Ser padre no es una obligación, pero sí una de las mejores experiencias que podemos tener en la vida.
Ser padre no es una obligación, pero sí una de las mejores experiencias que podemos tener en la vida.

Hace un par de noches antes de dormir le pregunté a mi mujer si yo era un buen padre. Ella me contestó: "Eres el mejor padre que conozco". A raíz de la ley que equiparó los permisos de maternidad y paternidad, publiqué un tuit con el que pretendía poner de manifiesto los privilegios masculinos. Decía así, “mira si tenemos privilegios los hombres, que somos los beneficiarios de un derecho por el que no hemos movido un dedo. Gracias feminismos”.

El tuit tuvo muchos “me gusta” y comentarios. Que si se trataba de una afirmación machista, que no tenía ni idea de lo que era cambiar un pañal, que se notaba que no era padre, o que ahora los hombres íbamos a coger el permiso por paternidad para tomarnos unas vacaciones. Leí no hace mucho un artículo de un conocido presentador de televisión en el que hablaba de la dureza que implicaba ser padre.

Bueno, pues tanto a los que escribieron comentarios a mi tuit, al periodista que escribió el artículo, y a tantos compañeros de género que no hacen sino quejarse de una paternidad que no ejercen, a esos padres presentes ausentes que no tienen ni idea de la mayoría de las cosas que le pasan a sus hijos e hijas, les dedico esta opinión.

Soy padre de dos adolescentes, nadie me obligó a serlo, no fue consecuencia del azar u otra frustración, sino el resultado de una decisión meditada, madurada, responsable y querida. Porque siempre he entendido que ser padre no podía ser fruto de la fogosidad del amor, el deseo u otro egoísmo, sino de un ejercicio de responsabilidad, hacia uno mismo, hacía las personas que decidimos traer al mundo, y hacía los demás.

Desde un principio me comprometí, junto a mi pareja, en la vida de mis hijas, su presente, su cuidado y su futuro. Tardes y tardes maravillosas de baños, horas y horas de desenredar el cabello, de secador, pañales, piojos y carrito, de idas y venidas al colegio a media mañana para cambiar chándal, calcetines, uniformes llenos de pipí. Tutorías y recogida de notas, compra de libros, materiales, juguetes, regalos, faldas, albornoces, abrigos. Años de trabajo en la AMPA del colegio, del instituto, y en el Consejo Escolar.

Malabares para conciliar la vida familiar y laboral, mañanas de prisas para llegar a tiempo al colegio, al instituto y al trabajo, salidas antes de tiempo para recogerlas, recuperación de horas de trabajo, cumpleaños, parques de bolas, grupos madres y padres, viajes de intercambio, fiestas de fin de curso, visitas al “niño sano”, termómetros, paños de agua fría, Apiretal y Dalsy, de llamadas de móvil si contestar, miedos, salidas, llegadas, temores, incertidumbres, amigas, amigos, problemas de comunicación, permisos laborales, risas y comentarios machistas.

No sé si soy un buen padre, y creo que esa pregunta me acompañará toda la vida, pero día a día desde que supe que lo sería, me esfuerzo para ello, e intento educarlas desde el cariño, el amor, la empatía, mis muchos defectos y errores y el ejemplo. Les demuestro que sus vidas me importan tanto o más que la mía y que mi compromiso con ellas es inquebrantable. Nunca me he desentendido de nada que les concierna. A veces pienso en la relación con mi padre y recuerdo que había barreas que no supimos traspasar, las comparo y respiro. Ellas lo hacen a su manera, sin miedos, ni complejos.

Por eso no entiendo a los hombres que se quejan o presumen de los esfuerzos que les supone una paternidad que no asumen, porque nada de lo que he vivido y vivo con mis hijas me ha reportado más que toneladas de felicidad y tranquilidad, la de saber que asumo mi compromiso, y que ello contribuye a que su vida y su futuro sean mejor.

Cuidar nos humaniza, ser padre a los hombres nos sienta bien, y nos debe de servir para terminar de una vez por todas con esa masculinidad egoísta y violenta que nos deshumaniza, y comenzar a vivir y relacionarnos desde la igualdad como personas que cuidan, aman y respetan. Ser padre no es una obligación, pero sí una de las mejores experiencias que podemos tener en la vida.

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