Calles vacías durante el estado de alarma. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN
Calles vacías durante el estado de alarma. FOTO: ESTEBAN PÉREZ ABIÓN

Es evidente que esta pandemia además de tenernos confinados, con lo que ello está provocando a cada familia a nivel de convivencia, de enfermedad e incluso de fallecimientos, trae consigo una crisis económica importante. Miles de trabajadores y trabajadoras despedidas, negocios cerrados, la hosteleria y el turismo (sectores en los que hemos basado la mayoría de nuestra economía) a cero durante al menos dos meses, empleadas de hogar al paro, empleadas de hogar sin papeles sin poder enviar dinero a sus familias en su pais de origen.

Miles de familias que ya estaban sin recursos y que ahora ven truncadas las posibilidades de encontrar recursos propios, cientos de mujeres padeciendo a sus maridos maltratadores; niños y niñas sin poder optar a una alimentación saludable, personas mayores entregando su pensión al mantenimiento de sus familias hasta no tener nada que llevarse a la boca. Negocios estacionales que viven unos meses de la feria, la semana santa, el mundial de motos; artesanos y artesanas sin gente a las que vender sus obras de arte; actores, actrices, cantantes, bailaores y bailaoras, danza, teatro, músicos... Bolos cancelados hasta septiembre, tantas personas que se buscaban la vida en la calle, y así un largo etcétera.

¿Quién sobrevivirá a esta crisis? Algunas sobreviviremos, pero es evidente que somos absolutamente privilegiadas.

No he visto ningún otro momento en mis años de vida en el que esté más justificada la implantación de una renta básica.

Es ahora o nunca, si no es ahora ya no será, estoy segura. Y si no es ahora es que vamos a permitirnos dejar atrás a miles de personas. Es una cuestión de justicia social, permitir que las personas por el hecho de serlo dispongan de una renta mínima con la que contar en momentos tan duros como los que se avecinan es el concepto más básico de bienestar social que podemos entender.

Una sociedad que no garantiza las necesidades más básicas de su ciudadanía no debería poder llamarse democrática. Hay una fina línea a partir de la cual pueden exigirse derechos y obligaciones, entiendo que a partir de tener las necesidades básicas cubiertas podemos hablar de todo lo demás.

Además no es sólo por la circunstancia que ahora nos ha sobrevenido con esto del coronavirus, sino que todas sabemos que el pleno empleo no está garantizado, por lo que hay que ir aplicando otras herramientas que garanticen la forma de cubrir las necesidades (al menos las más básicas).

Este momento hace repensar la escala de valores, las prioridades. Hagámoslo poniendo a las personas en el centro, mirémonos como miramos a nuestros/as vecinos/as a las 20:00 de la tarde, de tú a tú como iguales. Cedamos los privilegios en pro del bien común de SALVARNOS TODAS.

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