El ministro del Interior, Grande Marlaska, en una rueda de prensa.
El ministro del Interior, Grande Marlaska, en una rueda de prensa.

Una amenaza terrorista es un acto terrorista. Enviar munición militar en una carta con amenazas de muerte al ministro del Interior, a la directora deneral de la Guardia Civil y al ex vicepresidente segundo del Gobierno es un acto terrorista, y si se encuentra al culpable, este será juzgado por un acto terrorista. Un acto terrorista que están investigando unidades antiterroristas de la Policía.

Las derechas españolas demuestran, en esto, que no son las amantes de la Constitución ni de la democracia que dicen ser. Ya se sabe que hay que desconfiar, y mucho, de quien se llena la boca de cosas que se dan por sabidas.

Las derechas hablan de violencia, que es la forma de desviar la atención y quitar el verdadero significado y contenido de esas cartas de amenazas con material militar de guerra: terrorismo. Se llenaban sus bocas engoladas con exigencias de condena-sin-lugar-a-dudas contra los hechos terroristas, pero ya vemos que sí había dudas sobre las condenas: solo había que esperar a que el terrorismo fuera de derechas. Por cierto, el silencio de las asociaciones de víctimas del terrorismo, silencio que me llega a través del silencio de los periódicos en ese sentido, me llena de inquietud.

Si esas derechas fueran realmente amantes de la Ley y la democracia defenderían a los amenazados fueran cuales fueran sus opciones políticas. Lo que parece demostrar que nunca fueron sinceras aquellas quejas por actos contra los Derechos Humanos y hoy no lo serían tampoco. Las derechas abren el camino a que se pueda dudar de un acto terrorista contra quien fuera, por ejemplo, un torturador, si se niegan a condenar un acto terrorista contra quienes ellas acusan de comunismo, de complicidad y silencio, cosas que, por cierto, son más mentiras de su larga lista de mentiras. Las derechas siguen haciendo un mal terrible a la sociedad democrática y al Estado de Derecho con su política de conveniencias y, además, con sus pactos con Vox todavía vigentes. Ningún partido democrático europeo ha pactado con la ultraderecha: quizá esté más que justificado poner en duda una hipotética alta calidad democrática en las derechas que sí lo hacen.

¿Quién ha enviado las cartas?, ¿de dónde han salido las balas de fusil de asalto del Ejército español? No lo sabemos todavía y esperamos que un día se sepa. Lo que sí sabemos es quiénes no condenan con rotundidad, quiénes se ponen de perfil, quiénes se hacen lo suecos. Las derechas quisieron ser los árbitros sumarios en el reparto de los certificados de demócrata y defensor del Estado de Derecho. El inmenso mayor número de condenas por corrupción está entre las derechas. Cuanto más abre la boca el Gargantúa, más grande caga. Es tan dañina la actitud de las derechas que incluso han hecho olvidar, por sus deseos de ganar las elecciones en Madrid, y para ello convertir a la víctima que es el ex vicepresidente del Gobierno en actor del crimen contra sí mismo; es tan dañina, decía, la actitud de las derechas que incluso han hecho olvidar que también fueron amenazados de muerte el ministro del Interior y la directora general de la Guardia Civil. Estas son las derechas españolas. Es difícil atreverse a tanto.

No existen dudas sobre la veracidad de los hechos, como pretenden cuando afirman que todo se lo ha inventado Pablo Iglesias. Existe ya un informe de Correos y una protesta por el modo irresponsable en que se trató la carta sospechosa y no se hicieron saltar las alarmas en la Policía.

Tampoco existen dudas de que Otegi fue injustamente condenado en un juicio que no fue justo, por si acaso los amantes del Derecho no se habían dado cuenta de que la sentencia contra Otegi por terrorismo fue anulada por el Tribunal Europeo, por lo que Pablo Iglesias no es ningún blanqueador de nadie, y menos de Otegi que es inocente hasta que se pruebe lo contrario en un juicio legal y justo. No es justo destruir a quien no gusta, y menos justo si se hace con mentiras. Más mentiras, de las derechas con más condenas por corrupción de todas las derechas europeas juntas.

Ya hemos dicho muchas veces que ser de derechas es tan legítimo como tener cualquier otra opción. La opción para los demócratas de derechas en Madrid este 4 de mayo debería ser el silencio, en el caso de que no se atrevan a responder y exigir a sus líderes y una condena sin duda de las amenas terroristas.

 

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios (1)

Aurelio Hace 8 meses
Enviar munición militar no es un acto terrorista; es un delito de amenazas. Como no es un acto terrorista, no se puede hablar de terrorismo, sino de violencia coactiva, amenazas. Aparte de que está por ver la verdadera naturaleza y origen de esas supuestas amenazas; por eso están aún en fase de investigación policial. Los partidos de la denominada derecha no realizan ni organizan ni fomentan nunca actos violentos, no hay un solo ejemplo que se pueda traer a colación de violencia de derech
Ahora en portada
Lo más leído