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"El  lenguaje cambia con el tiempo y la ortodoxia de la gramática va perdiendo su rigidez y se flexibilizan  conceptos y  formas"

Muchos al leer el título de este artículo pensarán que este articulista ha cometido un error, pero el que piense  así se equivoca. Según la RAE, polígloto debe ser utilizado como sustantivo masculino y como adjetivo. La equivocación viene de que acostumbramos a decir “esa persona es políglota”, lo cual es correcto, dado que persona es un sustantivo femenino y, como tal, debe tener su concordancia con el adjetivo correspondiente. Por economía de lenguaje, hemos eliminado persona y se ha quedado el femenino en el imaginario colectivo de los hablantes de castellano, que harán que un día la forma masculina desaparezca definitivamente por falta de uso.

El  lenguaje cambia con el tiempo y la ortodoxia de la gramática va perdiendo su rigidez y se flexibilizan  conceptos y  formas, y toda unidad lingüística cargada de significado evoluciona o se transforma. Por ejemplo, la norma es que los participios de presente se forman con ente o ante, independientemente  del género, que sólo cambiaría, dependiendo del mismo,  con el artículo le o la. Así se diría el estudiante o  la estudiante, el amante  o la amante, el cantante o la cantante si es masculina o femenina la persona que estudia, ama o canta. Pero curiosamente un vocablo que tiene una connotación de mando  como es presidente (el o la que preside), si se quiere acentuar el aspecto femenino del mismo, cuando es ejercido por una mujer, admite, según la RAE, saltarse la regla, y se puede escoger entre  el término presidenta , o  la expresión más neutra como es “ la presidente”. Este nuevo  uso del lenguaje se va imponiendo  y trastocando las normas (cuando  en castellano no existe participio de presente terminado en enta). A este paso, posiblemente el participio de presente desparecerá poco a poco. En cambio, el participio de pasado  en el castellano admite género, por lo que se debe de decir el amado o la amada, cantado, cantada, presidido o presidida.  

Otro de los errores comunes es utilizar mal los verbos. Todavía me acuerdo de que en las clases de Formación del Espíritu Nacional, obligatorias cuando yo estudiaba bachillerato, los profesores de la asignatura utilizaban con insistencia la frase: tal o cual detenta el poder. Y así, casi todos los alumnos aprendimos a pie juntillas que Franco detentaba el poder en ese tiempo. Con el paso de los años, y una vez que averigüé que detentar el poder significaba ejercer el poder ilegítimamente, llegué a pensar que esos profesores de política  lo hacían adrede, porque  no me podía explicar tamaña equivocación en docentes, máxime cuando algunos de ellos ostentaron  después cargos de relevancia en la democracia.     

El lenguaje tiende a simplificarse. Existen en español distintas conjugaciones, según los infinitivos  de los verbos regulares terminen en -er, -ir o -ar, que hemos conservado como recuerdo de  las declinaciones del latín,  pero los que terminan en -er o -ir tienden a quedar relegados y no incrementarse, como residuos de ese pasado del habla de los romanos. Hoy día todo nuevo verbo se conjuga a partir del infinitivo en -ar: zapear, tuitear, teclear, googlear, fotocopiar, photoshopear. No existe una norma para crear estos  nuevos verbos, pero todos se rigen por un mismo esquema común, como si nuestro  idioma tuviese  una vida propia y un comportamiento evolutivo predeterminado.

Además, el  habla es caprichosa ¿Por qué decimos aceite y no óleo, mientras en otro idiomas conservan su etimología  latina, como en inglés oil , o en francés huile, o en alemán Öl Sencillamente  porque nos gustó más la palabra de origen árabe. Igual que decimos ojalá, que significa, si Alá quiere.

Lo que es difícil de encajar es el uso cotidiano de esas nuevas palabras que ha introducido la RAE, procedentes del vulgarismo, como  almóndiga (de albóndiga), toballa (de toalla), dotor, (de doctor), otubre (octubre) o asín (de así). 

También cambiamos el significado de las palabras y la escritura. Lo correcto, aunque ya está en desuso, es decir “uebos me es”  que significa me es necesario , que  deriva de la palabra latina opus (obra, necesidad) y no huevos  que tiene una connotación sexual y machista. Aunque ahora cada vez se dice con más frecuencia, si es una mujer la que habla: por ovarios. 

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