La valorización de los subproductos es la base del desarrollo sostenible y la economía circular

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Carmen María Fernández Marchante

Doctora en Ingeniería Química, profesora e investigadora de la Universidad de Castilla-La Mancha.

La valorización de los subproductos es la base del desarrollo sostenible y la economía circular
La valorización de los subproductos es la base del desarrollo sostenible y la economía circular

En España anualmente se producen grandes cantidades de toneladas de restos de materia orgánica de procesos agrarios y agroindustriales que no tienen ninguna salida comercial. En la mayoría de las ocasiones estas materias orgánicas generan graves problemas de contaminación relacionados con su escasa utilización. Castilla-La Mancha es la principal productora de vino de nuestro país con una producción anual de 3.000.000 de toneladas. Aun así, más del 20 % de las materias primas en la producción del vino no se ponen en valor.
En este sentido, la gestión adecuada de materia orgánica encuentra en la valorización un procedimiento que permite aprovechar los recursos materiales y/o energéticos contenidos en estos, al mismo tiempo que cambia su condición de residuos a subproducto fomentando la sostenibilidad y potenciando la economía circular. Para ello, existe una gran variedad de tratamientos para convertir la materia orgánica en combustibles renovables, como por ejemplo: digestión anaerobia para la obtención de biogás, pirólisis o incineración para la generación de energía, fermentación para la obtención de bioetanol, reformado catalítico para la producción de hidrógeno verde. Por otro lado, la sustitución de combustibles fósiles por renovables permitiría aumentar la vida útil del parque automovilístico actual, evitando así ese inminente e importante impacto ambiental que se generará fruto de la renovación masiva de vehículos eléctricos, con la gran demanda de materias primas que conlleva.

La valorización del bioetanol de restos de materia orgánica de la industria vitivinícola es muy satisfactoria desde el punto de vista del aprovechamiento integral de la materia, debido a que el bioetanol es un vector energético muy valioso, así como de aquellos vinos de baja calidad como los vinos de tercera o vinos degradados. Además, el uso del bioetanol puede permitir la regulación de la producción del vino para evitar así los excedentes en el mercado que hundan los precios del vino. Por otro lado, del bioetanol mediante reformado también se puede obtener hidrógeno verde o por fermentación acidogénicas de las aguas del proceso de vinificación con alto contenido de materia orgánica. Otra posibilidad es obtener biogás de las vinazas mediante digestión anaerobia. Así, estos subproductos pueden ser usados como combustibles competitivos frente a los combustibles fósiles, abriéndose una nueva oportunidad al uso de fuentes renovables globalmente disponibles y más particularmente a nivel regional.

En algunos casos, los subproductos de vinificación se han usado de manera minoritaria, para la producción de compostaje como enmienda orgánica del suelo, valorización de tartratos, aditivos y colorantes naturales. La uva y los derivados de la misma son recursos ricos en antioxidantes. Éstos se ven influenciados por el tipo de variedad, el sistema de vinificación y otros factores. Recientemente, se están proyectando otras vías de aprovechamiento en productos cosméticos y farmacéuticos. Como ejemplo podemos citar que los extractos de la granilla de uva se están empleando para cremas de belleza, debido a la actividad de antiradicales libres de estos antioxidantes. Por otro lado, el aceite de la granilla de uva tiene muy buenas propiedades nutricionales.

Por lo tanto, hay muchas posibilidades para llevar a cabo el aprovechamiento y la valorización íntegra de las materias primas, como recursos materiales o energéticos renovables. El que exista restos de materias primas que no se utilizan es consecuencia de ineficacias del sistema de producción, por lo que su valorización permite añadir valor a los procesos productivos e implementar la economía circular que potencie el desarrollo sostenible.

En definitiva, el desarrollo científico y tecnológico, junto a la formación de los jóvenes, es el motor del cambio de nuestra sociedad actual, optimizando los ciclos productivos, potenciando la economía circular y evitando la despoblación del mundo rural tan importante y relevante para garantizar el futuro de la humanidad cuidando y conservando el medioambiente.

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