Iniciativas en la Mancomunidad de Municipios Beturia.
Iniciativas en la Mancomunidad de Municipios Beturia.

Mucho se habla en los últimos tiempos del despoblamiento, del reto demográfico, de la España vacía o de la importancia de la puesta en valor de lo rural frente a lo urbano. Mucho se habla también del diagnóstico de los problemas de este mundo rural y de las posibles soluciones, es decir, de cuál es la problemática y qué hacer para solucionarla. Se menciona así la necesidad de dotar a las zonas rurales, a los pequeños municipios, de unas infraestructuras adecuadas, de unos servicios públicos de calidad y, como no, de la necesidad de promocionar las economías locales para generar empleo y fijar la población al territorio.

Sin embargo, pese al relativo consenso sobre el diagnóstico de los puntos débiles, de las amenazas y de las soluciones necesarias para combatirlos, la realidad es bien tozuda, y a pesar de los discursos, de las buenas intenciones e incluso de la implementación de muchos planes y programas, algunos de ellos millonarios, o incluso de la aprobación de leyes y normas de todo tipo, los datos demuestran el paulatino deterioro de muchos espacios rurales a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional y regional. Y esto es así porque, amén de otros motivos, es muy difícil que la inversión pública necesaria llegue a todos y a cada uno de los pueblos (no hay presupuesto público que lo soporte), como también es extremadamente difícil atraer inversión privada al mundo rural (el dinero es muy conservador y va allá a dónde tiene un retorno asegurado, espacios que normalmente suelen coincidir con las ciudades y los municipios del litoral).

Con estas premisas, y ante este escenario, la pregunta clave, para avanzar en el necesario y deseable desarrollo del mundo rural, no es, a mi entender, qué hacer (en eso estaremos básicamente de acuerdo y ya lo hemos mencionado antes), sino cómo hacerlo. Cómo avanzar en el desarrollo de nuestros espacios rurales con presupuestos públicos limitados y con inversiones privadas huidizas.

Evidentemente estamos ante un problema complejo que requiere respuestas complejas. Sin ánimo de sentar cátedra, simplemente adelanto aquí una de las soluciones que considero más necesaria, y a la vez más efectiva y eficaz, aunque pocas y raras veces haya sito activada de manera adecuada: Trabajar desde el paradigma de la cooperación. Hablo de la “verdadera cooperación”. Y hablo también de la cooperación en su sentido más amplio: Cooperación público-privada, privada-privada, pública-pública y, dentro de ésta última, de la quiero escribir especialmente hoy aquí, aunque sea de una manera muy somera y superficial: la cooperación intermunicipal a nivel comarcal, una escala, por cierto, muchas veces olvidada y poco tenida en cuenta en el diseño e implementación de las políticas y ayudas públicas en el medio rural.

Cooperación intermunicipal en contraposición a localismos. Cooperación intermunicipal para buscar espacios más amplios, más eficientes y más inteligentes, para alcanzar economías de escala, para alcanzar la dimensión apropiada para afrontar problemas comunes o propuestas de desarrollo, que no pueden, ni deben, resolverse o plantearse pueblo a pueblo, sino a una escala comarcal por cuestiones de eficiencia y eficacia en el uso de los recursos tanto públicos como incluso privados.

Cooperación intermunicipal, que si bien no constituye una manifestación moderna, es ahora más necesaria que nunca si reparamos en el hecho de que los ayuntamientos han pasado de tener un papel de meros prestadores de servicios básicos, hacia una estructura mucho más compleja en la que se articulan no ya sólo como verdaderos impulsores y motores de la economía local, sino que aspiran a mucho más, esto es, a convertirse en verdaderos sujetos activos de lo que se denomina la tercera ola del municipalismo, con el objetivo de configurarse como gobiernos que crean nuevos espacios capaces de generar una nueva gobernanza en zonas geográficas económica, social o culturalmente homogéneas.

Nuestro ordenamiento jurídico posibilita, en mayor o menor medida, varias fórmulas de cooperación intermunicipal: las mancomunidades, los consorcios, las asociaciones, los convenios de colaboración, los hermanamientos o las redes de municipios son algunas de estas posibilidades, sobre las que no vamos a teorizar aquí y ahora.

Mencionar, eso sí, una experiencia de éxito, un ejemplo práctico de las bondades de la cooperación intermunicipal. Hablamos del caso de la Mancomunidad de Municipios Beturia, en el Andévalo onubense, una de las comarcas menos desarrolladas de la comunidad autónoma andaluza y que, no obstante, ha sabido alcanzar en las últimas décadas unas cotas importantes de desarrollo. La Mancomunidad, con cerca de treinta años de experiencia en el territorio -se constituyó en febrero de 1993- ha sabido en buena medida tejer redes y unir esfuerzos e impulsar y/o acompañar proyectos de desarrollo tan importantes para el territorio como la puesta en regadío de una parte importante de la comarca, la promoción de las energías renovables, la actuación directa y generación de empleo en lo que se ha venido en llamar la economía de los cuidados, la promoción conjunta del territorio y sus productos y sectores económicos mediante la celebración de ferias de muestras y otros eventos promocionales, la creación de infraestructuras públicas en áreas como el deporte, la cultura o el patrimonio, o más recientemente en la puesta en marcha de iniciativas público-privadas como la creación de la Mesa Comarcal de Turismo o la Mesa Comarcal de la Ganadería Extensiva.

Esta última en cooperación y estrecha colaboración con la Fundación Savia, por citar algunos de los hitos más relevantes. Y como la tarea del desarrollo nunca alcanza su fin, de una manera más reciente con el diseño de proyectos para presentación a los fondos Next Generation dirigidos a la creación de una comunidad energética comarcal, a la propuesta de implementación de un plan de márketing digital para las pequeñas empresas locales, o al impulso de una estrategia de promoción territorial a la que hemos denominado “destapaelanévalo”, porque destapar es descubrir y saborear todos y cada uno productos agropecuarios locales, base de nuestra economía.

Pero sin duda ninguno de los logros conseguidos hubiese sido posible, al menos no en el tiempo y en la dimensión en que se han logrado, de haber trabajado cada pueblo por su cuenta y riesgo, de manera individual, desarticulada y desconectada.

Cooperar es obrar juntamente con otro u otros para la consecución de un bien común. Y cooperar es a la vez sinónimo de verbos tan bonitos, tan positivos y tan deseables como colaborar, ayudar, contribuir, acompañar, auxiliar, coadyuvar... Todo sería más fácil si aprendiésemos a cooperar más y a enfrentarnos menos, si colaborásemos más los unos con los otros, tejiendo alianzas y redes, y dejásemos al lado ese individualismo -personal e institucional- miope y cortoplacista. Cooperemos pues; este es uno de los grandes retos a nivel nacional y con carácter general y en nuestro mundo rural en particular.



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