Policías luchando contra los disturbios en Barcelona, en días pasados. IMAGEN: RTVE.ES
Policías luchando contra los disturbios en Barcelona, en días pasados. IMAGEN: RTVE.ES

La crisis del clima, como la estamos denominando, en realidad la crisis del capitalismo salvaje, tiene a la Humanidad en vilo por el peligro de su existencia en un futuro más cercano de lo que se quiere aceptar. A Los Verdes alemanes los nombraban, las derechas y los autodenominados liberales, el partido de la protesta. La estrategia consistía en desprestigiarlos y desprestigiar la protesta en sí misma. De esta manera, también, se construía una narrativa que otorgaba, de manera creciente, una cierta carta blanca a la brutalidad policial.

Hace pocos días, un tribunal de Colonia acordó que el desalojo del bosque de Hambach fue contrario a la Ley. La sentencia no es firme todavía, pero la actuación de la policía, en 2018, ya entonces fue muy criticada. La policía bajó de los árboles, donde se habían colgado, a numerosos activistas que habían construido, durante años, casas donde se habían instalado para vivir y salvar aquel bosque de la extracción de hulla. El problema, además, protagonizado por el hoy candidato a la cancillería Armin Laschet, escondía un truco: que las casas de los árboles de los activistas no reunían las condiciones de seguridad.

Estos días se ha celebrado la Feria Internacional del Automóvil a la que han acudido, también, los activistas por la defensa del clima, y contrarios al automóvil como grave peligro contra el planeta. El ministro del Interior bávaro, de la conservadora CSU, alabó en extremo la acción de la policía, la misma acción ante la que muchos de sus agentes se muestran abiertamente críticos y admiten que se pudo haber detenido a personas por las más peregrinas de las razones, incluso retenciones ilegales.

La idea de lograr una sociedad sin molestas protestas mediante el uso de la violencia, aparentemente legal, mediante la policía, es más que problemática en nuestras sociedades democráticas, pero un proceso creciente en demasiados lugares de Europa. Creo que todos recordamos a niños y adolescentes arrodillados ante los agentes de la policía antidisturbios en Francia, y a un Gobierno incapaz de manejar la situación.

En las protestas se ven, muchas veces, las molestias pero se atiende demasiado poco a las razones que llevan a las personas a protestar, elemento fundamental en la vida democrática de una sociedad. Se combate el malestar social con violencia o con un pseudo diálogo predestinado al fracaso para legitimar la violencia del Estado, y años después se sabrá lo que verdaderamente ocurrió.

Los gobernantes suelen temer la pérdida de su popularidad en una sociedad cada vez más envejecida y miedosa, que abraza la idea de la mano dura contra las protestas. Hay medios de comunicación, especialmente emisoras de televisión, que repiten escenas donde aparece el fuego y la sensación global de desastre, alimentando así el descrédito absoluto de las protestas mediante hechos que muchas veces son aislados. Otro de los trucos es repetir la noticia durante varios días.

Se pierde la aceptación de la protesta como un medio legal y legítimo de hacer política contra los gobernantes. Se olvida el derecho a la libertad de manifestación, derecho fundamental. Se camina, más y más, hacia un intento de convertir al Estado en un Estado policial que solo puede terminar, si no lo remediamos, en un Estado policíaco. Los peligros no están solo en la radicalización de las derechas, incluso de las derechas parlamentarias. La izquierdas representan, estadísticamente, un peligro marginal.

Se acepta que la policía pueda actuar castigando a la población, cuando constitucionalmente el castigo, en una sociedad democrática, solo está en manos de los jueces.

Se olvida que los avances de la sociedad, para alcanzar incluso el poco bienestar que nos va quedando, se lograron gracias a las protestas, y que desde que empezó el proceso de domesticación social en el que estamos inmersos el bienestar ha ido retrocediendo.

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Comentarios (1)

Frank Hace 3 días
"Se pierde la aceptación de la protesta como un medio legal y legítimo de hacer política contra los gobernantes" Cuando van en contra del propio ciudadano, no son protestas, es salvajismo. Cuando el daño se produce a un tercero, inocente, es salvajismo. Cuando solo crees tener derechos, y no obligaciones (o sea, que otros te faciliten lo que quieres/necesitas, pero no cumplir con tu parte), es salvajismo. Y eso, actualmente, es la nueva izquierda: infantil, pidiendo todo y no dando nada (sin
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