Nosotros cuidamos

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, curso Antropología Social y Cultural por la UNED y el Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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Hoy, nosotros. Nosotros cuidamos, cocinamos y limpiamos... pero ¿sólo hoy? Hoy y siempre, por favor. El mundo se para si las mujeres paran. Y paran por muchas razones, como es la brecha salarial, la poca o nula presencia de mujeres en altos cargos tanto de la vida privada como de la vida pública y su invisibilización a lo largo de la historia. Paran, en definitiva, por la existencia de un sistema heteropatriarcal que les oprime y que afecta absolutamente a todas las facetas de la sociedad. Pero no soy yo quien tiene que explicarlo: son ellas. Su lucha es un ejemplo frente a las injusticias de una historia escrita —o narrada, mejor dicho, obviando el papel de la mujer— por los hombres. Es por ello que no debería ser noticia que hoy nosotros cuidamos. Porque comprender y percibir la vida desde un prisma de igualdad sería asimilar que el hombre puede cuidar, cocinar o limpiar, entre otras labores domésticas o de cuidados, todos los días del año.

Romper con los roles de género para caminar hacia una sociedad igualitaria. Un mundo en el que ser mujer no signifique cobrar menos por el mismo trabajo o tener más posibilidades de realizar un trabajo precario o temporal. Un mundo en el que por ser mujer no te maten o no te acosen verbal o físicamente. Un mundo en el que ser mujer no te impida acceder a cotas de mando tanto en las administraciones como en las empresas, pese a contar de media con un nivel de formación académica mayor. Un mundo en el que ser mujer sea un motivo de celebración también para todos los hombres, incluso para aquellos machitos que hoy echan espuma por la boca sin ni siquiera saber por qué lo hacen.

Un mundo de equidad en el que quepamos todas y todos, en el que esta huelga del 8 de marzo de 2018, Día de las Mujeres, no quede en el recuerdo y que, como aquel 8 de marzo de 1975 que secundaron casi todas las mujeres de Islandia, sirva de precedente para algo que no debería ser un sueño sino el despertar de una pesadilla. Una pesadilla heteropatriarcal y capitalista en la que, como dice la pensadora feminista italo-estadounidense Silvia Federici, la última frontera del capitalismo es el cuerpo de las mujeres. Rompamos las fronteras. ¡Facilita el paro y no consumas!

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