prostitucion
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Llevo algún tiempo sin empleo, trabajando en diferentes precariedades y con el miedo descarnado ante un mañana sin recursos. Entre las muchísimas opciones que he barajado, explorado, buscado e intentado en este tiempo no ha estado la de prostituirme. Soy una mujer empoderada, viajada, leída… podría elegir ser prostituta, total sólo es una actividad laboral. Pero no lo elijo. Ni juzgo a nadie (si la hubiera) que lo elige. Es cierto que ya tengo algunos años y ahora, más que cuerpo de ola, mis hechuras son de tsunami, pero yo me sigo viendo mona y apañá.

El hecho de no plantearme ejercer la prostitución como empleo no tiene que ver con la moral, soy más libertina que puritana y, a estas alturas, el pudor es emocional no físico. Pero sí tiene que ver con mis derechos, con los derechos humanos, con los derechos que consagró Olympe de Gouges. Con el derecho elemental a no explotar ni mercantilizar a una persona. Mi cuerpo no sólo es el continente de lo que soy. Es lo que soy. Es la forma de expresarme y de relacionarme con los demás seres humanos, desde la superficie de la sonrisa hasta la intimidad de la piel.

La dominación del cuerpo de las mujeres por parte de los hombres es la más antigua y la más jodida de las dominaciones. El asunto ahora es que la mayoría de la sociedad lo sabe porque las mujeres nos hemos rebelado. Y hay quien quiere legitimar esa dominación mediante la regulación de una actividad mercantil consentida. Es el colmo del capitalismo: dominación y dinero en el mismo plano. Aprovechando la crisis, el desempleo, la precariedad y el dolor de muchas mujeres se trata de justificar y blanquear la existencia de la prostitución.

Conozco a alguna prostituta y me consta que ni su elección fue libre ni considera laboral su actividad. Pero conozco aún mejor a algún putero. De los que se pagan sus necesidades con su dinero, eso sí. Más escrupuloso con el dinero público que con el cuerpo ajeno. Es un tipo normal, funcionario y padre de familia. He escrito en cursiva la palabra necesidades porque fue la que él utilizó hace algunos años en una conversación en la que yo le recriminaba que defendiera la existencia y la pervivencia de la prostitución. Su certeza y su justificación era esa, las necesidades sexuales de algunos hombres que no podían satisfacerse de otra manera más que pagando a una mujer para que las realizara.

No quise continuar la conversación. Es un individuo real, de izquierda, universitario, defiende los derechos de los trabajadores, solidario, de vez en cuando cita a Gramsci…..Único chico en una familia trabajadora con algunas hermanas…. Un efecto del patriarcado, sin ninguna duda. Un marxista transformado en capitalista en cuanto al cuerpo de las mujeres. Este individuo es de los que defienden el sindicato de las mujeres prostitutas. Tal vez sea su única oportunidad de formar parte de alguna patronal. Considera que sindicadas tendrán cotización a la Seguridad Social, tarjeta sanitaria, declaración trimestral de IVA, prestación por desempleo, convenios con los hoteles o establecimientos donde se lleve a cabo la actividad… y no estarán esclavizadas ni sujetas a las mafias y a los proxenetas.

Y se lo cree. Se cree que cualquier mujer elige libremente ser puta. Que consigue una buena fuente de ingresos o que, incluso, se divierte ejerciendo la actividad. He de decir que este individuo está en la cincuentena. Es de la generación de hombres que han visto cómo las mujeres están cambiando el mundo. Y hasta se define como feminista, en público, eso sí. En privado el lenguaje, los chistes y la actitud son de machista de libro.

El debate sobre la prostitución no se ha abierto recientemente con el gol que, a decir de la ministra, le han colado con la aprobación del sindicato de prostitutas. Al menos en Andalucía se abrió cuando tuvimos conocimiento de que miembros del Gobierno habían pagado con dinero público una juerga en un puticlub de Sevilla. El importe rondaba los 15.000 euros. Y no fue la única vez que lo hicieron. Los reproches arreciaron por el uso del dinero público y por la actividad en la que se empleó. Nadie se acordó entonces de las prostitutas. Tenían que ser invisibles, como siempre.

Confieso alguna duda y busco argumentos de mujeres defendiendo la existencia del sindicato. Pero pese a haber leído cuanto he encontrado al respecto, sigo sin compartirlo. La prostitución no tiene nada que ver con la sexualidad, ni con una fuente de recursos económicos, ni con la libertad de elegir y de la igualdad ni hablamos (seguro que aparece alguno hablando de que también hay hombres prostituidos). Que el cuerpo de la mujer esté a disposición del hombre tiene que ver con la dominación: Tiene que ver con el machismo. Tiene que ver con el patriarcado. Y tiene que ver con el capitalismo.

El dinero que paga el cliente justifica la satisfacción de su demanda. Despoja a las mujeres de su condición humana y las cosifica. A tiempo parcial y a tiempo completo aunque sea con cotización por desempleo, eso sí. Y cuando la prostitución se haya normalizado ya hasta será gratis. El cuerpo de la mujer servirá para cubrir las necesidades de la sociedad y la distopía de la república de Gilead será real.

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