Un fotograma de 'Mientras dure la guerra'.
Un fotograma de 'Mientras dure la guerra'.

Este miércoles, en un seminario realizado en la Universidad de Sevilla sobre Análisis Histórico de la Política de Competencia, el ponente ironizaba: “Ahora que todo el mundo habla sobre Franco, nosotros no vamos a ser menos”. La resolución del Tribunal Supremo que da vía libre a la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco ha revivido el debate que había quedado en suspenso desde la paralización judicial de esta iniciativa. Vuelven las discusiones sobre si exhumar o no, pero con la excepción de que esta vez la coincidencia de distintos acontecimientos y algunas declaraciones de representantes políticos han generado una situación que roza el absurdo, la falta de sensibilidad y el mal gusto.

El estreno de la última película de Alejandro Amenábar, Mientras dure la guerra, que muestra los últimos meses de la vida del escritor Miguel de Unamuno y el alzamiento del bando sublevado desde el 18 de julio de 1936, ha sido de lo más oportuno. Para desmontar los pensamientos más conspiranoicos, hay que puntualizar que la grabación de este largometraje empezó incluso un par de días antes de la moción de censura a Mariano Rajoy. Por lo tanto, la realización de esta película no está motivada por las iniciativas del PSOE sobre la exhumación del dictador. Y menos aún si tenemos en cuenta el tiempo de escribir el guion y el resto de los preparativos. La irrupción de militantes de España 2000, partido fascista, en las salas de varios cines llegó hasta los noticiarios nacionales. Destaca el caso de Valencia con la pancarta rojigualda, que hace patente la existencia y la exaltación de muchos nostálgicos del Régimen franquista. Como no, si deben fastidiar a toda una sala llena, que sea en el día del espectador. Que si les expulsan de la sala por lo menos les sale más barato.

Más preocupante es la Asamblea de Madrid, concretando, las meteduras de pata de Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado al intentar oponerse a la exhumación. Lo de que fuera retórica no parece una excusa creíble, siendo más verosímil que intentasen contentar a sus socios de extrema derecha, que tampoco se quedan atrás contando milongas. Las declaraciones de Ortega Smith sobre las trece rosas son solo la punta del iceberg de como la formación neofascista está dispuesta a tergiversar la verdad a favor de sus intereses. Todavía me queda en Facebook algún viejo amigo que sube propaganda de Vox. Es curioso que siempre lo más fuerte carece del símbolo del partido, como la lista de méritos falsos de Franco. Pero lo más irónico es siempre la frase estrella del final, “Que no te engañen”, como si fuera un sello que otorgue validez a tales patrañas.

Si hay que hacer un paralelismo con la película de Amenábar, al igual que Franco iba a ser Jefe de Estado mientras que dure la guerra, los neofascistas estarán ahí dando por saco hasta que dure la exhumación. Cuando termine ya este sufrimiento puede que se calmen un poco, pero van a seguir dando la tabarra durante tanto tiempo que va a parecer que estén pasando cuarenta años. Con la cobertura que les ofrecen los medios de comunicación va a haber dolor de cabeza para rato. ¿Qué pinta Santiago Abascal en El Hormiguero este jueves? ¿Va a montar a caballo por el plató o algo similar? ¿En qué momento pensó Atresmedia que este hombre es divertido?

La tolerancia con los neofascistas en nuestro país es increíble. La manifestación que hay convocada frente a la sede del PSOE en Ferraz también para este jueves, en otros países europeos, sería sencillamente ilegal. Tanto tiempo de dictadura nos ha afectado demasiado en este sentido. Mientras que en otros países la derecha liberal y la conservadora son claramente antifascistas, en España el concepto de derecha antifascista parece que no existe. En una entrevista de El País al exministro Cristóbal Montoro, este reconoció la existencia de nostálgicos del régimen dentro del PP. Sin embargo, quizás el electorado liberal sí valore negativamente los pactos con la extrema derecha. Puede que a Albert Rivera ignorar el consejo de Manuel Vals sobre no pactar con Vox le salga caro.

Al igual que muchas segundas partes son insufribles, esta secuela de la exhumación se me está haciendo muy larga. No veo el momento de que llegue el día 11 para que el consejo de ministros se pronuncie. No hay comparación entre ahora y cuando salía por la tele aquel falangista llorando en el Valle de los Caídos mientras lo entrevistaban, que por cierto lo incluyeron hasta en el Pokémon Iberia. Espero que, de una vez, se cumpla el dicho de que el tiempo pone todas las cosas en su sitio, lo cual en mi opinión incluye a los genocidas y sus seguidores.

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