Un dibujo de personas migrantes.
Un dibujo de personas migrantes.

No contaré mi pasado. A nadie le interesa.

En cambio, sé que cuando pueda regresar a mi tierra, junto a mi familia, no harán otra cosa que sentarse alrededor de la mesa y pedir, una y otra vez, que narre los milagros que me han llevado alcanzar este país llamado Italia. Sólo contaros que cuando mis padres decidieron que sería yo el afortunado de intentar llegar a Europa ni yo ni ellos sabíamos lo arriesgado y difícil que podía llegar a ser. Después de tanto, hoy yo no sería capaz de enviar a un hijo a lo desconocido y Dios quiera que nunca me vea obligado a hacerlo.

Aparte de unos pocos francos ahorrados, el apellido que heredé de mi padre es Pogba pero no tengo nada que ver con el futbolista. Lo digo porque siempre me lo preguntan cuando entrego mi vida profesional. A veces, a fuerza de tanta pregunta, me obligan a soñar en cómo sería mi vida si fuera familiar suyo. Seguro que ahora me irían mejor los días.

Ahora se resumen a una taza de café y un poco de pan por las mañanas, que nos dan en la iglesia de San Pedro de Gessate, y a la entrega, mayoritariamente en bares, de mi experiencia laboral.

Que lo tiren a la basura en mi propia cara ya ni duele. Hace unas semanas no podía soportarlo. Recuerdo que una tarde, hablo de hace tres meses que ya me parecen media vida, no pude contenerme y en los cinco idiomas que tengo en mi garganta le solté a un dueño de un bar, cerca de la Porta Ticinese, todo lo que pensaba de él y de su sucio local.

Hoy me arrepiento. Me arrepiento porque no tuvo ni tiene la culpa. De hecho, muchos acabamos trabajando de espaldas al mundo al ser la solución más barata y rápida que encuentran. Dos euros la hora, como lavaplatos o pinche, en una ciudad donde lo único económico es respirar. Así vamos tirando de nuestras existencias.

El problema es que corre la idea entre nosotros, y lo que es peor entre los mismos dueños, de que el cliente no nos quiere.

En los barrios ricos, por lo que me han contado, siempre sucedió. Repudiaban que los negros como yo manipuláramos su comida o le sirviéramos el café. Pero ricos son la minoría.

Ahora lo más grave es que ya comienza a pasar en los barrios más pobres pero por otros motivos. Les hacen pensar que hemos venido a quitarles el trabajo y su futuro. Y no es así. No es así porque no quiero el futuro de nadie. No lo quiero. Sólo pretendo empujar dignamente de mi presente como harías tú en el caso de tener que hacerlo.

Me hace mal pensar en mis pobres padres. Ya dije que Dios quiera nunca tenga que mandar un hijo mío a lo desconocido.

Abubakar Pogba. Hoy.

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