Hay momentos en los que la vida te pone realmente a prueba, y hay momentos, en los que la vida te pone a prueba una y otra vez, y este año, creo que para mí, ha sido uno de esos, de los de una y otra vez, y al final, después de reflexionarlo, gracias también a una conferencia que he escuchado recientemente, de lo que me he dado cuenta es que hay que ser realmente genuinos y aceptar y dejar ver nuestra propia vulnerabilidad. Me he dado cuenta también que si estamos aquí, es por las conexiones humanas. Es lo que da sentido a nuestras vidas. Esa necesidad de sentirnos conectados a los demás, forma parte de la programación de nuestro cerebro. Estamos hechos así, no lo podemos evitar. Somos seres sociales.

Todos queremos sentirnos conectados y hay quien siente vergüenza por tener miedo a quedarse fuera, a quedarse solo. Se tiene miedo de lo que pensarán los demás, de creer que no pueden ser dignos de esa conexión. Este sentimiento no es sólo de unos pocos. Esa vergüenza es universal, todos la sentimos. Todos conocemos ese miedo de no estar a la altura, de no ser suficientemente buenos. Las únicas personas que no sienten vergüenza son incapaces de sentir empatía o conexiones humanas. Definitivamente, todo esto nos hace ver que vivimos en un mundo vulnerable y esto es algo casi insoportable para ciertas personas. El único antídoto posible que hay, para que realmente exista conexión a todos los niveles y en todos los ámbitos de nuestra vida, es simplemente dejarnos ver, así como somos, que nos vean de verdad, y vivir y tomar nuestras propias decisiones, respetando siempre nuestro sentido de dignidad.

Gracias al sentido de dignidad, se puede llegar a tener un sentido fuerte de amor y pertenencia. Alguien que tenga un fuerte sentido de amor y pertenencia, siempre será digno de amor y pertenencia. Porque podrá darse cuenta de que el esfuerzo vale realmente la pena. Lo único que nos puede mantener desconectados de los demás es nuestro miedo a no ser dignos de conexión. Hay que intentar ser siempre personas genuinas. Vivir con entusiasmo y sinceridad, y vivir siempre desde un sentido profundo de dignidad. Hay que vivir y decidir desde el verdadero coraje, que tiene una connotación distinta a la valentía, porque como su prefijo indica, el coraje, viene directamente del corazón -originalmente significaba explicar la historia de quién eres con todo tu corazón-. Hay que tener el coraje de ser sencillamente imperfectos, tener compasión para ser amables con nosotros mismos primero, y luego con otros, ya que no podemos tener compasión de otros si no podemos tratarnos a nosotros mismos con amabilidad. Y lo más importante, y también, lo más difícil, es llegar a tener contacto con los demás gracias sobre todo a la autenticidad.

Aceptar completamente la vulnerabilidad, es ser realmente Tú mismo. La vulnerabilidad no tiene por qué ser algo malo o doloroso. La vulnerabilidad es necesaria. Es lo que nos hace ser más humanos y más verdaderos. Hay que tener voluntad para ser el primero en decir "te amo", voluntad de arriesgar y hacer algo donde no había garantías, solamente por el simple hecho de creer y confiar. La disposición de respirar calmadamente mientras se espera al médico para un diagnóstico después de una prueba. La voluntad y el valor de invertir en una relación que puede o no salir bien. 

Todo ello es fundamental porque el vivir, conlleva vulnerabilidad. Hay que intentar dejar de controlar y predecir tanto, vivir más en lo desconocido, dejar ir las certezas. La vulnerabilidad es donde se aúnan la vergüenza y el miedo, y nuestra lucha por la dignidad. Pero también es donde nace la alegría, la creatividad, la pertenencia, el amor. Vivimos en un mundo vulnerable y la mayoría de la gente se enfrenta a ello tratando de insensibilizar la vulnerabilidad, pero no se puede insensibilizar selectivamente una emoción. No puedes decir, "aquí está todo lo malo: la vulnerabilidad, la pena, la vergüenza, el miedo, la decepción y no quiero sentir esto, y por eso, renuncio y me voy a tomar unas cervezas, porque no quiero sentirlo”. No se puede ser selectivos en este sentido: Esto me gusta y me lo quedo y esto no, porque me hace daño. No se pueden insensibilizar los malos sentimientos sin insensibilizar otros afectos. No se puede insensibilizar lo malo sin anular la alegría, sin insensibilizar la belleza, porque de esta manera, se insensibilizan también la gratitud y la felicidad. 

Las corazas son corazas tanto para las emociones buenas como para las malas. Y luego nos sentimos de nuevo muy mal, y vamos buscando finalidad y sentido a nuestras vidas, y nos volvemos a sentir vulnerables y nos tomamos otro par de cervezas más para evitar seguir pensando en ello. Y todo esto se convierte en un círculo vicioso... y peligroso. Tenemos que dejarnos ver, que nos vean sencillamente vulnerables. Esa ha sido mi decisión. Hay que arriesgar y amar con todo el corazón aunque no haya garantías. Y esto puede ser muy difícil. Extremadamente difícil. Pero mejor decir siempre que te arrepentiste, a pasar el resto de tu vida preguntándote por qué no lo hiciste, por qué no diste ese paso, por qué no dijiste esa palabra…

Es clave practicar la gratitud y la serenidad en esos momentos de terror cuando nos preguntamos: "¿Puedo amarte tanto?, ¿Puedo creer realmente en esto? Si tomo esta decisión, ¿qué es lo que me deparará el futuro? ¿Puedo enfadarme tanto por esto?…" Es nuestra decisión el detenernos, y en lugar de ser catastróficos, decir simplemente que estás agradecido porque estás vivo, porque sentirse vulnerable significa estar vivo. Y sobre todo lo más importante es creer que somos autosuficientes. Porque cuando funcionamos desde la perspectiva del "Yo soy autosuficiente" entonces es cuando dejamos de gritar y protestar, y empezamos a escuchar. Somos más conscientes, más amables con las personas que nos rodean, y más amables y considerados con nosotros mismos. Vivo conscientemente mi vulnerabilidad porque soy sencillamente humana y sufro como todos, pero he decidido elegir y elijo ser auténtica y genuina con todas las consecuencias, y tener coraje porque quiero ser Yo misma hasta el día en el que ya no esté por aquí.

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