Soluciones globales, problemas locales

Porque lo mismo que asistimos a una revolución tecnológica, somos testigos de la analfabetización más grande que ha existido jamás en el mundo rural, la analfabetización digital

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Técnica de Desarrollo Rural. Ingeniera T. agrícola.

Soluciones globales, problemas locales. San Isidro del Guadalete, una ELA del Jerez rural, en una imagen de archivo.
Soluciones globales, problemas locales. San Isidro del Guadalete, una ELA del Jerez rural, en una imagen de archivo. JUAN CARLOS TORO

Cuando uno se sienta en la terraza de un bar de cualquier pueblo andaluz, resulta de lo más interesante observar el entorno que nos rodea para darnos cuenta de la diversidad que conforma la sociedad rural. No sólo  en las apariencias fisicas o diferentes conversaciones sino en la variedad de gustos. Por ejemplo, una cosa tan sencilla como tomar un café, encontramos que nuestros vecinos de mesa los piden de lo más variopinto: café sólo, café con leche, corto de leche (cortado) o largo de café (manchada), descafeinados de sobre o máquina, y ultimamente hasta con leche sin lactosa... una variedad a la altura de la memoria de quien tiene que servirlos. 

Y me pregunto yo, si para una cosa tan sencilla y cotidiana como tomar un café, somos tan diferentes, ¿por qué nos empeñamos en las cuestiones políticas, económicas o sociales en poner café con leche para todos? Y valga un ejemplo: ¿es que es lo mismo una zona rural del norte que una del sur de la peninsula?; ¿Es que es lo mismo el medio rural del litoral que el de zonas de montaña? ¿Es que es lo mismo, el medio rural limítrofe a la ciudad que el más alejado de ellas? ¿Es que son iguales municipios de más de 10.000 habitantes que los que no llegan a 1.000?; ¿Es que van a ser igual municipios que están integrados en una zona protegida como un parque natural a los que se encuentran fuera de esa demarcación?  

Claro que no, las dificultades, características y necesidades de cada uno de ellos son radicalmente distintas aunque se compartan aspectos comunes a todos por tratarse de zonas rurales. 

Mientras eso lo no tengamos claro, o lo tengan claro las instituciones u organismos que se sientan al frente en la toma de decisiones, seguiremos asistiendo al éxito o el fracaso de polticas o implementaciones de proyectos que a priori parecen ser fantásticas y solución de problemas, pero desde mi opinión personal, algunas de ellas hacen aguas o adolecen de medidas sobre las consecuencias colaterales que tienen o de las incongruencias que se detectan. 

Los acuerdos laborales y la propia legislación en materia de trabajo de los últimos años ha beneficiado enormente las condiciones de trabajo de las personas trabajadoras; esto lo observamos sin duda en el sector agrario, donde la situación de los jornaleros/as del campo en pocos años ha dado grandes pasos, pero como comentaba en un principio, el café para todos ya topa con sus primeras incongruencias cuando se trata de explotaciones agrícolas que se encuentran en espacios naturales, al menos que yo misma haya tenido por conocimiento cercano.

El RD 486/1997 de 14 de abril por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo. En su artículo 9, establece las disposiciones que deben de cumplir los lugares de trabajo en cuanto a servicios higiénicos y locales de descanso. En el caso de las explotaciones agrícolas que no cuenten con instalaciones o edificaciones que contengan un servicio de higiene, esto es para entendernos un cuarto de baño, pues deberían instalarlo al menos con los requisitos que Real Decreto describe en su anexo V. 

Hasta aquí todo perfecto, es más, considero que no sólo es una medida excelente para el bienestar de los asalariados del campo, sino que además facilitaría la incorporación de la mujer al campo, que en estos casos, puede verse muy limitada por esa necesidad. Pero, ¿qué ocurre si la explotación agrícola no cuenta con ninguna construcción dónde poder hacerlo y tiene que instalar uno nuevo aunque sea portátil como los que vemos en las playas? 

A priori parece sencillo: se contrata con cualquiera de las empresas que se encargan de prestar este servicio y el centro de trabajo ya podría tener su aseo portátil. Pues no. 

Esto no pasa cuando la explotación agrícola, o sea el centro de trabajo, se encuentra en un espacio natural. Y aquí viene la primera incogruencia que encontramos, ya que previo a la instalación de ese aseo, que tu empresa de prevención de riesgos laborales contratada te ha incluido como medida correctora en su inspección, tienes que solicitar autorización de esa instalación al Espacio Natural.  

