Una bloguera se queja en directo de lo que siente como una mala costumbre: deja su ropa atiborrada sobre una silla y se complace de saber que otras personas tienen el mismo comportamiento que a ella le avergüenza.
Orden y desorden. Ropa, piel.
La ropa es aquello que está exactamente pegado a nuestra piel, es nuestra carta de presentación: simboliza la imagen que queremos darnos y mostrar a los demás.
En la adolescencia, ocupa un lugar crucial: la identidad es la ropa misma.
Chicas y chicos se quitan y ponen varios modelos antes de darse por satisfechos, miran al espejo infatigables. Van cambiando de estilo conforme al grupo musical o artista ideal. Con el transcurso del tiempo, las personas solemos separar nuestra identidad de la ropa que usamos.
Llevamos un tipo de prenda conforme al rol en cada momento del día: trabajo, salida festiva, práctica de deporte, pero la ropa no es la identidad.
Este tema es más complejo en los actores y aquellos que viven de su imagen social.
Mi estimada bloguera: la ropa amontonada de cualquier manera en una silla solo significa que eres desordenada. Contrariamente a lo que sostienen algunos autores, el orden externo no representa el orden mental.
Algunas personas observan atentamente su entorno y otorgan un lugar muy específico y exacto a cada objeto, el menor cambio lo detectan con facilidad y les resulta difícil de tolerar.
El personaje del Monsieur Poirot, en las novelas de Agatha Christie es un ejemplo simpático y extraordinario. La minuciosidad de los objetos también la lleva a su vestimenta, sus bigotes tan especiales que corta y peina cuidadosamente.
La misma actitud perfeccionista conduce sus pensamientos en la búsqueda de los criminales, las “pequeñas células grises”, (sus neuronas) como el mismo las llama.
El orden externo no coloca las ideas en su sitio mágica ni milagrosamente. Cada persona tiene su propio orden, aun en una silla atiborrada de prendas o en una mesa profusamente empapelada de documentos.
En aquellos casos en que el menor desorden provoca ansiedad estamos ante un síntoma psicológico. Suele estar acompañado de lo que Freud llamara “la neurosis del ama de casa” (obsesión por la limpieza y el orden).
En ocasiones las manos de estas personas suelen padecer lesiones cutáneas por el uso exagerado de productos abrasivos de limpieza.
La ropa, el más íntimo y cercano de los objetos de una u otra manera, simboliza el momento vital que una persona atraviesa. El duelo se representa con tejidos blancos en algunas culturas, en la nuestra es el negro.
Si volvemos la vista a la historia, siempre ha sido así: la ropa y los afeites de Cleopatra, los vestidos de la corte y los complicados trajes de los guerreros medievales.
Con orden o sin él, y por supuesto, fuera de la silla, la ropa habla de nosotros mucho más de lo que deseamos mostrar.



