Pablo Casado, líder del PP.
Pablo Casado, líder del PP.

El franquismo tuvo más de 40 años para tergiversar, para inventar la historia, un relato donde la República aparecía como un Gobierno sin ley y la culpable de la intervención militar para salvar España, todo golpista se alza invocando la salvación de la patria, para modificar la biografía de los dirigentes republicanos, como el caso de Azaña, Largo Caballero o Grimáu, para que fuesen gentes funestas. 40 años para ocultar o justificar los asesinatos, la represión.

La confabulación judeo-masónica, la República hacia la alianza con la URSS, fueron falsedades fácilmente desmontables. Pero nunca hablaron que ellos, los golpistas, se habían echado en brazos de Mussolini o de Hitler, a los que les debía el triunfo en la guerra; por fortuna perdieron la contienda y no pudieron pasar la factura, aunque a Italia se le estuvo pagando sumas cuantiosas hasta los años 50.

Ese relato fraudulento ha germinado en muchas mentes, en unas porque no tienen capacidad crítica ni conocimiento para distinguir la verdad de la mentira y se dejan guiar por la narración oficial; pero otras mentes continúan alimentando ese relato, incluso inventando algunos nuevos, porque ellos son ideológicamente herederos del franquismo. Soportan de mala gana esta democracia porque al menos España es una monarquía, parlamentaria, pero monarquía. En el fondo radica la idea de que un Estado solo lo puede regir quien Dios a designado para ello, o sea, un rey. Hablarles de República es mencionarle a la bicha, y no por la experiencia de la República, sino porque España tiene que ser católica y monárquica para ser España.

El golpe de Estado del 36 se fue gestando desde el mismo día 14 de abril de 1931, muchos escritores como Ángel Viñas o José García Rodríguez ya lo han demostrado. Porque, hiciera lo que hiciera, la República tenía sus días contados, había que reponer a Alfonso XIII en el Gobierno. Esa fue la guerra civil, reponer al rey; lo que no contaban es que Franco no quisiera dejar pasar a la monarquía hasta después de su muerte, como así ha sucedido. Por ello se puede decir que el golpe militar ha triunfado, aunque fuese 40 años después.

Hasta 1936, un ejército triunfador imponía su ley y sometía a los vencidos; ahí se acababa la contienda. Pero todo cambió y los vencedores quisieron, no solo ganar, sino exterminar a todos los derrotados con una represión feroz. Entonces viene la falacia de que en los dos bandos se hicieron atrocidades; no fue así, a nadie se le escapa que durante la guerra se cometieron actos deleznables, un bando mucho mas que el otro. Por un lado, fruto de desmanes de algunos y reprimido por el Estado, por el otro, alentado y protagonizado por el Gobierno. Aun así, la represión posterior no podía estar justificada, hasta a ella le han buscado el silencio o la mentira.

En democracia ha aparecido una saga de historiadores, más bien seudo-historiadores, que intentan continuar con la mentira, con la justificación de unos hechos que no se pueden justificar. Inventando falsedades y alimentando la confusión. Que Camuñas diga la falacia de que no hubo golpe de Estado solo demuestra la catadura de persona que es y su posicionamiento. Pero que un señor como Pablo Casado, que aspira a ser presidente del Gobierno, se haga eco de esas falsedades y llegue a decir que la Republica era "una democracia sin ley y la Dictadura una ley sin democracia» o, la perla mejor conseguida, «que en la guerra civil no hubo ni vencedores no vencidos", merece la respuesta de todos los demócratas y su renuncia a ostentar ningún cargo público.

Sí, señor Casado, en la Guerra Civil hubo unos vencedores, muy vencedores, y unos vencidos, cruelmente vencidos con más de 200.000 asesinados durante la represión, con millones de represaliados y depurados, con miles de exiliados. O usted no sabe de historia o su ideología le hace decir mentiras y, decir una mentira a sabiendas de que lo es, es de irónicos.

Dice que va a cambiar la ley de la Memoria por una de la Reconciliación. Qué reconciliación puede haber mientras miles de cadáveres continúan desaparecidos en fosas comunes, que reconciliación puede existir si todavía ningún gobierno democrático a condenado el golpe de Estado, que reconciliación quiere si todavía no se ha repuesto el honor de las víctimas.

Lo que necesitamos es que historiadores independientes estudien y digan qué paso en las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado en España, sin complejos ni prejuicios. Necesitamos encontrar a tantas víctimas y cerrar el ritual del duelo, necesitamos reponer el nombre de tantas personas que lucharon por la libertad. Fíjese que no digo señalar a los verdugos, no se preocupe. Una vez que se consiga esto, podremos pensar en una reconciliación.

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