Un jerezano en un banco de la Alameda Vieja. FOTO: MANU GARCÍA.
Un jerezano en un banco de la Alameda Vieja. FOTO: MANU GARCÍA.

Acabo de llegar y los ingleses, con Nelson al mando, han empezado a cañonear mi bicicleta desde la tela de un cuadro infestado de polillas. Malditos bastardos grita Churruca bajo las velas del Nepomuceno.

El olor a pólvora se mezcla con el de las papas fritas. Al abordaje grita el manchón azul cobalto..., sin saber que morirá por sus heridas y por su patria a los pies de una de las torres del alcázar.

¿Qué pensarán los oxidados Aurelio y Fernando VII de la guerra en su improvisado lecho de monedas de dudosa plata? Nunca lo sabremos. Al emperador lo detuvo el tiempo hace ya largos siglos. Fernando, como buen Borbón, no piensa nada.

Y a la muerte llamo, no quiere vení. Es el rugido jerezano por excelencia y está brotando entre unos vinilos setenteros que desprenden —al dueño parece no importarle— el característico olor que trae la lluvia y la oscuridad. Es pura historia a sólo tres euros. A quinientas de las antiguas pesetas.

Cuidaito con el bolso que aquí el que menos sabe te quita hasta el nombre va comentando el anciano a todos los guiris con los que se va tropezando. Con Franco no pasaba suspira. Él.., que se iba de los bares sin pagar.

Me detengo en un ramo de flores pintado a mano sobre el hierro de una farola. De Juanito pienso. Cuando se borren.., se acabó el pobre.

¿Sabes tú qué es la posteridad? Habla un premio nacional de literatura al entrevistador de radio. Posteridad es seguir emocionando una vez nos hayamos ido. Escribiendo, pintando, amando. Lo que sea que hagamos pero emocionar tiene que ser nuestro único objetivo en la vida. Emocionar para vivir y seguir viviendo una vez hayamos muerto.

Yugoslavia existe todavía como país entre las hojas de un viejo libro de 4º de EGB S.M quiere a C.A.M veo escrito con trazos de niño en la primera página. S.M, de alguna manera, seguirá queriendo a C.A.M aseguro.

Una bolsa repleta de pistoleros y de indios de plástico me recuerda que somos lo que elegimos ser. Vencedores o vencidos. A dos metros del séptimo regimiento de caballería saluda Pocoyó al mundo. No te preguntes nada parece decirme con su media sonrisa.

Curro..., ¿pá qué quieres un reló de arena? / ¿Pá qué va ser cojone? Pues pá ver pasá el tiempo.

Deberían estar prohibidos los payasos de acuarela que lloran. También las personas que hacen el mal gratuitamente y ciertas clases de perros de boca grande y miras cortas.

Ralentizan mis pasos un río de personas que serenos, sin prisas, vienen a contracorriente y lo hacen en uno de mis kilómetros ceros; uno de esos momentos cruciales que todos tenemos alguna vez que otra en la vida.

La diosa Ceres, sobre su pedestal, no tarda en reconocerme. le digo. Soy el de aquella partida de la piedra. Sí.., éramos ella, yo y otra persona que ahora, la verdad, no recuerdo. Se te veía muy feliz me habla. ¿Qué ha sido de ella?

¿De ella? me respondo. ¿Cuántas veces me lo habré preguntado?

A la Alameda Vieja de Jerez.

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