Y empieza el mareo para el propietario de la explotación: buscando empresas que ofrezcan este servicio en espacios naturales, que utilicen casetas en madera en lugar de resina para no impactar con el entorno, que se encarguen de la recogida de los depósitos extraíbles de limpieza y desinfección para no contaminar el suelo, etc., etc. Cuando al fin la encuentras (por cierto como detalle, los precios para casetas higiénicas de esas características rondan los 3.000 euros) y solicitas la autorización al parque natural, éste al tiempo, te contesta denegando tu solicitud porque no es compatible con el mismo. 

y ¿ahora qué? ¿Es una incongruencia o no, que una adminsitración deniegue lo que otra te obliga? Claro ejemplo de que el café para todos, no vale para todos según qué sitios. Pues de estas incongruencias encontramos algunos ejemplos más en el mundo rural. 

Ultimamente todooooo el mundo, rural y urbano, está desorbitado con los fondos Next Generation y su apuesta por  la transformación digital. Ya venía la administración local, provincial y regional haciendo sus tranformaciones digitales con la implantación de los registros electrónicos y las sedes virtuales de la administración; la instalación de red ADSL y luego fibra en los municipios; se sumaron las entidades privadas como las financieras y las aplicaciones móviles para la banca electrónica, las de salud para las citas médicas o pruebas, las culturales para acudir a eventos, plataformas digitales para el consumo de ocio con montones de canales en streaming (una palabreja para definir que no es en directo y lo puedes ver cuando quieras) o para comprar en un sólo click sin moverte del sillón. 

Vino el Covid-19 y, con él, el teletrabajo para quedarse, generando una oportunidad de retorno y asentamiento de personas urbanas en los pueblos y así una revolución en red que ha facilitado el acceso de la ciudadanía a la tramitación de gestiones administrativas, económicas, laborales o sociales que han supuesto una mejora en nuestra calidad de vida. Pero, ¿alguien ha pensado cómo les gusta el café a los mayores de 65 años que viven en las zonas rurales ? 

Porque lo mismo que asistimos a una revolución tecnológica, somos testigos de la analfabetización más grande que ha existido jamás en el mundo rural, la analfabetización digital. Nuestros mayores se sienten perdidos y desorientados porque los hemos aislados de sus rutinas diarias. Los hemos empujado al abismo de una analfabetización impuesta, pero además los hemos incapacitado al robarles independencia. 

Necesitan de otra persona para sacar una cita médica, porque no saben usar la fantástica "app" del móvil;  necesitan de otras personas para sacar dinero, pagar recibos o actualizar sus cartillas porque todo se hace por cajeros automáticos (el pueblo que  tenga la suerte de tenerlo, claro); necesitan de familiares para enviar un correo electrónico para modificar o presentar algún documento, o para generar el pin de clave porque no tienen certificado digital, etcétera

Revolución digital que a los menores de 65 años nos ha cambiado el mundo pero que en la población de las zonas rurales, que sufren tasas elevadas de envejecimiento, ha generado una brecha digital que más que brecha es un socavón, y es que la tecnología corre más que las personas y la implementación de todas esas medidas no ha venido acompañada, como sería lo logico, de un proceso de adaptación formativa o "escolarización digital " para nuestros mayores que estan aprediendo a torear solos con el toro ya en la plaza . 

Visto lo visto, creo que sería un buen momento para que reflexionemos y pongamos sobre la mesa que las soluciones magistrales que se proponen para corregir necesidades discriminatorias o desiguales, están poniendo en evidencia otras dificultades que pueden traer aún peores consecuencias. Que no se pueden dictar normas, decretos, leyes, o como queremos llamarlas, de cumplimiento obligado sin la coordinación o consenso del resto de legislaciones, administraciones o ámbitos de aplicación que tengan competencia en determinadas zonas y sus especificidades, porque nos toparemos de cara con las contradicciones entre distintas administraciones para una misma materia en una zona rural concreta de un espacio conreto. Que vivimos en un mundo globalizado ya lo sabemos, pero no podemos olvidar que lo local y lo particular es lo que suma al todo, porque todos iguales sí, pero no de cualquier modo y a cualquier precio. 

Hay que sentarse a analizar y estudiar las necesidades locales y valorar las consecuencias de la aplicaciones por totales. Sobre todo en las zonas rurales de interior, sobre todo en las de montaña, sobre todo en las zonas alejadas de ciudades, sobre todo en los pueblos de menos de 5.000 habitantes (ya no digo ni 1.000) porque no todo el medio rural es igual, ni lo son las personas que lo habitan, y eso es palpable con sólo sentarse a tomar un café en la terraza de un bar de cualquier pueblo.

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