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Qué maravillosos y prácticos pueden llegar a ser estos vídeos empeñados en que salgas de tu zona de confort. Lo curioso es que cuanto más los veo, más ansiosos y desesperados me parecen, según en el contexto en que se apliquen y en la zona del planeta que se difundan pueden causar estupor. Cada vez que veo alguno me veo disfrazado de hipster en alguna tetería céntrica de una capital saboreando, en plan postmoderno, con personas de un bagaje cultural excelente pero con más pájaros en la cabeza que una cabra harta de papeles, un té del altiplano, recogido por personas que trabajan 15 horas diarias y que no saben que “si se atreven a soñar podrán cambiar sus vidas...”

Mi encabezamiento va a parecer muy tóxico para muchas personas, pero me da que están instaladas en la clase media alta y que en caso de irles mal en sus vidas pueden acceder rápidamente a la solvencia de sus padres para resolver sus necesidades básicas. No critico esto, debería ser lo normal en cualquier país civilizado del mundo, pero la realidad mundial no es así. Y es entonces cuando entramos en esta endogamía de pensamientos hiperpositivistas que se reflejan en este tipo de vídeos. Qué por cierto, son cada vez más las multinacionales y empresas de “grandes emprendedores” que lo utilizan de forma “didáctica” con sus empleados. A mí esto me pone en alerta.

Somos nuestro pasado, nuestro presente y dicen que podemos moldear nuestro futuro. Un eslogan maravilloso si tu vida, como la mayor parte del planeta no estuviera supeditada a la supervivencia más radical, penosa y absoluta. Poner un vídeo de éstos en Bangladesh o Mali a alguien que jamás, repito, jamás podrá de salir de su zona de confort, es un dilema bastante cruel. Precisamente porque está confeccionando la ropa que llevamos en el último concierto alternativo, con el grafismo pop de moda.

Todo depende de lo que tú creas, te advierten. Trabaja, sueña y consigue retos, añaden... Cuando se es pobre y no se tiene ocio, la filosofía y el pensamiento crítico no surgen y mucho menos la posibilidad de cambio, salvo excepciones, solo nacen cuando tienes un rato de descanso para poder reivindicar o influenciar con tus decisiones o pensamientos. Si Platón hubiese trabajado de minero dudo mucho que su obra hubiese sido tan influyente en Occidente. Nos dicen que luchemos entre nuestros miedos y sueños, y que en ese linea intermedia reside el abismo que separa tu vida de mierda con una mejor. ¿Pero creen que esta ansiedad es soportable para los pobres del mundo? ¿Creen que ellos pueden soltar lastre?

No quiero sentenciar pero creo que en nuestra sociedad se va más al psicólogo que al sindicato (frase vista en Facebook), cosa que nos está llevando a un estado de individualismo tóxico, y que la esperanza puede volver loco a un hombre. El hambre y la miseria conllevan humillación y ésta da muchas malas ideas y pocas opciones. Sueño con un mundo donde todas las personas puedan tener opción a ver un vídeo de zonas de confort en ese tipo de tertulias. Que todas las personas puedan viajar como lo hizo Julia Robert en la soporífera película Come, reza y ama, interpretando a una gilipollas al cuadrado sin ningún problema realista, pero que viajaba con pasta en el bolsillo para solucionar conflictos internos. Anhelo que nos dejen de exigir, que nos nos sumerjan en la idiotez de la competitividad y de la superación sobre los bienes materiales. Porque al margen de la cultura o de lo ocioso, los únicos logros que en mi opinión merecen la pena, nada merece tanto estrés.

Cree en ti, te dicen, sal del círculo... joder, en esa tesitura, algunos hasta que no cojan coquinas en Marte no pararán. Por favor, estos temas han de tratarse con sumo cuidado y en petit comité, porque como dije antes, nos pueden mandar a freír monas en un instante o darnos un tapaboca. Cuando la supervivencia es tu día a día, antes que salidas de las zonas de confort, debe primar la revolución ideológica a favor del bien común, que esa, de todas todas, es la verdadera. Puede que haya sido negativo con esta columna, quién sabe, y osado, pido disculpas a los licenciados en Psicología, pero sin duda es lo que siento, porque a veces, en según qué contextos, puede ser por mi inseguridad o por una visión un poco catastrófica del mundo, me quedo con las patas colgando.

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