Sobre 'Heartstopper'.
Sobre 'Heartstopper'.

La primera referencia que tuve de Heartstopper fue una taza regalo  de mi hijo a la que tuve que pegar el asa por romperla mientras limpiaba la repisa de su cuarto hace muchos meses. Se la habían regalado junto a los libros de la colección para que él los promocionase en sus redes. Me llamó la atención que fuesen en forma de cómics, pero confieso que ni siquiera los hojeé. 

Hace pocos días, en un post suyo en Instagram, me enteraba que la colección de novelas gráficas se habían convertido en una serie de éxito en Netflix  y que por lo visto estaba causando furor en las redes; en el post explicaba por qué le parecía esto último tan importante. Comentaba que era una serie muy emotiva, sencilla y casi idílica, pero que ahí radicaba precisamente su importancia. La historia de Charlie y Nick, dos compañeros de colegio adolescentes que se enamoran perdidamente el uno del otro, podría enseñar a toda una generación de adolescentes que no hay por qué sufrir y que merece la pena ser tú mismo, porque siempre habrá quien te ame por serlo. 

Tiene razón. No es para nada otra historia de amor homosexual más, o de jóvenes atormentados. Totalmente alejada de las acostumbradas dosis de exceso de drama y de sexo de tantas series sobre jóvenes, ésta reboza ternura y autenticidad. Es un canto al amor y a la amistad, a la celebración de la vida. La sencilla narración del inesperado enamoramiento de dos amigos y los ajustes que se ven obligados realizar en sus tempranas existencias. 

Charlie tiene clara su orientación sexual desde el principio. Sin embargo, Nick, cuando conoce a su nuevo compañero, inicia un viaje de autodescubrimiento que jamás antes podría siquiera haber imaginado. Ese proceso de autoreconocimiento, y la conmovedora esperanza de Charlie es la que hace de esta una historia realmente especial y distinta. 

Después de ver la serie, sólo personas con el índice de humanidad al mínimo pueden seguir viendo la homosexualidad como una enfermedad o algo reprobable. Más bien nos invita a sentir la tristeza, el dolor y el sufrimiento de tantos y tantas jóvenes a las que nuestra sociedad y los estrechos esquemas mentales que perviven todavía les niega la posibilidad de vivir el amor o la amistad como lo hacen Charlie y Nick. 

La serie llama también la atención por el acertado casting, asombra la capacidad de dos actores tan jóvenes y casi inexpertos, para transmitir todo ese mundo de miedos, de dudas, de vulnerabilidades y de certezas finales que transmiten apenas con unas miradas o unos leves gestos. Todo un merecido y esperanzador éxito el de esta serie, basada en las novelas de la también joven Alicia Oseman que creó en forma de cómic en una web, y que todo el mundo, joven o mayor, debería ver.

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