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Este mundo está cambiando muy rápidamente, los que antes eran mayoría en poco tiempo se pueden convertir en minoría y al revés. Eso sí, que no me quiten el jamón.

Todos los que tenemos buen paladar sabemos que el jamón ibérico es una delicia y no haría falta citar a nuestro Nobel de literatura, Camilo José Cela, que consideraba este manjar como un bocado propio de bienaventurados, para ensalzar sus cualidades. La fama del jamón de pata negra, especialmente de la denominación de jabugo, ha traspasado fronteras y está entre los platos gourmet de los grandes restaurantes internacionales. Este producto por su exquisitez y por su crianza debería ser considerado por la Unesco Patrimonio Gastronómico de la Humanidad. De hecho, el ayuntamiento de este pueblo serrano de Huelva ha iniciado los trámites para conseguir dicha declaración. Además, es un producto saludable por su bajo contenido de ácidos grasos saturados e incluso su consumo ayuda a preservar el medio ambiente, pues la ganadería  porcina que pasta libremente en esas tierras colabora en la protección de las dehesas arboladas y el bosque mediterráneo.

A pesar de tener tantas cualidades, esta delicatesen está prohibida para los musulmanes por ser carne de cerdo. Dicha prohibición es comprensible con perspectiva histórica e, incluso, recomendable actualmente para  países con pocos controles sanitarios, ya que el consumo de cerdo sin garantías sanitarias podría producir enfermedades parasitarias graves como la cisticercosis o la teniasis, entre otras. Pero lo que fue una norma profiláctica se ha convertido en un precepto religioso. A pesar de todo, a nadie se le puede constreñir a hacer lo que no quiere y sería calamitoso que impusiéramos nuestras normas y obligáramos a comer cerdo a gente que cree que con su ingesta peca. Aunque lo que no es de recibo es que ocurra lo contrario como ha pasado en Mataró.

En este municipio catalán, los padres de los niños de la escuela Rocafonda, al comenzar el curso, se encontraron con que habían cambiado el menú del comedor de sus hijos, sustituyendo la carne de cerdo por carne halal. Este es un colegio que tiene un porcentaje muy alto de inmigrantes, un 33%, pero evidentemente no son mayoría y se impuso la restricción de carne porcina para todos. La carne halal es aquella que es aceptable conforme la sharia y sacrificada en nombre de Allah según un ritual de sacrificio específico, lo cual no casa mucho con la mayoría cristiana que iba a almorzar. 

Ante tal desastre, los padres han puesto una reclamación en el colegio, sobre todo cuando han comprobado que el menú no musulmán, estaba lleno de verduras y con poca carne

Después de la protesta airada de los padres, el colegio ha rectificado y ha manifestado en su defensa que era un mal entendido y que se podría optar a otro menú pero, eso sí, con cuscús, falafel, tabulé, cúcuma, fajol, comidas más propias de la cultura marroquí que de la catalana o española, provocando que los alumnos apenas probasen sus platos. Debido a la inapetencia de la mayoría de los niños, han ido disminuyendo poco a poco esos guisos más propios de otras latitudes. Ante tal desastre, los padres han puesto una reclamación en el colegio, sobre todo cuando han comprobado que el menú no musulmán, estaba lleno de verduras y con poca carne. Ya hace unos meses en este municipio, concretamente en el mismo barrio del colegio, hubo una  polémica porque se celebró una fiesta popular en la que se repartieron bebidas alcohólicas y se suministró una paella con carne de cerdo, pero en la que se propuso eliminar la carne porcina  y el alcohol  para que participaran también los musulmanes de la zona, pero la organización se negó. 

Hoy día, hay una tendencia ingenua que cree que hay que favorecer a las minorías que llegan de fuera, aunque se fastidien la mayoría local, en vez de intentar que los de fuera se vayan integrando, adaptando poco a poco a nuestras costumbres o, en su caso, que cada grupo social haga lo que quiera, sin interferencias, sin imponer al otro lo suyo. No puede haber una mayoría aplastante o asfixiante, pero tampoco debe de imponerse una minoría tirana y extraña que nos traiga costumbres foráneas, no arraigadas en nuestro territorio y nos fuercen a practicarlas, pues eso, crea descontento, xenofobia y choque de civilizaciones.  

Hay que evitar la chispa y se deben de respetar los unos a los otros. Este mundo está cambiando muy rápidamente, los que antes eran mayoría en poco tiempo se pueden convertir en minoría y al revés. Eso sí, que no me quiten el jamón.

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