Un cuadro de John Singer Sargent.
Un cuadro de John Singer Sargent.

Una piedra jamás se enamorará de ti. Un trozo de madera tampoco. Nunca el agua.

En cambio... cuántos se enamoraron del mar, de los santos o de los pueblos.

"El sitio donde te hablé, ganas me dan de volverme y sentarme un ratito en él".

Y también se ama lo que nos amó, lo que nos falta o aquello vivo que nos hace sentir vivos... libres de las fuerzas gravitatorias que rigen la muerte. Y se ama porque es condición humana. Lo contrario es propio de los seres cuadriculados.

Y el que ama necesita desde siempre clamarlo al cielo aunque nadie ni nada preste atención ahí arriba. Si sirve de algo igual ocurre con los viejos mudos que se quedan hasta roncos de cantar en lo más oscuro de sus sueños sordos. Agua al sediento: creer que se ama es amar. Creer que se canta es cantar.

Y si se debe amar y cantar en silencio —tantas veces sucederá— lo haré, si me es necesario, tras las cortinas de humo de mis castillos en ruinas. Lo tengo muy claro desde aquel día en el que me hablé a los pies del monte de Olvera: “Soy como un cuarto sin techo, al que tó las penas le caen dentro”. Vida... trágame.

Y no hay amor si no paramos de amarnos a nosotros mismos. Los pedestales se idearon para los de piedra y mármol. Y no es amor si nos prohíben amarnos a nosotros mismos. Los agujeros se cavaron para las flores sin dotes de caminar y para los perdidos. “Mi marío me ha pegao, no le hecho de comé, papitas con bacalao”. Palabras bárbaras de machos cabríos en boca de la mujer silenciada. Qué jondura decían en los tabancos hace medio siglo cuando no pasa de ser una bulería de medio pelo. Pero qué le podíamos pedir al pueblo cuando el pueblo, hecho ovillo, no sabía amar a nada. Sólo gestaba héroes de barro y esparto al sencillo compás del tres.

Por el contrario, la seguiriya —el alma encapsulada en lo jondo— jamás se atreverá a hablar con estas mañas de bandolero. “Siente tú mi fatiga, siente tú mis penas. Que yo también voy a sentir las tuyas cuando tú las tengas”. Que sepan ustedes -juego a ponerlo en los labios del Planeta- no hay ná más moderno que el amor y el miedo.

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