si este gran activo de las hermandades deja de salir, ya que en sus filas existen muchos hermanos con una cierta edad, los ingresos de las mismas se verían seriamente perjudicados.

Esta situación que se nos quiere vender por parte de la Unión de Hermandades, este becerro de oro, más palco más dinero, una situación en que se diviniza lo material y se trata de materializar lo que en nosotros hay de divino. Este becerro realizado por medio de las ideas, trincheras ideológicas a favor de lo material, concepciones cerradas a nuestros principios cofrades y el fin que siempre deben de tener nuestras hermandades, una estrechez de miras que reduce los márgenes de nuestra vida cofrade y asfixia nuestro existir.

Ante tanta confusión, en la nueva travesía de camino errante e incierto como el pueblo de Israel por el desierto, en este caso el desértico apoyo a la nueva travesía y la revelación por parte de la mayoría de las hermandades para no aceptar esta travesía llamada familiarmente Porvera y de nuevo el revuelo del hazme reír del mundo cofrade, con lo que no ha contado el presidente Dionisio-Moisés y su Consejo, es la reacción y puesta en escena de Yahveh-Mazuelos, tal como pasó con el pueblo de Israel en el desierto, poniendo orden y sensatez ante tanto Sodoma y Gomorra cofrade y de sus representantes, los hermanos mayores.

Aunque algo tarde, ya que en la pasada travesía, el señor Mazuelos dejó que el pueblo siguiera caminando, viendo como una vez más el Consejo se estrellaba en sus decisiones, al menos en esta travesía viendo quizás la que se le puede avecinar, ya que el mundo cofrade y el pueblo de Jerez están un poco hartos de tanta Carrera Oficial, habiendo otros problemas más importante por solucionar y pudiera ser que ante decisiones no adecuadas el pueblo se rebele y se le manifieste ante Bertemati —tal como pasó con el intento de expolio del retablo de la Cartuja de la Defensión, perteneciente al patrimonio de todos los jerezanos, al igual que las calles de nuestra ciudad—. Eso sí, el señor Mazuelos no deja claro si este circo y espectáculo al que nos tiene ya acostumbrado este Consejo seguirá teniendo vida para la próxima temporada.

El señor Mazuelos debería de aprender de su antecesor, Don Rafael Bellido Caro (San Rafael Bellido, el mejor obispo que hemos tenido en nuestra ciudad), que sin razón al menos aparente cesó a todo un Consejo y no consentía muchas de las situaciones que se están dando en nuestro mundo cofrade. Y ante tanto fracaso reiterado de este Consejo, provocando constantemente el enfrentamiento entre cofrades y hermandades, el señor Mazuelos le haría un gran bien a las hermandades de nuestra Ciudad cesando al actual Consejo de la Unión de Hermandades, ya que el presidente, Dionisio Díaz, y su Consejo no tienen la vergüenza torera de dimitir.

Puede que el Presidente Dionisio-Moisés, de seguir en su testarudez mirando a la Alameda del Banco, además de quedarse en las puertas de la tierra prometida —su nueva Carrera Oficial—, quizás de tanto mirar para detrás quede convertido en estatua de sal como la mujer de Lot.

Y aún, quizás nos quede ver la llegada de Salomón-Ayuntamiento, que ante tanto espectáculo y presión de un pueblo que clama quitar los palcos y sustituirlos por sillas, acortando tanta invasión de las vías públicas, tenga que intervenir ante un año electoral a las puertas de la Casa Consistorial y así no perder los votos de los que están en contra de todo este espectáculo.

Ante tanta idolatría material de este becerro de oro, más palcos más dinero, los cofrades deberíamos hacernos una reflexión y algunas preguntas como: ¿Seremos capaces de abrirnos a lo que nos supera? De vivir sin nuevas carreras oficiales que ponen su vida y corazón en un becerro de oro llamado más palcos, más dinero? ¿De no reducir la realidad a nuestras limitadas entendederas? ¿De no renunciar a un todo por un algo? ¿De no imponer nuestra miope e idolátrica visión a los demás? ¿De aceptar nuestra misión evangelizadora en el seno de la hermandad?

Ya veremos. Pero al menos, ¿lo intentaremos?

Fernando Ignacio Romero Benítez

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