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La fortaleza frente a la adversidad. La honestidad de afrontar la vida como la vida nos exige.

La vida de algunas personas no es fácil.

Conozco a una madre joven y soltera, luchadora como pocas o, mejor dicho, como muchas. En un entorno asolado por la falta de empleos –incluso de subempleos o minijobs, y otras expresiones eufemísticas para denominar a lo que antiguamente se asemejaba tanto al vasallaje y que con tanto furor celebran nuestros Padres de la Patria y de sus Cuentas Suizas-, en este entorno empobrecido y desesperanzado, existen personas con una constancia tan gallarda, con una heroicidad tan callada y cotidiana… que, verdaderamente, son un golpe de aire fresco en esta ciudad triste, falsamente festiva, como la nuestra.

María del Carmen es aparejadora (¡ya hay que tener mala suerte en este tiempo!) y se gana la vida frente al autocad de su ordenador realizando proyectos de diseño, adaptación y rehabilitación de viviendas que le encargan empresas del Norte, con lo que consigue un salario miserable que apenas le alcanza para llegar a fin de mes. Es ama de casa, por tanto evito enumerar las infinitas tareas del hogar a las que tiene que hacer frente. Es una buena madre, cuida a su hijo y le prepara comidas adornadas para que Rafael se coma con más alegría las verduras. Es una buena amiga de sus amigos o, al menos, eso dicen de ella y no hay motivo para dudarlo. En fin, una buena persona de las que abundan tanto en nuestro entorno a pesar de lo que nos quiere hacer creer el corifeo oficial que no para de gritar: todos tenemos un precio, usted también si le invitaran a exponer sus miserias en una cadena de televisión, todos podemos ser comprados por dinero o por poder. No les hagan caso, es incontable el número de maestros, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, empleados públicos, aparejadores… que desempeñan su profesión con honestidad y con entrega. Y por cuya generosidad todavía este país no está definitivamente perdido. Así que les debemos, además, ese rayito de luz dudosa que con dificultad ilumina este tiempo que empieza a ser tan oscuro.

Los ejemplos más esplendorosos son siempre los cotidianos, eso lo saben los buenos padres. No hay que buscarlos en el santoral ni en los telediarios. Son aquellos tan cercanos que no tenemos suficiente distancia para apreciarlos.

Y con permiso de vuecencia, mi general, en mi modesta opinión y sin ánimo de ofender, la conducta de estos héroes difiere bastante de la de los del Ibex 35, y nos señala con claridad la decencia del verdadero patriotismo. La fortaleza frente a la adversidad. La honestidad de afrontar la vida como la vida nos exige.

 

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