Última sesión de control en el Congreso. FOTO: CONGRESO
Última sesión de control en el Congreso. FOTO: CONGRESO

En una de las charlas telemáticas que he mantenido con mis amigos Mario y Miguel a razón de la actitud de algunos “representantes” políticos y que esta semana vimos en la sesión de control al Gobierno, convenimos que diga lo que se diga esas personas siempre dirán lo contrario, aunque la propuesta, si es que alguna vez hacen alguna, la hayan hecho ellos mismos. Su único plan es que España estalle. En esa línea, pudimos observar el desacuerdo abrupto de esos mismos “actores” públicos respecto de la forma de ir relajando el confinamiento (desescalada) mediante fases, según indican los expertos sanitarios, hasta llegar a lo que se viene llamando la nueva normalidad, que no se conseguirá de manera definitiva hasta que tengamos la vacuna.

Esas destemplanzas se han acompañado de tiñosas delaciones de responsabilidad en la finalidad de obtener ventaja política. Entendíamos, en todo caso, mis amigos Mario, Miguel y yo que el Gobierno sabrá establecer el mejor acuerdo con las Comunidades Autónomas para que ese tránsito a la nueva normalidad se haga atendiendo también a las necesidades y situación real de cada una de ellas, incluso con aquellas que dieron el tajo a la Sanidad Pública en las que gobiernan, con las consecuencias que conocemos. La salida del aislamiento constitucional al que nos ha obligado el bicho no puede ser igual para todas las Comunidades y dentro de estas no será lo mismo para unos territorios que para otros, llámense provincias, comarcas o áreas sanitarias. La única condición es no poner en peligro a las personas y que no podemos volver a la casilla de salida. Por tanto, no hay que correr ni trillando, lo que no impide el acuerdo. Sigamos. 

El plan de salvamento de España que proponen los susodichos histriones solo pasa si son estos los que gobiernan, para eso es imprescindible hacer fracasar el plan de reconstrucción nacional propuesto por el Gobierno que solo tiene una lógica de partida, que de esta crisis no se sale lo mismo que de la anterior provocada por la especulación financiera y que todavía estamos pagando (la banca no ha devuelto un guil). La diferencia ya es evidente, se han promulgado medidas sobre arrendamientos, moratorias hipotecarias, apoyo a los autónomos y pequeñas empresas (ERTE), prohibición de despidos, prestaciones por desempleo para aquellos que no alcanzaran la cotización mínima, etcétera, y, en mayo está previsto un ingreso vital a millones de familias, de lo que también se beneficiará el consumo y la economía real y productiva.

Por tanto, ese acuerdo de reconstrucción, en el que todos nos veamos representados y en el que solidariamente arrimemos el hombro, es de especial importancia para la población en general, que no entenderá a quien ponga palos en la rueda para frustrar un mínimo consenso para salir de esta en las mejores condiciones. 

El acuerdo debe tener traslado también en Andalucía y en las ciudades y municipios que la integran, debiéndose sentar las bases para desarrollar un modelo productivo que no sea solo dependiente de un solo sector, las burbujas, aunque sean turísticas, burbujas son. Habrá que caminar hacia el empleo estable, reforzando los servicios públicos, especialmente el sector sanitario, donde la precariedad contractual y salarial se ha convertido en norma habitual. Desarrollar una industria andaluza que nos haga no ser dependientes de todo, también agroalimentaria, que incluya una política redistributiva justa en contraposición a la cadena de capitalización que devora la economía agraria real. 

Andalucía está soportando unos efectos demoledores a razón de la crisis sanitaria. El daño que se asoma nos va a situar a los andaluces en el peor de los escenarios. La economía andaluza que depende básicamente del turismo va a recibir un duro varapalo, elevando la pobreza y la  vulnerabilidad que ya soporta una Andalucía con alto pasivo público, a lo que hay que añadir el costoso endeudamiento municipal que niega capacidad de reacción para atender a la población necesitada dada su deuda financiera y déficit acumulado, en algunos Ayuntamientos, persistente y en crecimiento. Es por ello necesario reconstruir Andalucía  con la participación de todos, caminando hacia un nuevo modelo de Comunidad Autónoma que fomente y apoye los servicios públicos, reorientando el sector turístico, apoyando al tejido productivo que añada valor económico y social y sumarlo al respeto y conservación de la naturaleza y al medio ambiente. Esto para Andalucía no solo es una cuestión de supervivencia, es de articulación y cohesión territorial, para ello habrá optimizar la  gestión de los recursos públicos. En definitiva, un Pacto por Andalucía.

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