Héroes sin capa, ahora y siempre.
Héroes sin capa, ahora y siempre.

Sí, mi pareja es enfermera, una de esas profesionales a las que ahora llaman héroes sin capa y les dedican todos los días, a las 20:00 horas, un aplauso desde el balcón. Es curioso, les aplauden hasta los que votaron en su día a partidos que recortaron todo lo que pudieron en la sanidad pública. Pero no es mi intención escribir esto como un reproche, ni mucho menos, escribo solamente para homenajear a esas personas que trabajan en la sanidad pública y que siempre, no sólo ahora, han sido héroes y heroínas sin capa: administrativas, celadores, personal de limpieza, auxiliares, enfermeras, doctoras, etcétera.

Sí, mi pareja es enfermera, y madre, y cuando vuelve del hospital, de batirse el cobre 12 horas contra el coronavirus, le tengo preparadas dos bolsas para que meta los zapatos y la mochila. Imagínense lo que es llegar a casa y no poderle dar un abrazo ni un beso a su hijo de cuatro años hasta que no se duche y desinfecte concienzudamente. Imagínense el agobio y el estrés que significa pensar que pudiera contagiarnos, a nosotros, su familia.

Sí, mi pareja es enfermera, y muchas noches la he oído llorar en la cama, porque ahora duerme sola como medida de prevención. El miedo, la ansiedad, la incertidumbre por esta situación y el desvelo por esas personas enfermas (mayores y no tan mayores) que son ingresadas y que lo están pasando tan mal, hace, evidentemente, mella en ella y en sus compañeras de profesión.

Estoy escribiendo este pequeño artículo y el reloj marca ahora mismo las 04:15 de la madrugada. El desasosiego y la preocupación de los familiares del personal sanitario, a veces, no nos deja dormir, porque España lidera tristemente el número de sanitarios contagiados por coronavirus, que asciende ya a casi 10.000 casos. Uno de los motivos de que esto sea así es la falta de equipos de protección individual (EPI) para hacer frente al virus. Las propias enfermeras han tenido que fabricarse sus “EPIs” con bolsas de basura y mascarillas hechas por voluntarios.

En fin, sólo pido que, cuando pase (y pasará) esta crisis del maldito coronavirus, la gente recuerde que la que estuvo en primera línea de fuego fue la sanidad pública, que no olviden el trabajo de las enfermeras y de los demás profesiones de la salud y sigan considerándolas entonces héroes sin capa, que continúen aplaudiendo su labor y no las critiquen cuando se manifiesten en defensa de sus derechos o cuando luchen contra los recortes aplicados por los políticos de turno. Acuérdense también de la magnífica labor que están realizando los trabajadores de los supermercados, los transportistas, el personal de limpieza, el servicio de veterinaria, municipales, etcétera. Acuérdense de esas personas cuando todo esto pase.

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