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José Antonio Bustamante, empresario y ciudadano indignado

Hace unos meses, a mediados de junio, me contactó vía Twitter un chico de Cartagena pidiéndome ayuda para denunciar y hacer público su caso. Después de varios emails intercambiados e indagar un poco sobre su asunto le prometí escribir sobre lo que estaba viviendo e intentar, dentro de mis limitadas posibilidades, hacer llegar su mensaje donde pudiera. Por algún extraño motivo, los grandes temas políticos nacionales retrasaban una y otra vez el artículo sobre Juan de Dios -así se llama el chico-, cuando en realidad son estos, los temas cercanos, los que deberían hacernos reaccionar más rápido.

Hará tres o cuatro días, mientras me afeitaba, escuchaba lo que comentaban en el programa Al Rojo Vivo, y me impactó escuchar su nombre. Salí corriendo del baño y ahí estaba él, explicando lo que meses antes me había explicado a mí y lo que, sin duda, habrá explicado en miles de ocasiones sin que nadie le hiciera caso. Se me cayó el alma a los pies porque me imaginaba cuántas personas como yo le habrían prometido intentar algo sin que nunca se llegara a concretar. Desde aquí mis más sinceras disculpas, Juan de Dios, y mis felicitaciones por haber logrado hacer público tu caso.

Juan de Dios sufre artrogriposis, una de esas enfermedades congénitas consideradas como raras, que le impiden estirar y flexionar tanto las extremidades superiores como las inferiores. Esto provoca que Juan de Dios esté, o bien en su silla de ruedas, o en su cama. Es ahí, en esa cama, donde su padre -de 70 años y con un grado de discapacidad del 33%- lo tiene que lavar a diario y donde él reconoce, con el lógico reparo, que es donde tiene que hacer sus necesidades. Se siente humillado y dolido porque, según me dice, debería ser él quien cuidara de su padre, y no al revés.

Con un grado de discapacidad del 88%, un grado de dependencia II y 28 años, emigró de la región de Murcia al ver que el PP allí no le hacía el más mínimo caso y se vino a vivir a un pueblo de Almería, llamado María, en parte porque ahí tenía su padre una antigua casa de una herencia familiar y en parte esperando que un Gobierno regional progresista hiciera algo más por él. Me consta que está agradecido tanto a su Ayuntamiento como a la propia Junta, ya que le han concedido una pequeña subvención que le permite costear su estancia en un centro privado, pero esta finaliza en noviembre y volverá a estar como al principio.

Lo que Juan de Dios necesita, lo que reclama, sin más, es una plaza concertada en un centro de discapacitados para que tanto él como su padre puedan vivir dignamente. "Es todo lo que pido, no quiero dinero", repite una y otra vez. Estoy seguro de que no debe ser tan complicado y, si es verdad que estos casos se resuelven por criterios profesionales, estamos ante un caso extremo. Espero que alguien que lea estas líneas pueda hacer algo por él, tanto para la plaza que necesita como para algún posible trabajo, porque Juan de Dios, además de discapacitado, es administrativo y diseñador gráfico. Cualquier persona que necesite sus datos para ponerse en contacto con él, ruego me los pida vía Twitter en @jabustamante1.

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