Ventana de un café de pandemia.
Ventana de un café de pandemia.

Gerhard Richter es un pintor alemán mundialmente famoso que desde temprano comprendió la realidad movida que es la fotografía de la vida. Su obra Tío Rudi, 1965, una fotografía movida por él mismo con pintura, presenta a su tío en uniforme del ejército alemán. Es una foto movida. Su tío Rudi, a quien respetó y quiso más que a su propio padre, vestido con el uniforme que lo llevó a la muerte en Normandía en 1944. ¿Cómo seguir viendo claro cuáles son tus sentimientos y tus convicciones cuando el tío al que más quieres, que tanto te ha enseñado, representa la destrucción del mundo con su uniforme? Este es el ejercicio de reflexión que en España nunca se hizo, quizá también por ello Gerhard Richter es poco conocido por el gran público.

Tenemos convicciones, ideas claras y sencillas que nos permiten vivir en un mundo que sabemos que es muy complicado. Vivimos, todøs, bastante más asustados de que lo que podemos admitir. La vida nos parece como un barco en tarde de tormenta; si no nos lo parece lo hemos escuchado miles de veces, para que nos agarremos a los puntos de ese barco que no han dicho que son seguros. Nos aferramos a esos puntos seguros, lo que no nos permite ni siquiera ir a la cabina del timón para pilotar el barco. Entonces aparecen los capitanes del puerto subidos a los púlpitos, laicos o religiosos, para rescatarnos en medio de la tormenta. ¡Desconfío!

Desconfío porque esos capitanes lo mismo salen a gritar libertad que quieren imponer un régimen autoritario. Salen con banderas de una dictadura, justifican o disculpan la dictadura o no la condenan. Protestan en coches descapotables y con ropa cara de firma, mientras miles de personas en España hacen cola en la calle para recibir comida.

Gerhard Richter y su Tío Rudi, el buen tío, el guapo y atractivo, el que le enseñó a manejarse en la vida, el que llevaba el uniforme del ejército que destruyó el mundo; Richter confesó sus dos sentimientos, pero no disculpó a su tío y criticó su uniforme y lo que representaba. Cualquier totalitarismo, cualquiera, lleva siempre un uniforme para destruir el mundo. Lo llamativo es que en España un Parlamento plural, con partidos de diferente signo político, cristianos, moderados, conservadores, independentistas, socialdemócratas, socialistas, comunistas, todos de acuerdo han aprobado el Estado de alarma. Todos excepto las derechas cuyo origen primero está en la dictadura pasada.

Derechas que crean el caos para subirse luego a los púlpitos como capitanes prácticos del puerto, y se suben a recomendar mano dura disfrazada de libertad. ¡Desconfío!

En muchos cafés de Alemania, también en España, se vende en la puerta o por la ventana. Han puesto una lámina de plástico que cubre la mayor parte y por la parte inferior entregan el café y reciben el dinero. Richter y sus Rosas, de 1994. La lámina de plástico transparente se mueve por la brisa y deforma lo que hay detrás, las caras de quienes nos sirven ese café oloroso, la sala que hay dentro. Al mismo tiempo, nos reflejamos nosotros mismos en esa lámina, y se refleja todo lo que está detrás de nosotros. Esa lámina de plástico transparente de los cafés de pandemia se convierte en una suma muy diversa de líneas y colores, se vuelve una foto movida. Todo se vuelve confuso. Hay que aprender a mirar en ese caos de formas y colores. A ratos vemos a alguien al otro lado, a ratos no. Hemos pedido un café, lo esperamos, lo recibimos, lo pagamos, damos las gracias, nos retiramos de la ventana, lo saboreamos, cambiamos unas palabras con alguien como nosotros.

No necesito preguntarme qué será de mí mañana. Yo no, pero cientos de miles de personas se lo preguntan en las colas de la Plaza de la Catedral donde reciben comida, pero no en la catedral: la catedral no da nada.

La realidad nunca es clara, siempre está movida, es como la lámina de plástico transparente de un café de pandemia que sirve por la ventana. Sí, es difícil vivir sin convicciones absolutamente sólidas, solo que lo que en un barco primero se rompe es lo rígido, lo que no es flexible, y está expuesto al viento. Se pueden cambiar las ideas, las políticas y las morales, si se tienen mejores informaciones. Si somos lo que pensamos y no cambiamos nuestro pensar nos convertimos en estatuas, inertes, sin vida. Justo lo contrario de la libertad.

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