El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, con el portavoz de Vox, Alejandro Hernández, en una imagen de archivo.
El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, con el portavoz de Vox, Alejandro Hernández, en una imagen de archivo.

Hoy he dormido poco, casi nada, aún sigo dándole vueltas a la escena esperpéntica que vivimos ayer y en las consecuencias que tendrá en los próximos días y meses. Esta es una legislatura atípica, desde el primer día las salidas de tono han sido permanentes, en cada sesión y en todas las direcciones, en mi grupo, después de muchos años de gobierno, nos hemos sentido muchas veces como un saco de boxeo, todos los golpes llegaban a nosotros y nosotras.

Hemos intentado encararlos como hemos podido: "Ladrones, puteros, cocainómanos", son los términos que oímos un dia sí y otro también. Gente a la que queremos, todos los días por el suelo y el fango: Chaves, Griñán, Ávila, Recio, Gaspar, Carmen, y un sinfín de personas que, con sus luces y sus sombras, solo buscaron ayudar y servir. También cometimos errores, también se confió en personas que no debimos, también se buscó la solución rápida o el aplauso fácil, los aduladores son los peores compañeros para quienes estamos en este raro mundo de la política. Pero tras los primeros meses de noqueo responsable, también sacamos nuestro orgullo, también sabemos perdonarnos a nosotros mismos y empezamos a hacer una oposición responsable pero firme, sin complejos.

Ayer en ese ejercicio, Susana Díaz le dijo al presidente Moreno Bonilla que se había abrazado a los herederos del franquismo. Pudo haber sido aún más dura, teniendo en cuenta que los ministros de Franco crearon Alianza Popular, podría haber dicho que las tres derechas son tres cabezas con un mismo cuerpo, con el mismo ADN y la misma historia, pero fue más generosa, separó a la derecha democrática (a pesar de sus orígenes) de la extrema derecha y le afeó esa unión de intereses que se llaman escaños verdes a través de documentos de medidas que para apoyar un presupuesto, o con esa coartada, ponen a caldo la igualdad, la cooperación internacional, a los menores extranjeros, a los gays, o lo que les dé la gana.

Porque lo importante no es el dinero del presupuesto, sino las víctimas a las que marcan para ir al matadero. Ayer vimos cómo se comporta la derecha, la de toda la vida, la que manda callar y la que dice quién tiene voz y quién no, la que no admite que una mujer le diga lo que son. El toque de machismo algunos no lo ven, yo lo tengo claro como el agua, se nota en el desdén en las miradas, en cómo nos tratan, con superioridad moral, de quien piensa que la democracia ha traído a toda esta chusma a compartir “lo que es nuestro por nacimiento”, mujeres, gays, extranjeros, gitanos, gente de abajo, de la que servía en mi casa cuando era pequeño y llevaba pantalón corto.

Ahora una mujer socialista les recuerda lo que son, y no les gusta, y otra mujer no les da la palabra, pero ¿quién se ha creído que es? ¿Presidenta del Parlamento? Donde la hemos puesto nosotros y donde la quito cuando me salga a mí de los cojones, eso pensó ayer Alejandro Hernández. Pero cómo no se ha enterado esa que tiene que hacer lo que yo diga. Ayer oímos muchas cosas en el Parlamento, lo que quedó grabado y lo que gritaba sin micro. Ayer vimos también algo aún peor. Oímos el silencio de los corderos, el silencio de Bonilla y Marín, nadie dijo nada. No despertemos al monstruo, pero el monstruo está aquí bien despierto, le dais de comer para que esté feliz, pero nunca come suficiente.

Un monstruo vino a vernos un dos de diciembre de hace dos años. Hoy 20 de noviembre murió Franco, pero es más fácil enterrar a un hombre que a sus ideas. Hoy el espíritu del dictador recorre los pasillos del Hospital de las Cinco LLagas, hoy la larga estela de los que dicen no tener ideología, nos lo dejan claro. Aquí mandó yo y ustedes a callar. Y Punto. Esta vez esta ideología, que ha salido de la caja de Pandora, que creíamos cerrada, ha vuelto y no podemos permanecer callados. Alzar la voz es nuestra única manera de defender la democracia. Y si alguien sabe bien qué significa no tener voz, somos las mujeres. Buen viernes y a recuperar la alegría. Nos lo hemos ganado, nos lo merecemos.

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