La Hermandad de las Cinco Llagas de Jerez volverá a contar con costaleros asalariados en su paso de palio por cuarto año consecutivo. Es, a día de hoy, la única cofradía que mantiene la contratación de una cuadrilla, una decisión que adoptó tras los sucesos de la Madrugada de 2022, cuando la corporación tuvo que regresar a San Francisco. Aquella noche las fuerzas fallaron. Meses después, la hermandad optó por contratar las cuadrillas.
Durante los tres últimos años ha estado al frente el capataz José Manuel Elena, pero este año toma el relevo Raúl Rodríguez, también capataz del Soberano Poder. Rodríguez acumula 16 años de experiencia en el llamador del misterio de la Granja y ha mandado igualmente en el palio del Refugio.
“La organización es la misma que en todas las demás”
Para Rodríguez, esta será su primera experiencia al frente de una cuadrilla asalariada, aunque asegura que esa circunstancia no marca diferencias con respecto a las cuadrillas de ‘hermanos’ o no remuneradas: “La organización de la igualá es la misma que en todas las demás, esto lo hago con total naturalidad, no se mira de una manera especial y diferenciada a lo que hago en el Soberano”, comenta a lavozdelsur.es.

Incluso sostiene que la gente con la que cuenta llega “con las mismas ganas y la misma ilusión”. A su juicio, el costalero hoy en día “te demanda que seas profesional en el oficio, que todo se haga de una manera más profesional”. En definitiva, viene a confirmar que el nivel de exigencia que se pide al costalero —y el que este se autoimpone— lleva al capataz a ejercer el mando con criterios que, comparados con otros oficios, rozan la profesionalidad, aunque no exista remuneración en la mayoría de los casos.
“Cuando el costalero viene a ofrecer su trabajo y se pone a tu mando, quiere que tú lo trates profesionalmente. O sea, que tú estés bien preparado, que los ensayos estén programados, que haya un horario y que este se cumpla”, asevera Raúl, quien considera que “al final el costalero está acostumbrado a eso y lo mira de esta manera”.
"Yo no soy nadie sin ellos"
Rodríguez afirma que su cuadrilla del Soberano Poder “es devocional y profesional a la vez en todos los aspectos”, y concluye que “al final es exactamente lo mismo”. Confiesa que es capataz porque “tengo a mis costaleros; si no, no lo sería. Yo no soy nadie sin ellos. Esto lo tengo clarísimo”, y se muestra convencido de que no existe diferencia por el hecho de que haya una consecuencia económica para los hombres que trabajan la salida.
“Cada uno de ellos hará lo que quiera hacer con esa repercusión económica. Yo no he forzado a nadie a que vaya ni he tentado a nadie económicamente para que venga. O sea, la tentación no es económica ni la gente va por el dinero”, ratifica el capataz, quien garantiza que “la gente va porque yo los he llamado y porque la gente es leal y va donde creemos que podemos ir, que se va a hacer un trabajo digno”.
Rodríguez plantea además que esa motivación económica “no es precisamente por cobrar 1.000 euros, estamos hablando de una cantidad muy inferior, por lo que el acicate del dinero se diluye a favor de otras cosas como sacar un paso con tu gente, con tu cuadrilla y sacar a la Virgen. ¿Qué más bonito que eso?”.
Defiende que la costalería tiene un fuerte componente vocacional, “que te guste el oficio. Yo tengo esa suerte porque el Señor me ha puesto ahí ahora la Virgen. Me encanta ser costalero como en la Soledad donde seguiré siéndolo hasta que pueda y mi cuerpo aguante”.
En el Soberano Poder, Raúl Rodríguez ha igualado a 162 costaleros, mientras que 81 se han quedado fuera por falta de sitio. Subraya, además, que este año es la primera vez desde que es capataz que no entra ni un costalero nuevo. En la Esperanza de San Francisco contará con dos cuadrillas y describe así lo que allí se vive antes de la salida: “Lo que se vive en San Francisco antes de que salga la cofradía es algo que te marca, es algo precioso: el recogimiento, el silencio, los rezos… es espectacular. Así que con esas ganas vamos”.


