Este artículo podría comenzar así, como si fuera un guión cinematográfico: un periodista maduro charla en una conocida cervecería del centro de Jerez con una joven candidata a concejala que ha conocido hace unos días durante la campaña electoral.

Este artículo podría comenzar así, como si fuera un guión cinematográfico: un periodista maduro charla en una conocida cervecería del centro de Jerez con una joven (pero no tanto) candidata a concejala que ha conocido hace unos días durante la campaña electoral. Mamen Sánchez acaba de ser nombrada alcaldesa en parte gracias a los votos de su formación política, aunque la joven no ha sido elegida, entre otras cosas porque en el puesto en el que iba no podía ser. No obstante, ella está contenta y satisfecha con el pacto de investidura que ha cerrado el paso a la candidatura más votada, la del PP, mientras él contesta que se juega lo que quiera (ella) a que el mandato que en ese momento se inicia va a ser un auténtico desastre, cuatro años perdidos para una ciudad que no se lo puede permitir. La euforia de la victoria del 7+5+2 choca con la apreciación pesimista emitida por el periodista, que inmediatamente es tildado de reaccionario —bueno, no, la palabra está en desuso— y escucha el consabido “bueno, ya hablamos” como despedida inesperada. Fin de la sinopsis de una historia tipo cine francés en la que hubiera habido interesantes diálogos, giros, quiebros y requiebros (no interpretar en su acepción de piropo) en lo que van cayendo alegremente las cervezas en una terracita una plácida noche de comienzos de verano.

O puede que la historia comenzase con un alegato a favor de la segunda vuelta en las municipales cuando se dan resultados como el que arrojaron las urnas en Jerez. El problema es que lo ha planteado el PP y lo ha hecho solo después de que el PSOE y Podemos y sus afines le cerraran el paso en muchas alcaldías (tal y como hizo en Jerez, por cierto, el propio PP con el apoyo de Pacheco en 2003). El cronista lo dijo por escrito: aquí debe gobernar el PP, que para eso ha ganado las elecciones, o debe gobernar un auténtico gobierno de izquierdas formado por PSOE, Ganemos e IU (o al menos un gobierno sustentado en un acuerdo para todo el mandato) que también ha ganado las elecciones, lo que no vale es decir te voto a ti como mal menor y ya intento que mi programa se vaya cumpliendo desde la oposición mientras dejo a los animosos (o imprudentes, a elegir) socialistas que se achicharren gobernando con siete (seis en la práctica) concejales a los que, evidentemente, no eligió nadie para que gobernaran en esas condiciones. Ah, claro, y todo el mundo feliz porque no gobierna el PP. Bien, este artículo empieza a ser también reaccionario, así que no será. Aquí se quedan las líneas maestras de este artículo nasciturus, con sus argumentos, contraargumentos y giros insospechados que nunca verán la luz…

Este artículo finalmente comenzará citando una película, como deber ser. La vieja escuela. Y la película va a ser una de las más bordes que recuerdo. Quiero la cabeza de Alfredo García, de Sam Peckinpah. Tiene puntos en común con el rodaje de la película que se está llevando a cabo estos días en Jerez de la Frontera, Quiero la cabeza de Mamen Sánchez. En ambos casos estamos hablando de venganza, venganza en la frontera, venganzas personales. En vez de un rico hacendado poniendo precio de un millón de dólares a la cabeza de un tal Alfredo García, en nuestra particular Frontera tenemos a 51 asamblearios de Ganemos que han decidido poner precio a la cabeza de Mamen Sánchez, aunque para ello tengan que votar lo mismo que su antagónico —como se ve, no siempre, al menos no en todas las circunstancias— Partido Popular. Como en la película le pasa al tal Alfredo, todo el mundo sabe de entrada que se le ha puesto precio a la cabeza de Mamen –en este caso, facilitar la gobernabilidad- por lo que no hay factor sorpresa. Es lo que tiene actuar con máxima transparencia: al final no se puede hacer política. Está claro que en Ganemos nadie juega al póker. No se puede ir a una negociación con las cartas de partida boca arriba, eso ni siquiera ocurre en la modalidad Texas del juego, siempre con dos tapadas, las de la mano. Con esa premisa, reproduzcamos ya la posible conversación de una mesa de negociación entre PSOE (sin Mamen) y Ganemos:

—Ganemos: Hola, qué tal…

—PSOE: Bien, aquí. Hemos estado mejor, tú sabes, pero bien… Al tema, ¿qué queréis?

—Ganemos: Queremos la cabeza de Mamen Sánchez.

—PSOE: Sí, ya, leemos los periódicos…

—Ganemos: Pues eso…

—PSOE: Hombre, en el transcurso de una negociación, tal vez, pero así, de entrada… ¿Ya? ¿Algo más? ¿Qué se guardan ustedes? Anda que…

En fin. Una buena carta no se puede convertir en condición sine qua non, encima pregoná: la cabeza de Mamen Sánchez. Así no se juega. ¿Qué ocurre con los otros cinco o seis concejales del PSOE, según se quiera contar, son todos válidos, están exentos de culpa? ¿Realmente Ganemos habría aprobado sin mayor problema la misma propuesta de presupuesto municipal de haber sido descabezado el PSOE, descabezado de Mamen Sánchez, queremos decir? Entonces, si es así… ¿dónde acaba la política y dónde empieza lo personal?

Bien, no sabemos si, como dice el PSOE, en Jerez están sonando las trompetas del Día del Juicio Final por el fiasco del Presupuesto municipal. Lo que sí es cierto, porque desde el jueves está demostrado, es que alguien está empeñado en que quiere que le traigan (que traduce mejor el bring del título original en inglés de la película) la cabeza de Mamen Sánchez… y que esa apuesta, como todo acto, puede tener consecuencias… otra cosa es que acaben pagándolas, como ocurre siempre, los ciudadanos, sobre todo los que ni saben ni entienden nada de póker…

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