Las jornadas de reflexión electoral son muy del mundo latino. En la mayoría de los países anglosajones no existen e incluso en algunos está permitido pedir el voto el mismo día de las elecciones e incluso a la puerta de los colegios electorales. Cada uno tiene sus costumbres, claro, pero yo soy partidario de la reflexión. Para todo. Probablemente porque soy una persona impulsiva. En realidad, creo que no habría que convocar elecciones para tener de vez en cuando una jornada de reflexión. Podría haber un sábado al mes que fuera ‘sábado de reflexión’, un sábado en el que nos dedicáramos a pensar un rato –aunque sea lo que dura una cerveza- en todo lo que nos rodea y en qué medida podemos hacer algo para cambiar, aunque sea mínimamente, algunas cosas.

En lo que se instaura ese sábado de reflexión mensual, hoy voy a hacer uso de la jornada de reflexión electoral. No va a ser un día para reflexionar sobre los partidos políticos y sus dirigentes –que, por cierto, siguen sin enterarse de la magnitud del cambio que realmente reclama la sociedad, y ahí siguen, usando de formar partidista el twitter del Ayuntamiento o pidiéndonos que tarareemos la música de Darth Vader, como si los ciudadanos formáramos parte de una carrera en la que nunca se tiene mayoría de edad aunque se esté más cerca del hoyo que del útero- pero sí para hacerlo sobre la política en general, sobre la que queremos y la que padecemos; sobre la política y su influencia en la vida real de las personas a través de la economía; sobre la política y el sesgo que no dan los medios de comunicación y las nuevas tecnologías … Todo, todo es política. Todo nos afecta y el que piense lo contrario, pues nada, a  seguir instalado en el ‘hedonismo para pobres’ que nos rodea, colgando fotos de cualquier pollada en las redes sociales y pensando que está al margen de la política, cuando esa es la política de la derrota (ergo, de la victoria de otros).  

No se trata de victimismos, al contrario, se trata sencillamente de ver qué estamos haciendo y qué podemos hacer. Se trata de nosotros, de la gente normal. Puede parecer mucha tela, mucha reflexión para una sola cerveza, como propuse al comienzo de este artículo, desde luego, pero a mediodía hace calor y se puede pedir una grande.

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