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Si el Museo Flamenco de Andalucía se hace bien y se equipa con elementos exclusivos, puede ser esa palanca de Arquímedes que sirva para mover, al fin, el mundo de la reactivación del centro histórico. 

Desde luego no es la primera vez que escribo sobre la plaza Belén. Posiblemente tampoco sea la última, pero en esta ocasión considero que merece darle al asunto un toque y una visión distinta. Evidentemente, como casi todos, tengo mis motivos y razones para mostrar desconfianza ante todos los proyectos que se han presentado, pero prefiero guardármelos y enfocar la cuestión con un punto de vista positivo, como queriendo aportar un poco de buena energía que ayude a que al final todo pueda ser realizado.

Es cierto que las obras de urbanización de la plaza se han pospuesto en varias ocasiones durante los últimos meses, pero me quedan ya pocas dudas de que su comienzo no sea inminente, posiblemente se inicien en estos meses veraniegos que se avecinan. También es verdad que un parque no es ni la sombra de la Ciudad del Flamenco, pero algo hecho con gusto y concebido como un lugar de recreo y paseo no debería desentonar en absoluto. Además vienen muy bien esas zonas de juegos para niños, que en el centro histórico también hay niños y no tienen espacios de esparcimiento en la actualidad. Sí que coincido con otros articulistas que han puesto sobre la mesa la instalación de rejas que permitan cerrar la plaza durante la noche. No existe sólo el peligro de que se convierta en un botellódromo, sino también el propio vandalismo no asociado al consumo de alcohol puede hacer que una inversión de un millón y medio de euros se muestre descuidada y expoliada en pocos meses.

Quizá ese parque, solo, hubiera dado una imagen incompleta, pero con el proyecto del Museo Flamenco de Andalucía la cosa cambia y de qué manera. Creo que este museo sí se va a realizar por varios motivos, de los cuales sobresalen dos: que no se trata de un proyecto faraónico y con una inversión desmesurada y que su financiación se hará a cargo de los fondos de la Iniciativa Territorial Integrada, los famosos ITI, lo que obliga a tener que justificar el gasto en 2020 como muy tarde. No es la Ciudad del Flamenco, pero sí puede ser un museo muy atractivo sobre el arte más jerezano y que para colmo es Patrimonio Mundial Inmaterial de la Humanidad. Si se hace bien y se equipa con elementos exclusivos, puede ser esa palanca de Arquímedes que sirva para mover, al fin, el mundo de la reactivación del centro histórico. Además serviría para aumentar la seguridad de la zona y que esos especuladores que han dejado abandonados los alrededores de plaza Belén se decidan por fin a actuar y a rehabilitar. Un positivo efecto dominó no sería ninguna locura, aunque ya digo que todas estas consideraciones a priori hay que tomárselas con la mayor de las cautelas. Y no hay que olvidar que a la peña flamenca Buena Gente, uno de los grandes activos culturales revitalizadores de la zona en la actualidad, hay que proporcionarle una sede sin salir del barrio, ya que no se entiende a la peña sin el barrio y ya tampoco se concibe al barrio sin la peña. Quizá no sería descabellado que la peña tuviera su sede en el propio museo, como muestra del carácter vivo que tiene el flamenco en nuestra ciudad y de cómo las peñas trabajan por fomentarlo durante todo el año.

A lo mejor estoy siendo demasiado optimista en mis apreciaciones y tal vez éstas responden más a querer ver realizados unos anhelos que a un análisis serio de la realidad ralizado con la cabeza fría. Un residente siempre piensa que la situación algún día debería cambiar. Que sea positivo no quiere decir que sea crédulo, como todos, pero sí he de decir que quiero creer que esta vez va a ser la buena y me gustaría que todos colaborásemos con comentarios positivos al respecto, aunque lo que pensemos en realidad sea otra cosa, lo cual no sería derrotismo, ni mucho menos, tras años de promesas incumplidas y de proyectos hechos de humo y mentiras. Desde luego tampoco se trata de otorgar una confianza extrema y advirtiendo también que si estos proyectos fueran al final más humo y más mentiras, la reacción sería terrible y condenaría a cualquier político que viniese con alguna idea para la plaza a la más absoluta de las desconfianzas y críticas. Pero no pensemos en que ese será el desenlace. Vuelvo a repetir: intentemos ser positivos y mostrar cierto optimismo. Que sea el tiempo el que, como siempre, ponga a cada cual en su lugar. Y en este caso lo comprobaremos pronto, muy pronto.

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