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Hay mucho cabreo y no solo entre la clase política, también entre algún medio de comunicación de la ciudad. El circuito se ha convertido en una obsesión para algunos, lo poco vendible en una ciudad fracturada, lo que no quita para huir de las maneras cortijeras y guardar el protocolo de la mejor manera posible. Serlo y parecerlo. No es de recibo, por ejemplo, que a los consejeros que forman parte del consejo de administración de Cirjesa, la empresa pública que gestiona el trazado jerezano, o no les hayan llegado invitaciones o les hayan llegado invitaciones de protocolo para Pelouse, digamos el gallinero del circuito o esa zona de campo con las entradas más baratas.

Al parecer, la gerencia de Cirjesa se ha quedado atada de pies y manos ante las peticiones y según se comenta todos los pases VIP se han concentrado en Alcaldía-Presidencia para fiscalizar al milímetro a quién se invita y a quién no a la zona de Paddock y a las golosas mezzaninas. No se trata de que el político tenga determinados privilegios por el hecho de serlo, y ni mucho menos que no pueda e incluso deba acudir a un Gran Premio con la entrada más barata de todo el trazado. Ni mucho menos. El problema es que algunos piensen que todo el monte es orégano y hayan entrado en una dinámica en la que ya no importan ni las formas más elementales. Y pensar que queda un año para las municipales.

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