Juan Manuel Moreno Bonilla y Alfonso Fernández Mañueco, en un mitin en Salamanca, en la campaña del PP en las autonómicas de Castilla y León.
Juan Manuel Moreno Bonilla y Alfonso Fernández Mañueco, en un mitin en Salamanca, en la campaña del PP en las autonómicas de Castilla y León. PP CyL

Para el Partido Popular y para España, los resultados de las elecciones del 13F en Castilla y León están envenenados por Vox. Su presidente, Alfredo Fernández Mañueco las anticipó para hacerle el caldo gordo a Pablo Casado, y que éste pudiera lucir amplia mayoría frente a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que le disputa velada y abiertamente, el liderazgo español del PP. Casado lo intentó antes en Andalucía pero el tándem Moreno (PP)-Marín (C´s) se lo impidió.

Con Mañueco lejos de la mayoría absoluta, Vox pide entrar en el gobierno con vicepresidencia incluida. Las condiciones iniciales, para empezar porque irán a más, son: liquidar la legislación contra la violencia de género y la normativa de memoria histórica. O sea, dejar a la mitad de la población castellano leonesa, las mujeres con sus hijos e hijas, sin protección institucional contra la violencia machista estructural, y lavar el cerebro colectivo ocultando de la verdad histórica la infamia asesina, cuanto menos, de sus antepasados ideológicos franquistas.

Juan Manuel Moreno Bonilla, el presidente andaluz, estaba esperando los resultados castellano leoneses para determinar la fecha de las elecciones en Andalucía. Visto lo visto le ha entrado el miedo en el cuerpo, tanto a él como a su socio Ciudadanos. Ni Castilla y León es Madrid, ni Andalucía es Madrid o Castilla y León. España es diversa, y no hay una España, de hecho hay territorios donde España es una ausencia. Pero no solo las identidades culturales cuentan, también los problemas históricos estructurales que acaban canalizándose vía identidades territoriales. Teruel Existe lo demostró, el 13F lo hizo Soria Ya. Si esto sigue así a España no la va a romper el independentismo catalán, saltará en astillas con un conjunto de clamores provinciales justificados del tipo “para cuando de lo nuestro”.

Para el PP andaluz, ir a una campaña electoral con la expectativa de tener que gobernar con Vox, un partido de raíz antidemocrática, anti estado de las autonomías, anti europeista, que no reconoce la desigualdad de género, que ignora el cambio climático y sus efectos, con propuestas inhumanas (inmorales) respecto de la inmigración, que no apoya ni una solo de las mejoras en derechos laborales, que está en contra de cualquier progreso fiscal y de los servicios públicos, y que considera la tierra, el mar y el agua meros contenedores extractivos y de basuras, es un inhibidor de voto. Recordemos que a la derecha andaluza aquel “Andaluz, este no es tu referéndum” del 28 de febrero de 1980, le costó 37 años de oposición en el sur y le puso muy difícil competir con el PSOE de Felipe González para alcanzar el gobierno de España.

Andalucía no está vacía como Castilla y León, el efecto capitalidad de Sevilla o Madrid no ha provocado un vaciamiento generalizado, si puntual en algunas comarcas, a pesar del tremendo éxodo de humanidad andaluza cualificada que hemos sufrido en el último decenio. Se está a tiempo de parar el proceso. La capitalidad andaluza, se enfrenta a un sentimiento extendido de agravio de poder. Andalucía ha sufrido desindustrialización y desestructuración territorial. Lo primero ha afectado a todas las provincias, lo segundo a todas las comarcas. Como no han existido políticas autonómicas de industrialización y de cambio de modelo productivo, no ha habido nada que repartir, consiguientemente los agravios reales de las provincias respecto de Sevilla han sido mínimos,. Todo el territorio andaluz ha sufrido la devastación industrial y la destrucción territorial y ambiental. La economía precaria va de Este a Oeste y de Norte a Sur.

A Andalucía la descohesiona la concentración del poder, la sensación de que las decisiones sobre lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer se toman lejos de sus capitales y sus comarcas. A eso contribuye la falta de ferrocarril que estructure un territorio común. La extracción de sedes y órganos de gobierno provinciales y su concentración en Sevilla en torno a San Telmo. El cierre de colegios en el mundo rural, la falta de banca propia  y su reflejo en todos los pueblos, el deterioro de la sanidad territorializada. En definitiva, un abandono que se retroalimenta. No está en ningún plan del gobierno andaluz enfrentar los problemas estructurales de servicios en el campo andaluz, ni la reindustrialización, ni la recuperación ambiental o patrimonial. Por otro lado, en las zonas pobladas no existe plan más allá de insistir en el turismo, la construcción y la demanda de inversiones (el otro día en Abu Dabi) para seguir llenado de ladrillo el litoral, el campo y las sierras. Por supuesto, no hay en el gobierno andaluz plan alguno de lucha real contra el cambio climático y sus efectos.

La derecha no tiene plan, el plan de Vox es destruir Andalucía y entregarla a Madrid. Pero, ¿tiene plan el PSOE de Andalucía? Por lo que está demostrando Juan Espadas, cuya campaña de promoción está inundando todos los digitales, no tiene más plan que volver a las andadas, lo de Doñana y los regadíos ilegales de Huelva lo certifican.

¿Y la izquierda, tiene plan? Seguro que sí, seguro que el programa electoral será redondo. La cuestión es que se necesita un plan estratégico que pase por situar Andalucía en el centro de los debates de estado. Federalizar hacia dentro y federalizar hacia afuera, federar también sus propias estructuras orgánicas. Nadie se identifica con un proyecto si siente que las decisiones se toman fuera de su municipio, fuera de su comarca, fuera de su provincia o fuera de su comunidad. Implantar es federalizar, territorializar el poder.

En Castilla y León la izquierda nunca a tenido verdadera implantación territorial, lo de la alcadía de Zamora es algo exótico, en Andalucía sí que ha habido siempre una importante implantación territorial y una fuerte identidad propia, tendría que aprovecharse. Próxima estación, Andalucía.

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