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"La cuestión es que la calificación de “inteligente” suena casi insultante cuando vas siendo más consciente de lo mucho que nos aborrega el aparatito".

Suena ya a antiguo decir que los móviles, también llamados “teléfonos inteligentes” o “smartphones” han conseguido cambiarnos a todos. La cuestión es que la calificación de “inteligente” suena casi insultante cuando vas siendo más consciente de lo mucho que nos aborrega el aparatito. Se supone que es inteligente porque sabe hacer muchas cosas, realizando funciones para las que antes destinábamos diferentes aparatos o utensilios. Es lo que se llama la “unificación tecnológica”, un fenómeno que considero peligroso y del que hoy quería hablar. Veamos en primer lugar una escueta lista de aparatos y funciones que han quedado obsoletos desde que tenemos móviles:

Teléfono. Es su uso más obvio e inherente, claro. Aquí destacaría el hecho de que la telefonía móvil ha desbancado a la fija, consiguiendo que, por primera vez en décadas, muchas familias prescindan del teléfono fijo en casa, total, el que quiera que me llame al móvil, ¿no?

Cámara de fotos / vídeo. ¿Cuántas personas de nuestra generación guardan en algún cajón de la casa aquella cámara de fotos digital que no necesitaba de carrete?

Agenda. Tanto las agendas en papel como las (maravillosas) Palm o agendas electrónicas han desaparecido. Algunos se mantienen fieles al romanticismo del papel, pero no son muchos.

Despertador. ¿Para qué comprarse un antiguo despertador si mi móvil me despierta con mi propia música y hay mil aplicaciones para gestionar alarmas?

Reproductor de música MP3. ¡Por no hablar de los walkman, claro! El móvil además tiene una gran capacidad de memoria, conecta con internet y descarga carátulas y letras, algo que un simple MP3 Player no puede hacer.

Reproductor Vídeo / Televisor. Aumentan los jóvenes y adultos que solo visionan vídeos en su móvil, normalmente de plataformas como YouTube, desechando la “incomodidad” de tener que compartir televisor y contenidos con la familia en el salón.

Internet / Correo electrónico. La generalización del uso también abarca funciones más “serias”, haciendo que el móvil u otros dispositivos similares (tablets) puedan sustituir al ordenador portátil como centro de trabajo. Por no hablar de los “arcaicos” PC de sobremesa…

Vida social. No se trata de un aparato en sí, pero es imposible hablar de utilidades del móvil sin referirnos a las redes sociales. Siendo un tema que por sí mismo merece tratarse con mayor profundidad, podríamos simplemente decir que a muchas personas les basta tener un móvil conectado a internet y un lugar donde sentarse para tener cubiertas todas sus necesidades sociales.

Navegador GPS. Otra tecnología que prácticamente pasó a la historia gracias al desarrollo de los sistemas de navegación para móviles o a la integración de esta función en el propio vehículo.

La lista no es exhaustiva, ni pretende serlo. Queda añadir que, además de estas funciones de mayor justificación tecnológica, el móvil también sirve para sustituir aparatos y utilidades mucho más simples:

Reloj. Cada vez más jóvenes prescinden del reloj de pulsera, miran la hora en el móvil.

Linterna. Con la luz led del móvil… ¿para qué quiero una linterna en casa?

Espejo. Usando la cámara delantera no es necesario llevar un espejo de mano encima, puedo acicalarme, o retocarme, con el mismo aparatito con el que instantes después me haré un selfie que podré colgar en redes sociales.

Todo esto es maravilloso, pero… ¿qué tiene de peligrosa la unificación tecnológica? ¿No es acaso más cómodo llevar todas esas funciones en un único aparato que cargar con veinte aparatos? ¿No es incluso más barato, rentable o práctico invertir en un único dispositivo que comprar todo eso? La lógica es aplastante, en principio.

El problema viene cuando nos hacemos adictos al móvil. Entonces, nos preguntamos: ¿Por qué no puedo separarme de él ni un segundo? ¿Por qué puedo pasar una media de 4-5 horas diarias colgado del dichoso aparato? ¿Por qué hago una media de 40-50 consultas diarias en búsqueda de notificaciones?

Una de las respuestas a estas preguntas (aunque no la única) es que la unificación ha colaborado en generar esa adicción. El proceso es el siguiente: a medida que un único aparato reúne las funciones de varios, lo dotamos de un valor psicológico superior, que será el resultado de la suma de los valores psicológicos de cada uno de esos aparatos primarios. O sea, esto quiere decir que, si antes perdías un teléfono, pues perdías el valor psicológico de un teléfono. Ahora, si pierdo un teléfono (“inteligente”), perderé el valor psicológico de un teléfono + cámara + mp3 + gps + linterna + … Así, es comprensible querer tenerlo cerca de mí todo el tiempo, a todas horas, creándose el caldo de cultivo necesario para generar una dependencia.

Esto, por supuesto, lo saben bien los fabricantes de móviles, que centran todos sus esfuerzos en aumentar lo más posible la unificación tecnológica: integración de cámaras cada vez más potentes, baterías portátiles para no perder JAMÁS la disponibilidad, funciones y más funciones… Hasta tal punto nos han convencido de las ventajas de la unificación, que el precio del producto es increíblemente alto en los terminales más vendidos. Y aumentando el valor objetivo del aparato también consiguen aumentar la distorsión del valor subjetivo o psicológico en los compradores.

La recomendación, por tanto, es evidente. Para reducir o prevenir la adicción al móvil es conveniente hacer el camino inverso, es decir, el de la desunificación tecnológica. O lo que es lo mismo, utilizar una cámara para hacer fotos, un libro o ebook para leer, un espejo para mirarse, un reloj despertador para saber la hora y levantarse, un mp3 o un equipo para escuchar música, una linterna para orientarse en la oscuridad… Si hacemos todo eso, reduciremos el valor psicológico del móvil y no nos costará la vida alejarnos de él. En resumen: se trata de ser más inteligente que tu teléfono inteligente… y que sus inteligentes fabricantes. ¡Puedes conseguirlo!

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